Miércoles 18 de Mayo de 2022
Cuando gran parte del mundo ya da por superada la pandemia de coronavirus, en Corea del Norte todo se ha desmoronado con la propagación de la variante Ómicron ocasionando, seguro, más de un millón de contagios en poco tiempo, cifra que reconoce el gobierno.
Por más de dos años, Corea del Norte logró evitar la llegada del virus, según sus registros. Lo hizo llevando al extremo su aislamiento: desde enero de 2020 no deja entrar a nadie al país -ni siquiera norcoreanos- y ha reforzado las cercas y puestos fronterizos, donde los soldados tienen orden de disparar a todo el que se acerque.
También almacena y desinfecta durante semanas todos los productos importados de China para asegurar que no tengan ni la mínima traza del virus.
El líder Kim Jong-Un llegó al punto de confinar a la población en octubre de 2020 para evitar que la calima procedente del desierto del Gobi a unos 2.000 kilómetros esparciera el coronavirus.
Sin fabricar vacunas ni aceptar ofertas de otros países para inmunizar a su población, el régimen de Pyongyang apostó todo a su política de “cero Covid”.
Pero, más de dos años después, el gobierno ha reconocido un millón y medio de casos de “fiebre” y 56 muertos, pero se desconoce el alcance real de la epidemia en un país con graves carencias de suministros médicos, escasa capacidad de detección y rastreo, y donde el gobierno tiene el control absoluto de la información.
Prueba de la gravedad de la situación es que Kim anunció que el país pasa por “la mayor convulsión desde su fundación” en 1948, ha decretado cuarentenas masivas e incluso ha movilizado al ejército para enfrentar la ola de casos.
Pero ¿cómo ha podido entrar el Covid-19 y propagarse en el que muchos consideran el país más hermético del mundo?
El aislamiento por la pandemia agravó aún más la ya endémica escasez en Corea del Norte, un país de unos 25 millones de habitantes incapaz de autoabastecerse por sus muy limitados recursos para la producción agrícola e industrial.
“Corea del Norte abrió en enero la ciudad fronteriza de Sinuiju en el río Yalu y comenzaron a ingresar materiales y personas desde China, ya que Pyongyang había solicitado ayuda por la grave situación económica tras dos años de cierre”, indica a BBC Mundo el profesor Nam Sung-wook de la Universidad de Corea en Seúl.
Esta apertura limitada pudo, según este experto en inteligencia y relaciones entre Corea del Norte y China, haber facilitado una primera entrada del virus en el país.
Por su parte, el corresponsal de la Agencia EFE en Seúl, Andrés Sánchez Braun, cita en su análisis otras dos posibilidades.
La primera es que algún contrabandista llevara el virus a Corea del Norte, cuya frontera de 1.416 km con China era muy frecuentada -hasta la pandemia- por comerciantes que cruzaban el río Yalu.
En algunas partes de la frontera entre Corea del Norte y China, como en Sinuiju, el río Yalu es muy poco caudaloso y fácil de cruzar.
La otra hipótesis es que proviniera de “gente asintomática que ha participado en las rutas comerciales permitidas con China (ferrocarril y alta mar)” burlando de alguna manera los exhaustivos procesos de desinfección.
Para Go Myong-hyun, investigador del Instituto Asan de Estudios Políticos surcoreano, lo importante no fue cómo entró el virus al país a principios de año.
Aquello, asegura, solo fue la primera gota de lo que llama “una tormenta perfecta”, gestada en los meses siguientes.
Las autoridades “convocaron a grandes multitudes de personas en Pyongyang para celebrar el 110º aniversario del nacimiento de Kim Il-sung (fundador del país), el 15 de abril, y el 90º aniversario de la fundación de las fuerzas armadas de Corea del Norte (25 de abril)”.
Ambas celebraciones “se convirtieron en eventos de propagación masiva”, sentenció Go, y explican por qué Pyongyang es hoy el epicentro del virus en el país.
La ciudad de 2,9 millones de habitantes fue el escenario de los primeros brotes importantes. Y Kim Jong-un dirigió a los cuerpos médicos del ejército para “estabilizar el suministro de medicamentos”.