Cora Gamarnik: "Es necesario mirar a la muerte de frente, pero sin humillar"
La investigadora acaba de publicar un libro con su tesis doctoral que abarca el fotoperiodismo desde 1965 hasta 1975. Y como no podía ser de otro modo, también habla de las imágenes que deja el Covid-19 y la forma cómo se las mostró

Lunes 21 de Septiembre de 2020

¿De qué hablaron las fotografías en la pandemia? De miles de cosas y de distintas maneras. Pero para la doctora en ciencias sociales e investigadora del fotoperiodismo en Argentina, Cora Gamarnik, quedó un debate ético pendiente hacia adentro del oficio: "A la gente que vive en geriátricos o en la calle también hay que preguntarles si quieren ser fotografiados. Muchos fotógrafos y fotógrafas cuidaron que no se vieran los rostros pero muchos no y esa es una falta hacia la propia humanidad de esas personas ya vulneradas. Es necesario mirar a la muerte de frente, es parte de la toma de conciencia que tenemos que realizar, pero sin humillar".

Gamarnik alude al escenario que viene dejando el Covid y dice que "la vida se interrumpió", pero no para ella, una mujer que acaba de presentar un libro sobre su tesis doctoral, un trabajo que le llevó casi diez años en total desde que fue proyecto y luego, como una crisálida pasó de tesis a libro.

Es una mujer crítica que no para de dialogar sobre fotografías e imágenes en las redes, pero no es fotógrafa. Que sigue investigando y estudiando mientras cría a sus tres hijos. Quien camina varias veces por semana por las calles de tierra y arboladas del partido de Ituzaingó, en Buenos Aires, donde vive, y hasta se da tiempo para hablar largo y tendido con La Capital.

Hoy, 21 de septiembre, Día del Fotógrafo en Argentina (aunque a esta altura debería ser de Fotógrafos y Fotógrafas) va esta nota como homenaje a quienes trabajaron y trabajan con las cámaras y desafían múltiples manera de mirar (este día se conmemora por la llegada del daguerrotipo a América Latina, en tanto el 19 de agosto es el Día Mundial porque se presentó en 1839 ese proceso fotográfico en Francia).

El fotoperiodismo en Argentina. De Siete Días Ilustrados (1965) a la Agencia Sigla (1975) se llama el libro de Gamarnik que editó la Fundación Arte x Arte y que es el primero que reconstruye los grandes trazos en los que la profesión adquirió un protagonismo inédito en la historia política y mediática nacional y que hace referencia en sus páginas también a un profesional local de ese período: Norberto Puzzolo, corresponsal del diario Noticias en Rosario (su credencial ilustra la página 251 del libro y sobre ella Gamarnik contará durante la entrevista: "Esa credencial al día de hoy Puzzolo la guarda con tierra, con la de la maceta donde la escondió su papá durante la dictadura").

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Portada del libro "El fotoperiodismo en Argentina".

El trabajo basado en aquella época cuenta sobre los nuevos "reporteros" (sí, todos varones, por eso ahora Gamarnik está "saldando esa deuda", dice: trabaja sobre las mujeres invisibilizadas de esa época). Da cuenta de la lucha por la jerarquización profesional y el surgimiento de medios que promovieron la fotografía denominada militante. Todo es parte de un texto de más de 300 páginas, sobrio, minuciosamente documentado, de muy buena factura y con imágenes a color y blanco y negro que hablan por sí mismas.

-Ya en los agradecimientos del libro contás que estabas por cumplir los 40 años cuando la UBA amplió la edad para las becas de doctorado más allá de los 35 años. ¿De no ser así, seguiría sin haber investigación sobre el fotoperiodismo argentino?

Directamente no existiría este libro. Tal vez habría otras investigaciones eso no lo sé. Pero en aquel momento sentí en carne propia qué significa la falta de políticas de género en la Universidad y necesitaba decirlo: no puede ser que no se pueda investigar a los 36 años, a los 37, a los 40, a los 50..., muchas mujeres de mi edad podrían haber hecho investigaciones interesantes y no tuvieron mi suerte. Necesitamos más becas, más politicas científicas inclusivas y con mirada de género.

