El argentino que denunció a otro argentino por racismo en Brasil: "En mi país también sufrimos discriminación y hay que reaccionar"

La escena ocurrió en un supermercado de Copacabana y terminó con un argentino de 67 años preso por injuria racial. La denuncia fue hecha por otro compatriota, que explicó que intervino porque también sufrió discriminación y no quiso dejar pasar el insulto.

16:05 hs - Miércoles 22 de Abril de 2026

La detención de un argentino de 67 años en Río de Janeiro por insultar de manera racista a una mujer brasileña en la cola de un supermercado sumó un protagonista inesperado: otro argentino que presenció la escena, llamó a la Guardia Municipal para denunciar el hecho y explicó públicamente por qué decidió no mirar para otro lado. Dijo que primero pensó que era una simple discusión, pero cambió de actitud cuando escuchó el agravio discriminatorio. “Soy mestizo y en la Argentina también sufrimos racismo”, sostuvo al argumentar su intervención..

El hecho ocurrió este lunes a primera hora en un supermercado de la zona de Copacabana, uno de los sectores más turísticos y exclusivos de Río. Allí, José Luis Haile, un argentino de 67 años que vive en Brasil desde hace un par de años, fue arrestado luego de insultar a una clienta brasileña que estaba delante suyo en la cola de la caja. Según reconstruyó la prensa local, en medio de una discusión la llamó “negra puta”, una expresión que en Brasil encuadra como injuria racial y puede derivar en pena de prisión.

Pero además de la denuncia de la víctima, hubo un testigo clave: otro argentino que observó la escena y resolvió llamar a las autoridades policiales. Su intervención fue determinante para que el episodio no quedara reducido a una pelea verbal más dentro del supermercado.

“Al principio pensé que era una tontería”, relató el hombre al diario O Globo. Sin embargo, dijo que cambió de actitud cuando advirtió el tenor de lo que estaba ocurriendo. “Pero al ver que el tipo racista la mandó callar y la insultó vi que era serio. Decidí intervenir”, sostuvo.

Su explicación fue más allá de lo que vio en el momento. También habló desde una experiencia personal. “Soy mestizo y allí, en la Argentina, también sufrimos racismo. Pero allí no hay ley que lo castigue”, afirmó. Y enseguida dejó en claro por qué resolvió no mirar para otro lado: “Desgraciadamente, aún existe este tipo de gente, pero tenemos que reaccionar con mano firme. Si no esto no acaba”.

La víctima del episodio fue identificada como Samara de Lima, una mujer brasileña que trabaja haciendo compras para terceros a través de una aplicación. De acuerdo con su relato, la discusión comenzó cuando el ahora detenido empezó a quejarse por la demora de la cajera en comenzar a cobrar. En ese contexto, él la mandó callar y eso encendió el cruce.

Samara contó luego que lo llamó “cobarde” porque, según dijo, el insulto racista fue pronunciado casi en voz baja, como al pasar, pero con total claridad. También aseguró que se sintió “muy nerviosa y enfadada” y cuestionó la actitud del personal del supermercado, al considerar que no reaccionó con la firmeza necesaria ante lo que estaba sucediendo.

La presencia del otro argentino, sin embargo, alteró el curso de la escena. Su decisión de involucrarse fue leída en Brasil como un gesto de contraste dentro de un contexto delicado, en momentos en que el país vecino todavía sigue con atención otros episodios recientes protagonizados por ciudadanos argentinos.

El antecedente: el caso Agostina Páez

El caso remite inevitablemente a lo ocurrido en enero con Agostina Páez, una turista argentina que insultó a tres mozos e imitó gestos de mono en un bar tras discutir por una cuenta. La secuencia se viralizó, provocó una fuerte repercusión en Brasil y también en Argentina, y terminó con la mujer detenida. Pasó dos meses con arresto domiciliario y tobillera electrónica. Más tarde, tras el juicio y el pago de una caución de 20 mil dólares, fue autorizada a volver al país.

Ese expediente no solo mantuvo alta la sensibilidad social en Brasil frente a este tipo de agresiones, sino que además amplificó el impacto del nuevo caso. Más todavía porque, pocos días después del regreso de Páez a Argentina, su padre fue filmado repitiendo en un bar los mismos gestos racistas que habían indignado a Brasil.

La legislación brasileña considera los insultos racistas un delito penal. En 2025, el país registró unas 8.500 denuncias por expresiones de ese tipo. La cuestión ocupa además un lugar sensible en la discusión pública de un país que abolió la esclavitud en 1888, más tarde que cualquier otra nación de América, y cuya población tiene una composición étnica profundamente diversa.