Alemania cierra sus centrales nucleares pese a que no generan CO2
Con el fin de año se apagaron tres y este año se sumarán otras tantas. Dudas sobre los beneficios ambientales a largo plazo

Sábado 01 de Enero de 2022

El viernes 31 de diciembre de 2021 se clausuraron tres centrales en Alemania: las de Grohnden, Brockdorf y Grundemmingen, y otras tres serán desconectadas en 2022, como parte del compromiso de Berlín de abandonar el uso de la energía nuclear. El nuevo jefe de gobierno, Olaf Scholz, anunció que usará su presidencia del Grupo de los 7 para impulsar el crecimiento “verde”, y “un modelo de negocios neutro para el clima”. Pero Alemania obvia así que la energía nuclear no genera dióxido de carbono y que por ahora incrementará sustancialmente su consumo de gas natural para reemplazar las centrales nucleares. Es más, la Unión Europea se apresta a considerar a la energía nuclear como “verde” y limpia, precisamente para emplearla en su estrategia de salida de los combustibles fósiles.

En el pasado, para Alemania

La energía nuclear o atómica quedará en el pasado para Alemania, señala con orgullo el canal estatal DW. Tres de las seis centrales nucleares del país se apagarán antes de que las campanadas marquen el año nuevo, y las otras tres serán desconectadas en el transcurso de 2022, como parte del compromiso de Berlín con el uso de energías verdes, sin impacto para el medio ambiente. El cierre no debe reflejarse en el suministro del país de más de 80 millones de habitantes, y dueño de una de las economías más industrializadas del mundo, pues las plantas de Grohnden, Brockdorf y Grundemmingen produjeron en 2021 apenas el 6% de la energía que consume Alemania.

De hecho, de acuerdo con la Asociación de Empresa Energéticas, el país produce más energía de la que requiere, y si bien la desconexión de los reactores puede ocasionar que algunas regiones comiencen a importar suministro, la exportación siempre superará a la importación.

“El abandono de la energía atómica es irreversible”, aseguró la ministra de Medio Ambiente, Steffi Lemke. Una decisión que se concreta sin demora. Alemania había iniciado en 2002, durante el gobierno del canciller Gerhard Schroeder, su distanciamiento de la energía atómica y los combustibles fósiles, pero ese proceso se aceleró en 2011, cuando el accidente de la central nuclear de Fukushima en Japón llevó a la sucesora de Schroeder, Angela Merkel, a cambiar la posición de su partido, la Unión Cristianodemócrata.

Merkel cambia 180º

Fue Merkel quien fijó el plazo de 2022 para el cierre definitivo de las seis plantas, revirtiendo por completo, en 180º, su posición inicial de prolongar su vida útil más allá de lo previsto por Schroeder. Emsland, Isar y Neckarwestheim son las centrales que pondrán fin a su operación en 2022.

El cierre de los generadores atómicos ocasionará el recorte de algunos empleos, pero no todo serán pérdidas. Las empresas de energía nuclear recibirán 3 billones de dólares por el cierre anticipado y, al menos en la planta de Grundemmingen, dos tercios de los 600 trabajadores conservarán sus puestos tras el cierre, al menos hasta 2030.

Desechos nucleares y gas ruso

Lo que aún está por definirse es el modo seguro de disposición de decenas de miles de toneladas de desechos nucleares que quedarán tras el cierre, algunos de los cuales pueden entrañar riesgo radioactivo por 35.000 generaciones, de acuerdo con expertos.

Alemania todavía está lejos de cumplir sus metas en materia de fuentes de energía renovable, que deberían representar el 80% del suministro para 2030, según la meta que se ha fijado el nuevo canciller Olaf Scholtz.

De momento, la matriz de energía renovable en Alemania es de entre 40 y 50%, y algunos expertos temen que el cierre de las centrales nucleares marque un retorno al uso de combustibles tradicionales. Alemania es un gran consumidor de gas natural proveniente de Rusia, y se apresta a inaugurar con esta nación un enorme gasoducto que atraviesa el Mar Báltico, el NordStream.ambiente. El ex canciller Schroeder, un impulsor del gasoducto, fue su CEO apenas dejó el poder en 2005, lo que tendió un manto de sospechas sobre su gobierno.

De esta forma, Alemania cancelaría las centrales nucleares pero aumentaría su producción d e C02, principal gas de efecto invernadero. Esto revertiría un proceso que ha convertido a Alemania en pionero mundial: desde 2010, el país ha reducido en 40% sus emisiones de CO2. Sin embargo, el canciller Scholtz renovó su compromiso medioambiental, según se desprende de su mensaje de fin de año. Scholtz aseguró que Alemania usará su turno en la presidencia del Grupo de los 7 (que reúne a las economías más desarrolladas del mundo) para impulsar un crecimiento verde y un modelo de negocios neutral para el ambiente. Claro que estas palabras pueden no tener su correlación en los hechos.

El nuevo canciller alemán anunció que durante el año que dure su mandato en el G-7 tiene la meta de crear un “club del clima”, que reúna a los países de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Japón en el compromiso de adoptar reglas y estándares comunes para reducir las emisiones de carbono en el planeta. No queda claro cómo cuadra el consumo de gas natural ruso con este objetivo.

Microplásticos: la atmósfera los transporta a todos lados

Desde el monte Everest hasta la fosa de las Marianas, los microplásticos están por todas partes, incluso en lo alto de la atmósfera, donde la velocidad del viento les permite recorrer grandes distancias, según un estudio publicado en diciembre pasado.

Los microplásticos son fragmentos minúsculos “que miden menos de 5 milímetros” procedentes de envases, ropa, vehículos y otras fuentes, y se han detectado en la tierra, el agua y el aire. Científicos del instituto nacional de investigación francés CNRS tomaron muestras de aire a 2.877 metros sobre el nivel del mar en el Observatorio del Pic du Midi, en los Pirineos franceses, una de las denominadas “estaciones limpias” por la escasa influencia que ejercen sobre ella el clima y el entorno locales. Allí analizaron 10.000 metros cúbicos de aire por semana entre junio y octubre de 2017 y descubrieron que todas las muestras contenían microplásticos.

Utilizando datos meteorológicos, calcularon las trayectorias de las diferentes masas de aire que precedían a cada muestra y descubrieron fuentes tan lejanas como el norte de frica y América del Norte. Anteriormente, se encontraron fibras de poliéster, acrílico, nylon y polipropileno a más de 8.000 metros de altitud, en el monte Everest.

La tropósfera, la sección de la atmósfera que está en contacto con el suelo y se extiende hasta 10 km de altura, es una “autopista de microplásticos”. El autor principal del estudio, Steve Allen, de la Universidad de Dalhousie, en Canadá, dijo a AFP que las partículas pudieron viajar tales distancias porque fueron capaces de alcanzar grandes altitudes. “Una vez que llega a la tropósfera, es como una autopista superrápida”, dijo.

La investigación también apunta a fuentes de microplásticos en el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. “La fuente marina es la más interesante”, dijo Allen.