Minerales críticos: nuevos protagonistas, ¿las mismas lógicas de poder?

La creciente demanda de minerales críticos no escapa a las lógicas del poder internacional, pese a los esfuerzos por impulsar una mayor cooperación.

16:01 hs - Jueves 30 de Julio de 2026

Cada vez es más frecuente escuchar hablar de minerales como el litio, el cobalto, las tierras raras o el níquel en noticias vinculadas con la política internacional y las relaciones entre las grandes potencias y los países productores de estos recursos. ¿A qué se debe este creciente protagonismo?

La respuesta radica en que estos llamados minerales críticos son insumos esenciales para la fabricación de turbinas eólicas, paneles solares, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía. En otras palabras, son piezas fundamentales de la transición energética hacia fuentes más limpias.

Sin embargo, hablar de una transición desde energías contaminantes hacia energías limpias no implica necesariamente un cambio en las lógicas que organizan las relaciones internacionales. Hay una que permanece constante: la lógica del poder. Los minerales críticos han dejado de ser un recurso neutral para convertirse en objeto de competencia geopolítica y comercial.

La evidencia es contundente. Según los informes de Naciones Unidas, en los últimos años se firmaron 73 acuerdos y asociaciones internacionales vinculados con estos recursos; 58 de ellos fueron suscriptos desde el año 2022. Todo indica que se desarrolla una carrera silenciosa por asegurar el abastecimiento antes de que el nuevo tablero energético termine de configurarse.

Frente a este escenario y ante el riesgo de una creciente fragmentación en bloques y alianzas, las Naciones Unidas decidieron intervenir. En julio de 2026 convocaron una Reunión de Alto Nivel con un objetivo claro: sentar las bases de una cooperación internacional ordenada, transparente y equitativa en torno a los minerales críticos.

El 14 de julio de 2026, el Secretario General Adjunto en funciones de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), Pedro Manuel Moreno, participó en la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Minerales Esenciales para la Transición Energética. Allí sostuvo que el aumento de la demanda de minerales como el cobre, el litio y el cobalto debe traducirse en "mayor valor añadido, diversificación económica y prosperidad compartida para los países y comunidades productores de minerales".

Moreno también advirtió sobre los desafíos que acompañan esta oportunidad. Se estima que la demanda de minerales críticos se triplicará hacia 2030 y, sin una gestión responsable, podrían profundizarse problemas económicos, ambientales y sociales.

Uno de los principales riesgos es la volatilidad de los precios, determinada tanto por la demanda internacional como por la especulación financiera y los acontecimientos geopolíticos, una dinámica ya conocida en mercados como el del petróleo y el gas. Si, además, los países productores no logran diversificar sus economías, existe el riesgo de consolidar una fuerte dependencia de estos recursos.

Otro desafío está relacionado con la estructura de las cadenas globales de suministro. Como ocurre con muchas materias primas, suele reproducirse una división internacional del trabajo en la que unos países extraen y exportan los recursos, mientras otros concentran las capacidades tecnológicas e industriales para refinarlos y transformarlos en productos de mayor valor agregado. Esta distribución coloca a los países productores en una posición de desventaja.

A ello se suman los riesgos ambientales y sociales asociados a una explotación inadecuada, que pueden afectar los medios de vida, la salud, la seguridad de las comunidades locales y las condiciones laborales.

El desafío consiste, entonces, en garantizar que los beneficios derivados de estos recursos alcancen efectivamente a los países y comunidades que los poseen. Con ese objetivo, la reunión convocó a gobiernos, organismos internacionales, empresas, organizaciones de la sociedad civil y pueblos indígenas para avanzar hacia un marco de cooperación internacional basado en cadenas de valor transparentes, equitativas y sostenibles. Los debates se centraron en el desarrollo económico sostenible, la integridad ambiental, una transición energética justa y el fortalecimiento de la gobernanza, la transparencia y la trazabilidad de estas cadenas de valor.

Ahora bien, ¿significa esto que las Naciones Unidas buscan regular los minerales de los países productores? No exactamente. Lo que se está construyendo es una arquitectura de cooperación. Desde 2024 el organismo impulsa paneles de expertos, grupos técnicos y mecanismos de apoyo orientados a formular principios comunes y de adhesión voluntaria para ordenar este nuevo escenario. El objetivo es evitar que una transición pensada para enfrentar la crisis climática termine reproduciendo las mismas desigualdades que caracterizaron al modelo extractivo basado en los combustibles fósiles.

En ese sentido, Moreno sintetizó el espíritu de la reunión al señalar que el éxito de la transición energética no debería medirse únicamente por la reducción de emisiones, sino también por la capacidad de fortalecer las instituciones, proteger los ecosistemas y mejorar las condiciones de vida de las comunidades que suministran los minerales indispensables para la economía de energía limpia.

Estas preocupaciones cobran mayor relevancia porque la oferta mundial de minerales críticos está altamente concentrada. La República Democrática del Congo produce el 74% del cobalto; China concentra el 78% del grafito natural; mientras que Australia, China y Chile reúnen cerca del 70% de la producción mundial de litio. Buena parte de estos recursos se localiza en países del Sur Global, aunque el refinado y el procesamiento —las etapas que generan mayor valor agregado— permanecen concentrados en economías como China e Indonesia.

La UNCTAD identificó, además, 73 acuerdos y asociaciones internacionales en torno a estos minerales, lo que confirma que ya no se trata únicamente de una cuestión ambiental o energética, sino también de un escenario de competencia comercial y estratégica. La proliferación de acuerdos superpuestos podría incluso derivar en una creciente fragmentación del sistema internacional y obligar a los países productores a elegir entre distintos bloques de cooperación.

En este contexto, Estados Unidos avanza con una estrategia orientada a disputar con China el liderazgo de estas cadenas de suministro. La Cumbre Ministerial sobre Minerales Críticos, convocada por Washington en febrero de 2026, culminó con la firma de 11 memorandos de entendimiento con países de América Latina, Asia, África y Medio Oriente. El objetivo es diversificar las cadenas globales de suministro y reducir la dependencia respecto de China, que actualmente concentra alrededor del 70% de la minería de tierras raras y el 90% de su procesamiento.

En definitiva, el nuevo tablero internacional se configura en torno a dos dinámicas simultáneas: por un lado, la competencia entre Estados Unidos y China por el control de las cadenas de suministro; por otro, el intento de las Naciones Unidas de promover reglas de cooperación que permitan una transición energética más predecible, abierta e inclusiva. El desafío será que los minerales críticos no reproduzcan viejas desigualdades bajo un nuevo paradigma energético, sino que se conviertan en una oportunidad de desarrollo compartido.