Rescatar alimentos, reducir impactos: una tarea que nos involucra a todos

En Rosario y en todo el país, los bancos de alimentos trabajan para que productos aptos para el consumo no terminen descartados, sino que lleguen a quienes los necesitan.

10:38 hs - Martes 03 de Noviembre de 2026

¿Qué pasa con los alimentos que todavía se pueden consumir, pero que por distintas razones ya no se venden? ¿Y qué sentido tiene descartarlos mientras tantas personas tienen dificultades para acceder a una alimentación adecuada?

Estas preguntas ayudan a entender la importancia del trabajo que realizan el Banco de Alimentos de Rosario (BAR) y la Red de Bancos de Alimentos de Argentina (REDdBA). Ambas instituciones trabajan para recuperar alimentos que quedaron fuera del circuito comercial, aunque siguen siendo aptos para el consumo, y hacerlos llegar a organizaciones sociales que brindan servicios de alimentación gratuita.

En Rosario, esta tarea tiene un alcance concreto. Según los datos publicados en su página oficial, el BAR entrega más de 118.000 kilos de alimentos por mes, trabaja con más de 300 organizaciones beneficiarias y alcanza a más de 78.000 personas. Detrás de esos números hay un trabajo que comienza con la articulación con empresas y productores, continúa con la recepción y clasificación de los alimentos y termina cuando estos llegan a comedores y otras instituciones de la ciudad y sus alrededores.

Uno de los ejemplos es RecupeBAR, un programa creado en alianza con la Municipalidad de Rosario y el Mercado de Productores, al que después se sumó el Mercado de Concentración de Fisherton. Desde su creación en 2017, el programa ya recuperó más de 1,7 millones de kilos de frutas y verduras aptas para el consumo. Alimentos que no encontraron salida comercial pudieron así convertirse en parte de las comidas que reciben distintas comunidades.

A escala nacional, el trabajo de la Red de Bancos de Alimentos de Argentina amplía este esfuerzo mediante la coordinación entre organizaciones y la articulación con donantes y entidades sociales. Según la publicación Hambre y desperdicio, dos caras de la misma crisis, difundida por la Red, durante 2025 se recuperaron más de 21 millones de kilos de alimentos. Ese volumen permitió generar más de 63 millones de platos de comida, distribuidos a través de 4.968 organizaciones sociales y destinados a más de un millón de personas en todo el país.

Una cuestión social, ambiental y económica

Recuperar alimentos permite conectar tres problemas que muchas veces se analizan por separado: las dificultades de acceso a una alimentación adecuada, el desperdicio de recursos naturales y las pérdidas económicas que se producen a lo largo de la cadena alimentaria.

La dimensión ambiental va mucho más allá de la comida que termina en un relleno sanitario. Cada alimento que se pierde lleva consigo una parte del agua, la energía, el suelo y el trabajo utilizados para producirlo, procesarlo y transportarlo. También se desperdician los recursos invertidos en su almacenamiento y distribución.

El día a día en un banco de alimentos.

Por eso, reducir las pérdidas y el desperdicio es una de las formas de mejorar el aprovechamiento de los recursos. Y tiene una relación directa con la agenda climática: los productos que se desechan y terminan en rellenos pueden generar metano durante su descomposición, mientras que las emisiones asociadas a su producción y distribución ya se produjeron. Evitar que un alimento se pierda permite prevenir parte de esos impactos. La magnitud del beneficio depende del tipo de alimento, de la etapa en que se recupera y de qué habría ocurrido con él si no se hubiera rescatado.

Pero hay otra cuestión igual de importante. Para que un excedente se convierta en una oportunidad, hace falta identificarlo a tiempo, verificar que sea apto para el consumo, organizar su transporte y garantizar que llegue a quienes pueden aprovecharlo. Esa tarea requiere infraestructura, planificación y coordinación entre productores, empresas, bancos de alimentos y organizaciones sociales.

En ese proceso también aparece el valor económico de la recuperación. Un producto que pierde su salida comercial no necesariamente perdió su valor alimentario. Contar con canales de donación permite aprovechar ese valor, reducir el volumen de descarte y fortalecer a las instituciones que los distribuyen. Para las organizaciones sociales, recibir alimentos representa además un alivio en sus recursos y puede liberar capacidad para atender otras necesidades de las personas a las que acompañan.

Una conversación necesaria para la agenda climática

Estas fueron las perspectivas que se abordaron en el panel “Rescatar alimentos, reducir impactos”, llevado a cabo durante la Semana del Clima Rosario 2026. El encuentro reunió a ambas instituciones para conversar sobre la recuperación de alimentos desde una mirada de triple impacto.

Que esta temática forme parte de la agenda ambiental es clave. La acción frente al cambio climático también pasa por revisar prácticas cotidianas, mejorar el aprovechamiento de los recursos y construir acuerdos entre empresas, organizaciones sociales y gobiernos.

El trabajo de los bancos de alimentos muestra que no siempre hace falta producir más para responder a una necesidad: muchas veces, también es necesario organizar mejor lo que ya producimos y evitar que se pierda.

Reducir el desperdicio, mejorar el acceso a los alimentos y cuidar los recursos pueden ser objetivos que avancen juntos. Para lograrlo, el desafío es sostener y ampliar las iniciativas que ya existen, fortalecer las alianzas y asumir que aprovechar mejor nuestros alimentos es una responsabilidad compartida.