Marcela y Mario, 50 años de un amor funense

"A Funes no lo cambiamos por nada, aunque se extraña el pueblo de antes", plantean. Las claves para sostener una relación feliz a través del tiempo

Martes 02 de Abril de 2024

Hay un video que compartió en sus redes Vanesa, la nuera de Mario Angelomé y Marcela Gaffuri, hace algunos días. En esas imágenes, se puede ver a la pareja sonriendo y de la mano durante la bendición que recibieron en la misma parroquia de Funes en la que se casaron hace 50 años.

La celebración siguió después, con la familia y amigos, en un restaurante de la zona. Como en 1974, no faltó la torta, aunque esta vez se sumaron las velitas. En los cumpleaños, y este sí que lo fue, se soplan y se piden deseos, nuevos y viejos deseos. "Marce y Mario. 50 años de amor", dice la frase que acompaña el video, mientras suena "Sin principio ni final" de Abel Pintos.

En épocas en las que todo parece ir demasiado rápido y muchos vínculos son frágiles, los 50 años de vida en común de Marcela y Mario pasan a ser noticia.

Aunque la historia puede parecer muy romántica, lo cierto es que este matrimonio funense construyó una relación sólida que tiene mucho más que ver con el amor real que con esas novelas rosas. "¿Si hay alguna fórmula? No, no creo. Paciencia, respeto... y el aguante de él, que es más grande que el mío. Yo soy más inquieta, más impulsiva. Pero se me pasa rápido. Mario es muy tranquilo. Supongo que no estar enojados por mucho tiempo es fundamental. Y acompañarse en los dolores, que han sido muchos, y en las alegrías", cuenta Marcela.

Sentados en el comedor de su casa, en pleno corazón de Funes, recuerdan su propia historia. Cómo se conocieron, qué les gustaba y les gusta del otro. El día de la boda, un 16 de marzo de 1974, algunas anécdotas, el nacimiento de los hijos y también los momentos difíciles.

Mario es el hijo de Humberto Angelomé, un hombre que fue presidente comunal de Funes durante 10 años. Incluso una de las calles principales tiene su apellido.

Nació en Rosario, hace 75 años, porque en ese momento en el pueblo no había ningún lugar seguro para los partos. A los pocos días sus padres lo llevaron al que era su hogar, que quedaba en el medio del campo en lo que ahora es el country San Sebastián. La segunda mudanza fue al poco tiempo, también en una zona campestre, frente al actual Kentucky.

Eran cinco hermanos. Mario el más chico, y el único que queda de esa gran familia.

thumbnail_Casamiento Marcela y Mario 24.jpg

Trabajó y mucho desde chico, en el campo. Fue a la Escuela Pública 125 y a la Secundaria Paul Harris, en Roldán. Intentó seguir con los estudios universitarios pero Rosario quedaba demasiado lejos y vivir en las afueras no era tarea sencilla.

Marcela se crió en la gran ciudad. Vivía en Tucumán entre España e Italia, pleno centro rosarino. Había terminado la secundaria en la Escuela Urquiza y empezó a estudiar Ciencias Económicas. "No me enganché y me puse a trabajar en Casa Angelini, un lugar que vendía sombreros, entre otros productos para varones", cuenta a este diario.

Resulta que ella tenía una tía que vivía en Funes, y en las vacaciones, desde adolescente, tomaba el tren para visitarla: "Me parecía lejísimo", recuerda con una sonrisa.

"Mi primo era de la misma edad que Mario. Ellos estaban por hacer el servicio militar y en ese entonces se formaban unas comisiones. Mi tía era madrina de una comisión en la que estaban los dos y me invitaron a la plaza San José a un acto. De ahí nos fuimos al Club San Telmo a tomar algo. No fue de esos amores a primera vista... pero empezamos a cruzarnos en los bailes. Mario no me daba tanta bolilla y eso me hizo picar (se ríe). Después, una noche, en una fiesta en el Club Industrial nos dimos el primer beso: fue un 17 de febrero", dice Marcela

"Era muy decidida, me dijo: ¿me vas a llevar al baile?", agrega Mario, y todavía se pone colorado con la situación.

Se pusieron formalmente de novios. Eso duró unos cinco años hasta que otra vez fue ella la que propuso avanzar en la relación. "Me parece que ya es hora de casarnos". El planteo fue bien recibido y pusieron fecha: el 16 de marzo.

El casamiento y la rueda pinchada

Un capítulo aparte merece la noche de la boda en la que la novia llegó una hora después porque el auto del tío de Mario, que era el que la llevaba hasta Funes, tenía una rueda pinchada y la auxiliar también. "Imaginate, pobre tío, los nervios que se agarró, era muy puntilloso, creo que a las 6 ya estaba en mi casa. De repente se dan cuenta de que tenía las gomas pinchadas. Sábado a la noche de hace 50 años, ¡andá a encontrar un taller abierto! Por suerte alguien le prestó una y pudimos llegar. La ceremonia empezó casi a las 11 de la noche. A Mario le avisamos al teléfono de un vecino lo que estaba pasando y a su vez ellos al cura, que nos había pedido puntualidad", se ríe Marcela.

Esa noche que comenzó con un tropiezo, como la vida misma, se convirtió en un recuerdo hermoso. La fiesta fue en una estancia cerquita de Roldán y todo salió como lo habían planeado. "Una noche preciosa", dicen.

Se fueron a Mar del Plata y a Bariloche de luna de miel. "Lo pasamos súper y encima nos tocaron días tan lindos que nos quedamos más tiempo de lo previsto".

Funes fue el lugar elegido para construir su historia juntos. "Nunca dudé, me gustaba y me gusta. La tranquilidad, el verde... Aunque es cierto que a veces extrañamos el pueblo de antes porque cambió muchísimo. Solemos decir que lo estamos conociendo de nuevo".

Marcela admite que era "re Susanita". Deseaba ser ama de casa y tener hijos. "Yo era feliz imaginando eso al lado de Mario".

Pero como no hay historias perfectas, la vida les mostró rápidamente su costado más áspero. El primer bebé falleció a los pocos días. Un golpe terrible para ambos.

Volvieron a intentarlo. Segundo embarazo. En el momento del nacimiento sucedió algo completamente inesperado: se enteraron de que eran dos. "Es que no había ecografías en esa época", dicen. Lamentablemente uno de los bebés no sobrevivió. Mario, el que resistió los embates de ser sietemesino, pasó casi dos meses entre el hospital y la habitación especial que le prepararon en su casa, que simulaba una neo.

A los pocos años llegó Carolina. "Teníamos un poco de miedo por todo lo que habíamos pasado, pero nos sentíamos unidos y fuertes. Creo que todo eso nos acercó más", cuenta Marcela. Mario asiente emocionado.

Aquella niña que fue criada con su hermano en un pueblo donde iban y venían solos y jugaban en la calle, "algo que todavía sucede en Funes" le dio los primeros nietos al matrimonio Angelomé: los gemelos León y Lorenzo, que ahora tienen poco más de un año. ¿Será que la vida tiene sus vueltas y a veces sus recompensas? "Viven en el mismo terreno que nosotros y son una bendición. Nos cambiaron para mejor, a nuestros 70 y tantos estamos felices de tenerlos cerca".

Llenos de entusiasmo al recordar sus años juntos, convencidos de que no hay reglas para perdurar en armonía siempre que haya afecto, respeto, compañerismo y también actividades independientes, Mario y Marcela siguen celebrando. "Nos pasaron muchas cosas ¡hasta la pandemia! en la que compartimos cada hora juntos, y acá estamos. Parece increíble pero sí, son 50 años de amor".