Lunes 26 de Septiembre de 2011
Un hombre fue contratado para cometer un crimen. Cobró mi dólares por la tarea pero nunca llegó a concretarla porque la conocía a la víctima desde la infancia. Para quedarse con el dinero y no tener que cometer el asesinato montó una escena macabra. La autora intelectual del crimen descubrió el engaño por casualidad. La notica dio la vuelta al planeta a través de internet.
Esta historia ocurrió en la localidad de Pindobaçu, a 400 kilómetros de la ciudad brasileña de Salvador, y contiene ribetes insólitos que generaron una fuerte repercusión en la prensa. Los protagonistas son cuatro: una mujer despechada, una amante, un sicario y un frasco de ketchup.
María Nilza Simoes sospechaba que su esposo la engañaba con Erenildes Aguiar Araújo, alias “Lupita”, y la mandó a matar. Para lograr su objetivo le pagó mi dólares al sicario Carlos Roberto de Jesús. Luego de tomar el dinero, este hombre se dio cuenta que conocía a “Lupita” desde su infancia. Entonces, decidió no ejecutarla.
De Jesús y “Lupita” montaron una escena macabra para engañar a Simoes. La mujer se acostó en el suelo boca arriba, el sicario la embadurnó en ketchu para fingir la sangre y le colocó un machete. Tomaron fotografías para demostrar que el trabajo se había realizado.
La sorpresa de Simoes llegó cuando, poco después de haber recibido la foto del supuesto cadáver, vio a la víctima con su verdugo. Al hacer la denuncia porque había sido estafada por el sicario (que le “robó” los mil dólares) ambos fueron detenidos.