Martes 15 de Agosto de 2023
El fiscal que investiga el homicidio de Fernando Pérez Algaba, el empresario de 41 años hallado descuartizado dentro de una valija en un arroyo de la localidad bonaerense de Ingeniero Budge en julio pasado, solicitó la captura nacional e internacional de los dos prófugos que admitieron haber estado con la víctima el día que desapareció, mientras que este miércoles al mediodía indagará a los cuatro detenidos por el crimen.
El pedido de captura nacional e internacional fue solicitado por el fiscal Marcelo Domínguez, de Lomas de Zamora, para Maximiliano Pilepich y Nahuel Vargas, las dos últimas personas con las que Pérez Algaba tuvo contacto el 18 de julio último en el predio “Renacer” de General Rodríguez.
En 18 allanamientos simultáneos realizados en distintos domicilios del conurbano bonaerense y la Capital Federal fueron apresados tres hombres y una mujer: Matías Ezequiel Gil, Fernando Gastón Martín Carrizo, Luis Alberto Contreras y Flavia Lorena Bomrad, quienes fueron indagados por el fiscal Domínguez.
Los cuatro están tras las rejas, imputados por el delito de homicidio cuádruplemente agravado por haber sido cometido mediante el uso de arma de fuego, con alevosía, por codicia y por el concurso premeditado de dos o más personas.
A ellos hay que sumar a Nicole Chamorro, la mujer trans que fue la primera en caer.
Los cuatro detenidos tienen vínculos con el principal imputado Pilepich, el emprendedor inmobiliario de Hurlingham que entregó la camioneta Range Rover blanca que usó la víctima antes de ser asesinado.
Flavia Bomrad era gestora y amiga de “Lechuga” Pérez Algaba. A la vez, trabajaba para Pilepich, a quien lo unía una relación sentimental, con quien tuvo comunicaciones el día de la desaparición de la víctima.
Los investigadores encontraron en su auto, un Ford Mondeo, sangre, pelos y un aro que podrían ser de la víctima. Aunque este martes, cuando fue indagada, la detenida dijo que las manchas pertenecen a su perro bull dog francés que el 21 de junio tuvo cría y trasladó a una clínica veterinaria, y que el arito “seguramente pertenece” a alguna de sus sobrinas.
Además, una huella dactilar suya fue hallada en el predio “Renacer” de General Rodríguez, donde la víctima fue vista por última vez ese 18 de julio pasado.
Luis Contreras, otro de los arrestados es hermano de la trans Chamarro, quien cayó por la valija en la cual se hallaron parte de los restos del trader asesinado.
El fiscal Domínguez encontró una llamativa coincidencia entre Contreras y Pilepich: ambos fueron imputados en una causa por robo y hurto automotor en el partido de Moreno que data de 2004.
El cuerpo de Pérez Algaba fue arrojado en el Arroyo del Rey, muy cerca de la casa del sindicado matón a sueldo, en la calle Euskadi. Además, el celular que usaba Pilepich para despistar impactó durante la madrugada del 19 de julio pasado en ese sector de Ingeniero Budge. También se registraron llamados entre ambos.
Luego de que la policía encontrara su documentación en la valija roja en la que ocultaron el cuerpo seccionado y embalado en bolsas, Contreras señaló a su hermana Nicole, algo que le valió la cárcel a la mujer.
Un testigo del caso reveló, además, haber visto a “Cooper”, el perro del comerciante descuartizado en la casa del ahora nuevo detenido.
Contreras fue imputado por el delito de “homicidio triplemente agravado por ser cometido con alevosía, por codicia y con el concurso premeditado de varias personas” con arma de fuego.
La misma calificación legal pesa sobre el pedido de captura de Pilepich y de Vargas.
En tanto, Matías Ezequiel Gil, otro de los detenidos, también trabajaba para Pilepich, aunque en su registro laboral aparezca como empleado de un socio del dueño del predio “Renacer”, el barrio cerrado de General Rodríguez al que fue la víctima para cobrar una deuda poco antes de ser asesinado.
De acuerdo a la investigación, Gil también registra varias llamadas con los presuntos autores del homicidio e, incluso, se encontró con el empresario buscado y con Vargas en cercanías de puente Gnecco, en el partido de Moreno, el 18 de julio, es decir, cuando -según la hipótesis- ya habrían matado Pérez Algaba.
Esos movimientos fueron probados por las cámaras de seguridad municipales que muestran su VW Polo y la camioneta Land Rover blanca de Pilepich. En ese instante impactaron en las antenas el celular de Pilepich y la víctima. Luego, partieron hacia la localidad de Ingeniero Budge. Hay que remarcar que Gil también le debía dinero a Pérez Algaba.
Respecto a Gastón “Tonga” Carrizo, los detectives pudieron asentar que existieron varias comunicaciones entre él y Pilepich en el momento en el que pudieron haber cometido el crimen, prestando asistencia y colaboración a los homicidas. Usaba, para ello, una línea a nombre de su madre.
“Tonga”, oriundo de Hurlingham, es amigo y empleado de Pilepich. Sería la persona encargada de la seguridad en otro de sus emprendimientos sin finalizar, donde podrían haber descuartizado al comerciante. Carrizo habría sido parte de la comitiva que descartó el cuerpo.
Tanto Carrizo como Gil y la gestora fuero apresados por el delito de “homicidio triplemente agravado por ser cometido con alevosía, por codicia y por ser cometido por el concurso premeditado de varias personas, ello con el uso de arma de fuego”.
En la localidad de Ingeniero Budge, a Contreras lo conocen como “Pepe Tiratiros” y/o “Pitón”. De acuerdo a las fuentes consultadas, “es un pesado que opera en la zona de La Salada” y, como su alias lo indica, es contratado para realizar “aprietes” a los tiros. , en perjuicio de Pérez Algaba, conocido como “Lechuga”, que prevé una pena de prisión perpetua.
Para fundamentar los pedidos de arresto, el fiscal hizo hincapié en pruebas basadas en análisis de las comunicaciones y movimientos de los celulares que utilizaban la víctima y los sospechosos.
Domínguez afirmó que el móvil del crimen del empresario Pérez Algaba fue una deuda por 50 mil dólares y por 17 terrenos que el imputado Pilepich debía entregarle a la víctima, quien, con el fin de cobrarla, fue la tarde del 18 de julio hasta el predio de General Rodríguez a encontrarse con él.
Camino a ese campo, donde se cree pudo ser capturado y asesinado, “Lechuga” reconoció en un mensaje de audio que temía por su vida ante la posibilidad de ser baleado, según las pruebas aludidas por el fiscal.