Miércoles 30 de Abril de 2008
La policía austríaca tiene pruebas concluyentes que inculpan sin duda al ingeniero eléctrico austríaco Josef Fritzl de los crímenes cometidos en el sótano de su casa durante 24 años, según publicó el diario español El Mundo en su edición digital.
Las pruebas de ADN realizadas a los seis hijos nacidos en el sótano de su hija Elisabeth, secuestrada en su propia casa durante más de dos décadas, confirman su paternidad. Hubo un séptimo hijo, gemelo de otro, que murió a los pocos días y habría sido incinerado por su padre en su casa. Elisabeth Fritzl confirmó que dio a luz gemelos y que uno de ellos murió.
Según informó la policía, se descarta que en la vida de Josef Fritzl, de 73 años, hubiera otros escondites secretos similares al que había construido en el sótano de su casa. El acusado es propietario de cinco inmuebles que adquirió a lo largo de los años gracias a un crédito de 2,2 millones de euros concedido por el banco Landeshypo.
Tampoco queda duda de su papel en la que los austríacos ya denominan casa del terror: "Tenemos evidencias concluyentes de las acciones cometidas por Fritz a partir de las investigaciones policiales y su propia declaración", dijo Franz Prucher, director de la policía local.
"Estamos intentado resumir cómo fue la vida en estos 24 años, cómo nacieron los niños y si hubo asistentes a los partos, algo muy importante para saber la gravedad de estos crímenes", advirtió.
La mujer sería inocente. Sobre la posible complicidad de su mujer con lo que ocurría, la policía afirma que no hay ningún indicio en este sentido.
El carcelero se encuentra bajo custodia judicial y no hizo ninguna declaración ante el juez.
"Engañó a todos", señaló la policía sobre los 24 años transcurridos desde el comienzo del delito sin que su mujer, sus hijos oficiales ni la policía supieran nada.
La ignorancia de las autoridades ha suscitado críticas. Tuvieron que aceptar la desaparición de Elisabeth y la adopción por el criminal de tres de los hijos de ambos, nacidos en el sótano. En todos los casos Josef siguió el mismo patrón: presentó unas cartas de su hija —madre de los pequeños— en la que anunciaba su abandono, y pedía su custodia. La policía no descubrió nada.
Sobre las especulaciones que ha desatado un viaje de Josef a Tailandia, la policía descarta que hubiera un cómplice. En el sótano había una heladera y podía guardar suficiente comida.
"La protección de estos niños es nuestra máxima prioridad", dijo uno de los médicos del hospital de Amstetten, que atiende a las víctimas de Josef Fritzl.
"Los chicos están bien. Hay un equipo haciéndoles pruebas, con neurólogos, enfermeras, psicólogos, logopedas. Una cosa importante es no presionarlos demasiado", señaló.
"Es asombroso cómo los chicos se apoyaban entre ellos", señaló uno de los portavoces del hospital, que también se declaró sorprendido por el reecuentro que tuvieron la hija, Elisabeth, y su madre tras 24 años. l