Domingo 19 de Noviembre de 2023
En pleno noviembre las universidades de Rosario atraviesan un tiempo de definiciones. De los estudiantes que se preparan para las mesas de examen de fin de año, y también de jóvenes que se acercan a despejar sus dudas _de forma presencial o virtual_ para terminar de elegir qué carrera cursar a partir del año que viene. La salida laboral, las materias de estudio, la vocación y hasta el mandato familiar son algunas de las razones _no todas_ que influyen en la decisión de los poco más de 700 mil jóvenes que en todo el país se anotan para cursar algún estudio superior de grado o pregrado. Si bien las carreras tradicionales como medicina, abogacía o ciencias económicas siguen al tope de las preferencias, uno de cada cuatro opta por carreras vinculadas a la ciencia o la tecnología, una tendencia que crece apalancada por el surgimiento de propuestas académicas vinculadas a las nuevas demandas.
“La universidad es una institución que alberga sueños y la idea del ascenso social todavía está presente”, señalaba hace un par de años a este diario el psicólogo, docente y especialista en orientación vocacional Sergio Enrique. Con una amplia oferta de carreras públicas y privadas, el sistema universitario argentino se encuentra en constante expansión. En 2021, en plena pandemia, contaba con una población de 2.731.000 estudiantes en pregrado, grado y posgrado. Entre 2012 y 2021 registró un crecimiento del 40% en la matrícula de estudiantes de pregrado y grado, y casi del 70% de nuevas inscriptos. Sin embargo, el aumento en el número de egresados en esa década fue solo del 30%.
“La vocación, los intereses, la afinidad con las principales disciplinas o materias, así como las perspectivas de salida laboral son algunos de los factores clave a evaluar a la hora de elegir una carrera o área de estudios, pero a la vez hay que hacerlo con una mirada flexible, ya que esa elección es apenas el puntapié inicial de una larga trayectoria de aprendizaje y formación que debería atravesar la persona durante toda su vida”, afirmó meses atrás Andrea Ávila, CEO de la consultora de Recursos Humanos Randstad.
Pero los nuevos contextos, la demandas del mercado, el perfil de los nuevos alumnos y los aprendizajes derivados de la pandemia invitan a repensar qué sistema de educación superior requiere el país para los próximos años.
De hecho, a fines de 2021 la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación Nacional presentó siete ejes para avanzar en una agenda de cambios inmediatos en la universidad argentina. Las propuestas, que van desde cambios en la forma de enseñanza o la duración de las carreras hasta la propuesta de sumar las tareas de extensión dentro de la currícula obligatoria, son trabajadas desde entonces tanto en encuentros de universidades públicas como privadas.
“Trabajamos para consolidar una universidad que sea protagonista fundamental del desarrollo económico y del progreso social del país”, dijo entonces a La Capital el secretario de Políticas Universitarias de la Nación, Oscar Alpa. Modalidades de enseñanza y aprendizaje (educación híbrida o a distancia), duración real de las carreras (solo 3 de cada 10 universitarios egresan en el tiempo teórico previsto por los planes de estudio), trayectos formativos (títulos intermedios que certifiquen saberes), movilidad internacional (internacionalizar el currículo), certificación voluntaria de la calidad, carrera de investigador (retomar la categorización) y la curricularización de la extensión universitaria son las siete líneas de trabajo pensadas para el período 2022-2023. La propuesta fue presentada a las autoridades de universidades públicas como ante el Consejo de Rectores de Universidades Privadas (Crup).
La duración de las carreras no es un tema menor. Datos de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) indican que solo el 33,5% de los nuevos inscriptos en universidades argentinas tiene menos de 20 años. Una cifra que evidencia un perfil de estudiante mucho más “envejecido” que la expectativa de estudiante tradicional, “lo que implica que su trayectoria real se encuentre atravesada por diversos factores, como compromisos familiares y laborales”, señalan desde la SPU, y agregan: “El hecho de asumir las características del perfil de ingreso que tienen los estudiantes debe interpelar y movilizar a la universidad a trabajar en nuevas estrategias para optimizar la práctica pedagógica, la calidad educativa, la permanencia y el egreso”.