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-Sos una investigadora que tiene presencia frecuente en las redes, desde allí compartís fotos que disparan debate. El lugar es muchas veces cuestionado por el público académico, pero para vos ¿qué significa?

Últimamente soy más consciente que he tomado a las redes como un espacio de intervención expresiva y política que me permite intercambio, diálogo y compartir el saber que pude adquirir en la universidad, democratizarlo, que no llegue sólo a mis estudiantes, que llegue a otros públicos. Y ni hablar durante esta pandemia. Siento que hoy la arena de la disputa política, social y cultural no está sólo en las calles sino también en las redes, donde todos tenemos la posibilidad de ser emisores y receptores. Me gusta generar contenido para discutir y compartir en las redes.

19. Isabel Peron -Fotógrafía de César Cichero. Fototeca ARGRA.jpg

-En tu libro se ve históricamente cómo los fotógrafos se convirtieron en reporteros gráficos a partir de los 60. ¿Podés por favor explicar la diferencia a quienes pueden no conocerla?

Sí, el reportero gráfico es quien trabaja para un medio, para otro, y bajo una línea editorial determinada con más o menos grados de libertad y anclado a las urgencias de la agenda mediática. El o la fotógrafa que está fuera del medio, en cambio, puede elegir sus propios temas y forma de abordaje. Justamente en la investigación doy cuenta que de la mano de Francisco "Paco" Vera, de editorial Abril, la figura del fotoperiodista de diarios y revistas se profesionaliza, se valora y legitima. A tal punto que aumentan sus sueldos porque por mucho tiempo fueron menores que los de los caricaturistas. De hecho muchos cuentan en las entrevistas que era común escuchar: "Mandame un fotógrafo" o a un cronista pedir "sacame esto o aquello", como si un fotógrafo fuera una cosa, un instrumento técnico y no un periodista visual. Yo supe decir "los periodistas y los fotógrafos", pero lo reví: los dos son periodistas.

08. Miguel Angel Otero - 18 años así.jpg

-La tapa de tu libro es una foto pequeñísima de un muchacho arrojando una piedra. ¿Por qué esa dimensión de la imagen y esa foto en particular?

La foto pequeña es una batalla que perdí pero estoy muy agradecida al editor, Francisco Medail, quien amablemente leyó mi tesis y confió en que podía convertirse en un libro de esta calidad y trabajó a la par mío para la reescritura. La colección es nueva, apostaron a libros de investigación sobre fotografía y ellos diseñaron la tapa así .Y la foto, que es del Cordobazo, pertenece a Nilo Silbestron, la elegí porque es el punto de inflexión de la década, un eslabón que une el lapso que estudié entre 65 y 75, y porque tiene diálogo con el Mayo Francés, donde se ven imágenes similares de gente arrojando piedras para defenderse de la represión.

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-En tu libro hablás de "mostrar la realidad con ojos argentinos" y de "estética de época" y tal vez las pedradas representen a aquella, ¿cuál dirías que es la estética de esta pandemia?

"Mostrar la realidad con ojos argentinos" era un slogan de Primera Plana. Y sí, la pedrada como la foto de Enrique García Medina del 19 de diciembre de 2001 (de un muchacho arrojando una piedra con el Obelisco a sus espaldas) son estéticas que se repiten, son el David frente al Goliat. Y en cuanto a la pandemia, para mí hay dos ejes muy fuertes: uno es el que se pudo crear, reinventar y expresar al interior de los hogares en la época de mayor aislamiento, cuando se interrumpió la vida, la fotografía como medio de expresión de todas a las cosas fuertes que nos pasaban y otro fue el disruptivo, el que se captó en el exterior: el de las ciudades vacías, el barbijo, las nuevas marcas de distanciamiento en las calles y el espacio público tomado por las fuerzas de seguridad. Veo esa doble cara.

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-Compartiste varias fotos en las redes de este momento. Te propongo analizar tres de ellas: la de la pareja abrazándose ante el avance de policías (de Kaloian Santos Cabrera), la de una mano arrugada de un profesional de la salud al quitarse los guantes después de un turno de diez horas de trabajo (del Twitter del Dr. M Hakim, de Massachsetts) y la de un ratón refugiado a los pies de quien apagaba el fuego en las islas frente a Rosario (de Marcelo Manera).

