Domingo 01 de Marzo de 2009
Rita Gutiérrez, dueña de un hostal, prefería correr el riesgo de ser incinerada por otra erupción volcánica antes de dejar Chaitén, la localidad en el sur de Chile donde ha pasado toda su vida. El pueblo, cubierto de barro y cenizas, fue devastado después de una impresionante erupción el año pasado y aún está en riesgo debido a que el vecino volcán del mismo nombre continúa lanzando cenizas y gases.
No hay agua potable o electricidad y la mayor parte de Chaitén es un pueblo fantasma sacudido por esporádicos temblores.
Pedro Vargas, de 51 años, y un puñado de pobladores se rehusan a abandonarlo y han rechazado un plan del Gobierno chileno para reconstruir el pueblo 10 kilómetros al norte de su ubicación actual.
"El 50 por ciento de Chaitén está vivo, no lo puede matar el Gobierno", dijo Vargas, señalando hacia algunos edificios intactos mientras protestabacon otros pobladores en una plaza de Chaitén, en contra del plan oficial de relocalización.
"No temo al volcán. Vivió muchos años con nosotros, ahora nos acostumbramos a vivir con él", agregó Vargas.
Casas y autos permanecen cubiertos por escombros luego de que el volcán hiciera erupción en mayo pasado por primera vez en miles de años, disparando una columna de cenizas de 32 kilómetros de altura hacia la estratosfera y que también cubrió ciudades en Argentina.
Nadie murió durante la erupción, aunque una persona falleció de un ataque cardíaco cuando era evacuada.
Caballos y perros todavía deambulan en libertad luego que la mayoría de los 5.600 habitantes de Chaitén dejaron el pueblo para vivir en albergues o con familiares o amigos. Menos de 100 personas permanecen en el lugar, según los vecinos.
Juguetes, bicicletas y prendas de vestir yacen abandonados en la tierra. El aire está pesado con el olor a azufre. Un mensaje en la ventana de una casa escrito con las manchas de cenizas dice: "Te quiero Chaitén. Volveremos".
Temblores, roca fundida. El volcán arrojó ceniza, gas y roca fundida la semana pasada como parte del derrumbe de uno de sus conos, lo que provocó una nueva evacuación de alrededor de 160 personas del pueblo, ubicado a 1.220 kilómetros al sur de la capital Santiago de Chile.
Paula Narváez, la enviada especial a la zona de la presidenta Michelle Bachelet, dijo que el gobierno no va a restablecer los servicios de electricidad y agua en Chaitén. Las tareas apuntarán a la construcción de una nueva versión de la ciudad en el asentamiento de Santa Bárbara, a unos 10 kilómetros de distancia.
Juan Santana Vargas, quien se trasladó a Chaitén hace 16 años, dice que su negocio de turismo se irá a la ruina si la ciudad se mueve. "Nosotros sabemos qué cosa es, una naturaleza que hay que respetarla. Nosotros no vamos a poner el cuerpo contra la naturaleza, pero siempre con cuidado. Tenemos un sistema de evacuación por varios lados", dijo.
Volcán muy activo. El vulcanólogo Jorge Muñoz aseguró que los vecinos de Chaitén están en peligro. "Hay un alto peligro volcánico, una erupción en curso. El volcán es extremadamente activo", dijo.
El experto advirtió que las lluvias que caen en la zona podrían desplazar las millones de toneladas de material volcánico que se han acumulado tras la fractura de parte del domo del macizo la semana pasada.
Ese material podría ser arrastrado al río más cercano al pueblo y aumentar fuertemente su caudal, logrando que se desborde e inunde Chaitén, tal como sucedió el año pasado.
Otro escenario es que el volcán colapse completamente y una nube piroclástica, de polvo y rocas incandescentes, alcance al pueblo.
Algunos de los pobladores que retornaron a Chaitén, como el mecánico de 61 años Claudio Hellwig, están resignados al plan de reubicación del pueblo. "Si dicen que hay que retirarse, nos retiramos. Los expertos saben", dijo parado en su tienda, que no fue afectada por la erupción del volcán.
"No le tengo miedo. Duermo bien, estoy tranquilo. La soledad me da miedo. Eso sí. Ahora mejor me voy ¿Por qué estar solo aquí?", expresó Hellwig.