200 años de humor literario del país
Autores tan disímiles como Osvaldo Soriano, Domingo Faustino Sarmiento, Roberto Fontanarrosa, Esteban Echeverría, Roberto Arlt, Juan Sasturain o Hernán Casciari aparecen reunidos en la antología "La gracia de leer", que busca compilar "200 años de humor literario argentino", una selección de Ariel Magnus.

Jueves 21 de Julio de 2011

Autores tan disímiles como Osvaldo Soriano, Domingo Faustino Sarmiento, Roberto Fontanarrosa, Esteban Echeverría, Roberto Arlt, Juan Sasturain o Hernán Casciari aparecen reunidos en la antología "La gracia de leer", que busca compilar "200 años de humor literario argentino", una selección de Ariel Magnus. Es una compilación publicada por Ediciones de la Flor de más de 270 páginas sobre un género en el que se lucieron muchísimos escritores argentinos, donde hay nombres previsibles y otros no tanto, y que intenta rastrear e inquirir la existencia de una tradición humorística en la literatura argentina.

La idea es convidar al lector con fragmentos de textos clásicos, y no tanto, de la narrativa nacional donde prevalezca el humor, la ironía, la sátira o el desenfado: así se suceden extractos de "Una excursión a los indios ranqueles" de Lucio Mansilla, "Juvenilia" de Miguel Cané o "Historia funambulesca del profesor Landormy" de Arturo Cancela.

"El libro surgió por inquietud personal: ¿existe una tradición humorística en la literatura argentina? Mi intuición era que sí, pero quería tener la excusa de rastrearlo más a fondo. Eso es lo que hice durante meses, y creo poder decir ahora que sí, efectivamente, el humor tiene una larga tradición entre los autores que nacieron en este país", señala Magnus. Así, se suceden las ironías de "El Matadero" de Echeverría; el sainete criollo del dramaturgo Nemesio Trejo en "Lección de derecho", fragmento de "Don Segundo Sombra" de Ricardo Guiraldes, las aguafuertes de Arlt o "Adán Buenosayres" de Leopoldo Marechal.

La antología intenta mostrar que el espectro humorístico es muy grande y abarca temas de toda índole con distintos tonos y abordajes lingüísticos. Tal vez se pueda sacar de ellos patrones de escritura o lectura y conclusiones etnológicas. Yo prefiero pensar en un lector que simplemente se ríe. Y que al terminar el libro ya no cree, como acaso creía, que humor y literatura son cosas incompatibles o que rara vez se juntan. (Télam)