Se puede hacer toda una cronología de fotos de la pandemia. Primero las imágenes eran de Wuhan o Europa, lejanas. Luego se acercaron y vimos de frente la muerte y las consecuencias del coronavirus. Vamos a la primera. Podríamos ubicarla en una línea de fotos del amor dentro de batallas. Durante la pandemia hubo una actitud desmedida de denuncia, policíaca, entre vecinos, hacia agentes de salud y ni hablar hacia personas contagiadas. Y eso no sólo se dio en gente reaccionaria sino también progresista, aunque debo hacer una salvedad: también hubo muchas acciones solidarias. Entonces, las fotos como esta tienen la capacidad de mostrar las contradicciones en milésimas de segundo, por eso son muy interesantes, más en un momento donde hubo recrudecimiento de gatillo fácil y sucedió la desaparición y muerte de Facundo Castro; un momento donde volvimos a vivir qué significa dejar el espacio público de las fuerzas de seguridad que sigue con prácticas heredadas de la dictadura. En esta pandemia hubo un ejercicio rápido de usar la foto y el video para denunciar eso y creo que fue bueno porque si no tuviéramos los celulares en nuestras manos la violencia sería aún peor. Basta recordar sólo la violencia de la policía chaqueña que ingresó a la fuerza a la casa de una familia qom en Fontana. Por suerte allí había un celular y alguien filmó porque eso permitió que a esos policías se los apartara de la fuerza. No todos somos fotógrafos pero sacamos fotos en las condiciones que podemos y a veces gracias a eso logramos actos de justicia ciudadana. La foto de la mano arrugada permite ver dos mundos distintos los que estamos fuera de los hospitales y no tenemos conciencia de la gravedad y los que están dentro: trabajadores de la salud que se están contagiado y hay médicos y enfermeros muertos. Me parece que esta foto puede ayudar a la población a tomar conciencia.

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-Aunque si no se la acompaña del pie de foto tal vez no se la entienda, ¿eso le quita valor?

La fotografía como medio de expresión permite lecturas literales pero también se abre a la metáfora. Hay veces que una foto es explícita y otras que necesita del texto que la potencia. Hay circunstancias en que la foto explícita es necesaria y otras en que es contraproducente. Por ejemplo, la foto de muerte tremenda con cadáveres. Me parece que siempre es mejor una foto que podamos mirar, que no tengamos que cerrar los ojos por asco o repulsión. Es preferible poder mirar a la muerte, como en el caso del Aylan Kurdi (el chiquito sirio que apareció muerto en una playa de Turquía). Esa imagen ayudó a generar conmoción y empatía. La imagen nos genera dolor pero no nos hace apartar la vista y por eso se impone por sobre otras. En cuanto a la tercera foto del supuesto ratón y la bota: es interesante por su emotividad y además por su sutileza, porque habla del fuego y sus consecuencias sin mostrar el fuego. A mí me gusta cuando se trata de buscar y saltear los lugares comunes, como postura política y poética. El canto a la miseria como sensación fácil, como respuesta rápida no me parece muy interesante. La típica foto del nene con mocos colgando para hablar de la pobreza. Hay ahí algo de pobreza visual. Sí acuerdo con (Georges Didi) Huberman cuando dice que las fotografías deben "tocar lo real". Esa idea de roce, de contacto, de vínculo afectivo entre imagen y referente.

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-En el libro analizaste fotos analógicas sobre los 60 y 70 ; hoy con las fotos digitales y el retoque, ¿podemos confiar en las fotos?

La fotografía nos permite, aún siendo digital, mostrar el gran coro polifónico de la realidad, es más, lo digital permite intervenir sobre la imagen pero hay algo que persiste y sobre todo en lo periodístico y es la relación entre imagen y credibilidad, algo que es un riesgo también. El problema es que desde algunas usinas de información se usa esa credibilidad para crear fake news. Tanto les creemos que se usan las fotografías para generar falsas noticias. Por eso siempre es mejor tener una mirada alerta sobre lo que vemos y nos muestran los medios.

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