A 10 años de la fallida restauración del "Ecce homo" en España
El grotesco trabajo de una voluntaria de la iglesia de Borja se convirtió en ícono de consumo. Su merchandising se vende en todo el mundo

Sábado 27 de Agosto de 2022

Hace 10 años, una modesta pintura de Cristo, un “Ecce homo” en una iglesia de un pueblo de la región española de Zaragoza, fue “intervenido” de manera grotesca por una vecina que intentó restaurar la obra. El pésimo resultado se convirtió en un torbellino de bromas, primero, y de estudios académicos, después. Hoy la pequeña localidad de Borja es gracias a la acción de su vecina un centro de atracción que convocó desde entonces a unas 300.000 personas y le ha generado ganancias por casi 450.000 dólares en concepto de entradas, derechos de imagen y venta de merchandising. La autora del daño recibe el 49% de los derechos por merchandising.

“El resultado de la intervención no solo es catastrófico, borroso e irreconocible, sino que también se ha convertido en objeto de parodia, carne de fotomontaje”, reseñaba en 2012 el diario El País. La artífice de aquel estropicio fue Cecilia Giménez, una mujer entonces octogenaria que actuó de forma espontánea y “sin pedir permiso a nadie”, aunque “con buena intención”, explicaba en 2012 el concejal de Cultura del Ayuntamiento del municipio, Juan María de Ojeda. Cuando se dio cuenta de que “se le había ido de las manos” avisó al responsable del patrimonio para confesar los daños.

Hoy algunos arriesgan interpretaciones menos lapidarias. El arte retuerce sus límites y a veces se presta al equívoco y a las derivaciones ridículas: pasó con la banana pegada a una cinta adhesiva a la pared que el artista italiano Maurizio Cattelan presentó en Art Basel Miami Beach como una obra titulada “Comediante” o con la escultura invisible _literalmente un vacío absoluto_ que otro italiano, Salvatore Garau, vendió en 18.300 dólares en junio de 2021. Esta onda expansiva que inserta a lo creativo en el territorio de lo insólito alcanza también al óleo pintado el siglo pasado por Elías García Martínez y que fue restaurado groseramente en 2012 por la vecina de Borja Cecilia Giménez Zueco, autora del terrible retoque a la obra que hizo famosa.

La popularidad de la iglesia donde está la obra _el Santuario de Misericordia en Borja_ generó un montón de derivaciones ruidosas como documentales, canciones, libros, tesis doctorales, un museo, un centro de interpretación y hasta una ópera en clave humorística compuesta por el director americano Andrew Flack. Se estrenará en 2023 en Las Vegas.

Mientras tanto, la protagonista de la intervención, Cecilia Giménez Zueco, lejos de haber sido condenada por su insólita tentativa de restauración sigue recibiendo mensajes de cariño provenientes de todo el mundo. El periódico El Mundo consigna que a sus 91 años está delicada de salud y vive con su hijo, que sufre parálisis cerebral en una residencia geriátrica.

El episodio que dio la vuelta al planeta se hizo conocido hace exactamente diez años, cuando el boletín del Centro de Estudios Borjanos publicó fotografías que exhibían el antes y el después de la pintura mural de García Martínez, un pintor y docente de renombre que había decorado también el techo del Teatro Principal de Zaragoza y colaborado en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

La pieza no era original, ya que constituía una reproducción de calidad de una obra que había realizado dos siglos antes un gran artista italiano, Guido Reni, y además no fue plasmada con los mejores recursos materiales, lo que generó un rápido deterioro al cabo de un tiempo: en ese marco aparece en escena Cecilia Giménez Zueco, que ayudaba en las tareas de mantenimiento del santuario y con algunos conocimientos en pintura concretó lo que se conoce como “la peor restauración de la historia”.

Para ese entonces, la mujer estaba de viaje, pero a su regreso se encontró con el revuelo que se había creado. En su defensa, argumentó que ya lo había hecho “otras veces” y que no le habían dejado “terminar la restauración”. No obstante, reconoció que la tarea se le había ido de las manos.

Al principio arreciaron las críticas y tanto el municipio como la familia del pintor anunciaron demandas contra la improvisada restauradora. Luego se discutió sobre si había que “completar” la restauración de la pintura o si era mejor dejarla como había quedado. Triunfó esta segunda línea y las autoridades locales evaluarán seguramente que no fue una elección desacertada: la imprudente restauración ha generado ganancias por casi 450.000 dólares, entre los ingresos por entradas al Santuario para ver la pintura, derechos de imagen y venta de artículos diversos.

La anciana Giménez Zueco obtiene el 49% de los derechos de imagen de su obra y recibe beneficios por todo lo que se realice con la imagen del Ecce Homo, desde llaveros a poleras, aunque parte de ese dinero lo dona a una fundación. La figura deforme del “Ecce Homo” se ha estampado en etiquetas de vino, llaveros, ositos de peluche, dedales, camisetas, aplicaciones para celulares, almohadillas para mouse de computadora y caramelos. El cantautor Angel Petisme le dedicó una canción y la “restauradora” protagonizó el video musical de la canción “Ecce Homo”, incluida en el álbum “El ministerio de la felicidad”. A su vez, se creó en Borja el Museo Internacional del Ecce homo, que cuenta con 26 pinturas inéditas sobre esta obra de autores de distintos puntos del mundo, desde México a Italia, y principalmente de España. Desde 2012, la obra fue visitada por más de 300 mil personas de 110 países distintos. Aumentaron sus visitas en un 900%, pasando de 5 mil visitantes anuales a 45 mil, algo que se estabilizó con el paso de los años a 10 y 11 mil anuales.

(Nota: “Ecce homo” en latín significa “He aquí el hombre”, frase de Poncio Pilatos al presentar a Jesús a la multitud hostil, y es un género de pintura religiosa).