Miércoles 11 de Febrero de 2009
La policía australiana peinó ayer la zona arrasada por el fuego en busca de pruebas de los pirómanos que lo habrían provocado, mientras la cifra de muertos en los peores incendios forestales en este país en 110 años podría superar los 200. Las llamas, que comenzaron el sábado, continuaban ayer devastando bosques y viviendas mientras excavadoras del ejército abrían caminos para que los equipos forenses ingresarán a las aldeas que quedaron aisladas.
Las autoridades ordenaron buscar a los posibles responsables pues los expertos consideran que al menos la mitad de los focos fueron provocados, en la mayoría de los casos "por aburrimiento o para llamar la atención", dijo el criminólogo Damon Muller. La policía del Estado de Victoria destinó cien investigadores para hallar a los autores de lo que el premier australiano, Kevin Rudd, calificó de "asesinatos masivos". El resto de los incendios fueron causados por colillas de cigarrillos lanzadas intencional o accidentalmente desde vehículos o por equipos eléctricos, según expertos.
"Asesinatos masivos". Los incendios fueron "sospechosos", ya que no hubo elementos naturales como rayos capaces de provocarlos, dijo la policía. Las autoridades dijeron que cualquiera que fuera hallado culpable afrontaría acusaciones de homicidio sin premeditación y asesinato. "Mi opinión personal es que a los responsables se les debe permitir que se pudran en la cárcel. Esto es un asesinato atroz a escala masiva", agregó el premier Rudd. La zona del desastre, que duplica el tamaño de Londres y abarca a más de 20 poblaciones al norte de Melbourne, ha sido declarada zona del crimen por las autoridades.
Al menos 181 personas fueron confirmadas como fallecidas en los incendios, pero las autoridades aseguran que la cifra puede aumentar. "Aún hay un gran número de personas, que excede la cifra de 50 que los forenses creen que ya están muertos, pero no están identificados aún", dijo el gobernador de Victoria, John Brumby. "Va a ser un número significativo, superará las 200 muertes", agregó.
Unos 25 focos de incendio seguían ayer ardiendo en Victoria, y una decena de poblaciones estaba en alerta por los fuertes vientos. "Las llamas no están cerca de ser controladas como para permitir que la gente baje la guardia", dijo el miembro de los servicios de emergencia Kevin Monk.
Los incendios han incrementado la presión sobre el premier para que adopte acciones firmes contra el cambio climático, mientras los científicos acusan al calentamiento global de las condiciones que han alimentado el desastre. "Esta tragedia demuestra que estamos lidiando con un cambio climático en Australia y ahora es evidente todo lo que estamos a punto de perder", dijo el miembro de Greenpeace Trish Harrup.
Horror, coraje y suerte. Las historias de horror, coraje y suerte continuaban surgiendo a medida que las ciudades arrasadas por el fuego comenzaban a reconstruir sus vidas cotidianas. Una mujer contó a la televisión australiana cómo ella y sus hijos sobrevivieron escondiéndose en una cueva hecha por wombats (marsupiales característicos de Australia) en el campo. Muchos animales australianos sobreviven a los incendios cavando.
Ross Buchanan, en Kinglake donde murieron más de 30 personas, perdió a sus dos hijos tras llevarlos a las casas de familiares en otra ciudad pensando que allí estarían a salvo. Mientras que Buchanan luchó para salvar su hogar en Kinglake, sus hijos murieron cuando el fuego arrasó la otra ciudad.
Las autoridades dijeron que la regla de oro para sobrevivir en los incendios forestales es la temprana evacuación o quedarse y defender los hogares, pero los expertos aseguran que aparentemente varias víctimas entraron en pánico y huyeron en el peor momento. Algunas fallecieron quemadas en el interior de sus automóviles cuando intentaban evadir las llamas.
Australia es el país más propenso a incendios del mundo, señalan los científicos, y la mayoría de los focos ígneos se inician debido a rayos.
La peor catástrofe de las últimas décadas ya destruyó 1.000 viviendas y arrasó 350.000 hectáreas de bosques, en tanto cientos de personas han sufrido quemaduras y miles han perdido sus hogares. En los populares centros de montaña de Kinglake y Marysville, a 100 kilómetros al noreste de Melbourne, prácticamente no quedó ningún edificio en pie. Se estima que el fuego arderá durante semanas, por lo que han sido movilizados bomberos de otras partes del país así como del exterior. En 1983, en un devastador incendio llamado "miércoles de ceniza", murieron 75 personas.
Cambio climático
Aunque las autoridades no descartan un posible origen intencional, el siniestro que azota a la región meridional australiana desde el sábado último se sumó a las graves inundaciones en Queensland, en el nordeste del país, para llamar la atención sobre la necesidad de encarar el cambio climático como emergencia nacional.