Dubai, la vertiginosa ciudad árabe donde los nativos son minoría
En un frecuentado restaurante de la ciudad de Dubai, capital de los Emiratos Arabes Unidos, las botellas de cava Magnum en el Bar 44 están bien frescas, los cigarros de los parroquianos varones son casi más gruesos que los tacones de las visitantes femeninas.

Domingo 03 de Agosto de 2008

En un frecuentado restaurante de la ciudad de Dubai, capital de los Emiratos Arabes Unidos, las botellas de cava Magnum en el Bar 44 están bien frescas, los cigarros de los parroquianos varones son casi más gruesos que los tacones de las visitantes femeninas. En un sofá blanco está sentado un joven árabe del Golfo con una melena espesa y rizada y una barba de tres días con dos amigas, mientras en la barra un agente inmobiliario británico disfruta su Bloody Mary. El hombre de negocios de Londres mira desde el piso 44, con los pensamientos perdidos, hacia la isla artificial en forma de palmera, donde las luces de las farolas iluminan las casas. Está cansado tras un día pleno de trabajo.

Dubai es para la gente que trabaja allí una ciudad agotadora. Sólo los veraneantes encuentran descanso en los restaurantes de ambiente fino, en los masajes tailandeses o en los todoterrenos con aire acondicionado que se deslizan por las dunas. Dubai, la ciudad de los superlativos, más alto, más rápido, más lujoso, más loco. En los últimos años los rascacielos nacieron como setas. El edificio más alto del mundo, el Burj Dubai, se encuentra allí.

Albert Momdjian, que trabaja en un banco de inversiones, adora la velocidad de esta ciudad. De origen libanés, vivió antes en París y Londres. Lo que más valora de Dubai es "que no hay política, los impuestos son bajos, hay seguridad y todo tipo de energía". Aquí el lema es "piensa en grandes medidas, tú lo puedes conseguir", comenta mientras disfruta de un zumo de fresa en el bar de un hotel de cinco estrellas.

En Dubai, donde un 90 por ciento son extranjeros, un dentista sueco vive al lado de un cirujano plástico estadounidense, quien da trabajo a una mujer de la limpieza filipina y a un jardinero de Pakistán. Los nativos con sus ropas tradicionales son sólo motas blancas y negras que destacan en una ciudad multicolor.

Un banquero árabe comenta entusiasmado: "Mi esposa francesa comió ayer en la piscina mientras disfrutaba de una película y le servían carne a la parrilla y fumaba una pipa de agua. ¿En qué parte del mundo existe algo así?".

Los empresarios extranjeros que viven en Dubai no tienen que preocuparse para nada de los alquileres exorbitantes porque las empresas se hacen cargo de ellos. El personal doméstico es, en comparación con Europa, muy barato. Todas las esposas pueden permitirse una ayuda. Los niños pasan mucho tiempo en la piscina y en los centros comerciales, donde aprenden a esquiar. Incluso en verano, cuando las temperaturas alcanzan los 45 grados a la sombra, la pista artificial del Mall of the Emirates está muy concurrida.

"Las mujeres pasan gran parte del día haciendo compras", comenta un jordano de 39 años que creció en Estados Unidos y hace uno que dejó Wall Street para irse a Dubai. Desde su oficina mira al bosque de rascacielos, el símbolo de auge en el Golfo. "Mi piso está en la playa, esto es muy importante para mí. Porque la arena y el mar es lo único natural que existe en esta ciudad", comenta. "Todo es un poco artificial aquí, como en Las Vegas", agrega. Sin embargo, se siente muy bien en Dubai.

Para muchos árabes de su generación, que han vivido en Europa o en Estados Unidos, Dubai es un lugar "en el que se puede ser árabe sin todo lo que eso representa". Aquí a nadie le interesa si un musulmán consuma alcohol o si un chiita va a cenar con una sunita.