Sábado 26 de Noviembre de 2022
El conflicto gremial y sanitario en Foxconn, la mayor fábrica de artículos electrónicos del mundo, produjo enfrentamientos con la policía y manifestaciones masivas de obreros, algo totalmente inusual en China. La política restrictiva aplicada a los obreros para evitar el contagio con el Covid es uno de los disparadores del enfrentamiento. A la vez, los habitantes de grandes zona de Pekín vaciaban este sábado los supermercados, ya que el gobierno municipal ordenó acelerar la construcción de centros de cuarentena y comenzó a clausurar barrios completos para afrontar la nueva ola de Covid-19.
Esta semana, una protesta masiva e inédita inundó las redes sociales en China, un país donde las manifestaciones no son permitidas. Decenas de miles de trabajadores de Foxconn, la principal fábrica de Iphone del mundo, se enfrentaron con los guardias de seguridad en protesta por la falta de pago de salarios y las duras restricciones en las que viven desde octubre a causa del Covid-19. El desencadenante de las protestas es un plan para retrasar el pago de los salarios.
En la inmensa fábrica de Foxconn, que es una verdadera ciudad industrial ubicada en Zhengzhou, trabajan más de 300 mil personas, las cuales viven dentro de las instalaciones desde octubre pasado debido a la estricta política de “Covid cero” ordenada por el régimen de Xi Jinping.
China se encuentra en una crisis sanitaria que los demás países superaron hace un año. Su errada política de “tolerancia cero” con el Covid solo dio lugar a una falta de inmunización de la población por contacto con el virus, como ocurrió en el resto del planeta con la variante Omicron. Las vacunas chinas, además, han resultado mucho menos eficaces que las occidentales. Debido a varios contagios, Foxconn impuso el “sistema de circuito cerrado”, que implica que el personal vive y trabaja aislado.
Más al norte, en Pekín, la incertidumbre y los informes no confirmados de cuarentenas impulsaron la demanda de alimentos y otras provisiones. Cantidades inusuales de compradores en los suburbios de la ciudad dejaron vacíos los estantes de los mercados. Pekin tiene 21 millones de habitantes.
Los casos diarios de Covid-19 en todo el país están llegando a niveles récord, con 32.695 reportados el viernes. De esos, 1.860 eran en Pekín, la mayoría asintomáticos. Centros de cuarentena improvisados y hospitales temporales montados apresuradamente en gimnasios y otros espacios han adquirido mala fama por su sobrepoblación, falta de higiene, escasez de alimentos y por tener las luces prendidas las 24 horas. A los ciudadanos chinos les aterra que sin previo aviso los envíen a esos lugares de pesadilla.
A muchos residentes de la ciudad ya les aconsejaron no salir de sus complejos residenciales, algunos de los cuales están siendo cercados. En los accesos, trabajadores con trajes protectores evitan el paso a personas no autorizadas y se aseguran de que los residentes muestren un test de Covid-19 negativo en las aplicaciones de salud de su celular para entrar. Varios campus universitarios han sido cerrados y a los estudiantes les están dando clases virtuales. Los servicios de entrega a domicilio llegaron a su límite. Empleados de entrega no podían trabajar porque sus distritos estaban confinados.
En conferencia de prensa, Xu Hejian, portavoz del gobierno municipal, dijo que era necesario “fortalecer la operación y garantía de servicio’’ de los centros de cuarentena y hospitales temporales adonde son llevadas por la policía personas que dan positivo a Covid-19 o han estado en contacto con una persona infectada. Las autoridades deben “acelerar más’’ su construcción y “coordinar la distribución de espacio, instalaciones, materiales, personal y otros recursos’’, dijo Xu. El problema es que la población ya no acepta mansamente como antes ser llevada a esos lugares, de fama siniestra.
En los últimos días, las autoridades han insistido repetidamente en que China debe mantener su política de “Covid cero’’, que impone confinamientos totales, testeos masivos y cuarentenas a cualquier persona sospechosa de haber estado en contacto con el virus. Esta política está afectando gravemente a la economía y alterando la vida de muchas ciudades chinas, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud y a otras organizaciones a pedir un cambio de rumbo, algo que el Partido Comunista ha rechazado airadamente.