Los primeros movimientos de la Fórmula 1 en Interlagos, con alguien muy feliz y otro atormentado

Todos se tomaron con calma el inicio de la actividad en Interlagos, con uno que despertó y atendió todas las pasiones, y otro que ignoró a todo el mundo. Bien Franco Colapinto

11:55 hs - Viernes 06 de Noviembre de 2026

El Gran Premio de Brasil de Fórmula 1 empezó tranquilo en Interlagos. Al no haber formato de carrera sprint, todo el mundo pareció que se lo tomó con calma. De hecho, los pilotos llegaron poco antes de las dos horas de inicio de la actividad oficial, al autódromo enclavado en un sector de lagos de esta ciudad interminable. Pero igual quedaron bien marcadas algunas tendencias. Hubo un campeón que hizo las delicias de todos y otro que dejó a todo el mundo con las ganas. En el medio, Franco Colapinto, mate en mano, atendió casi todos los pedidos.

Franco Colapinto no fue de los primeros en llegar, pero lo hizo antes que Pierre Gasly. Ese privilegio les tocó los pilotos de Racing Bulls, Liam Lawson y Arvid Lindblad. Vestidos de calle, sin logos del equipo, el neocelandés que no sabe si continuará el año próximo se acercó a los fans, se dejó tomar varias fotos e inclusive le indicó a una de ellas cómo poner la cámara. El rookie inglés, tímido, hizo lo propio con sonrisas en el mismo tono.

El primer peso pesado en Interlagos

El que llegó a continuación se sabía que era un peso pesado por la cantidad de policías que rodeaban el auto. Y fue el tetracampeón Max Verstappen, con chomba de Red Bull, gorra y sin parar a firmar autógrafos, pero sí saludando a diestra y siniestra.

Detrás, uno de los tantos compañeros que fueron eyectados de la escudería, Alex Albon, entraba desapercibido y saludaba a los que se lo pedían.

Enseguida, otro peso pesado llegó con tan pocas pulgas que ni levantó la vista, apurando el paso. La fanática vestida con los colores de Aston Martin y un pequeño caso símil al de Fernando Alonsol, se quedó con las ganas. El humor del asturiano, a la par con el pésimo presente del equipo.

Otro gran despliegue enseguida, pero no sé trató de un piloto sino del que quiere volver a traer el Gran Premio a la Argentina, el jefe de gobierno porteño Jorge Macri, junto al secretario de Deportes Fabián Turnes.

Bortoleto se pegó un susto

También Gabriel Bortoleto suscitó un gran revuelo cuando llegó. El local brasileño atendió a todo el mundo, menos a un grupo musical que le soltó un petardo de esos que tiran papeles, lo asustó y siguió de largo.

Tras el brasileño, el lugar se alteró con la llegada del campeón y del que aspira algún día a sucederlo. El italiano y el argentino, Kimi Antonelli y Franco Colapinto.

Antonelli atendió a todo el mundo, de principio a fin del corredor armado antes de la entrada al paddock. De un lado y del otro. Gorra azul y zapatillas beige, pantalón negro y una remera grande blanca con el dibujo de Seninha,el niño Senna, les sonrió a todos como un verdadero campeón.

Mate en mano, infaltable, pantalón y zapatillas del mismo tono al italiano, pero con el ruedo casi pisándoselo, Colapinto también atendió a todo el mundo, aunque más rápido y sin tantas sonrisas como el italiano que en Brasil estrena su título.

Los otros de habla hispana que irrumpieron en ese momento, fueron Carlos Sainz y Checo Pérez. Mucho más atento y simpático el mexicano. Ninguna novedad, mientras el amable Yuki Tsunoda despertaba también entusiasmo mientras espera una nueva oportunidad.

Lewis Hamilton y Charles Leclerc fueron los últimos, siempre con el inglés llamando la atención de todo el mundo, sin dudas uno de los más queridos de la Fórmula 1, aunque el monegasco no se le queda corto. Alguno más pasó por ahí sin crear grandes emociones. La principal la puso Kimi Antonelli, Colapinto hizo lo suyo y en el otro extremo Alonso dejò les pintó la cara a todos. Síntesis del año de cada uno.