Lo advertimos, tomamos acción y ahora proponemos soluciones

Cómo el ambiente puede ayudarnos a ganar mercados, pero también dejarnos afuera de las grandes oportunidades

11:01 hs - Viernes 03 de Julio de 2026

Durante años, quienes trabajamos en temas ambientales fuimos vistos como una minoría preocupada por problemas futuros. Hoy la realidad nos alcanzó. La crisis climática ya no es una discusión académica, es una realidad económica, productiva y geopolítica. Los eventos extremos se multiplican, las temperaturas globales baten récords y las exigencias ambientales comienzan a definir quién puede comerciar con el mundo y quién queda afuera.

Desde la FNGA venimos siguiendo esta evolución desde hace más de treinta años. Vimos cómo la cuestión ambiental pasó de ser un tema marginal a ocupar un lugar central en la agenda pública. También observamos algo paradójico: mientras crecía la conciencia ambiental, especialmente entre los jóvenes, la política fue encapsulando el debate.

Aparecieron los partidos verdes, que hicieron del ambientalismo su única bandera. Sin embargo, lejos de ampliar consensos, muchas veces terminaron generando el efecto contrario. Al obtener porcentajes electorales reducidos -en la mayoría de los casos por debajo del 10%-, el mensaje implícito fue que el ambiente pertenecía a una minoría ideológica y no a la sociedad en su conjunto. Del otro lado, surgieron sectores que comenzaron a asociar cualquier discusión sobre desarrollo sostenible con una supuesta agenda “woke”.

Ambos enfoques resultan igualmente equivocados. El ambiente no es de izquierda ni de derecha. La sostenibilidad atraviesa ideologías porque atraviesa intereses nacionales. No debería ser patrimonio de ningún partido, sino transversal a todos. Durante mucho tiempo nuestro país pudo darse el lujo de ignorar estas discusiones porque estaba relativamente aislado de los grandes mercados. Pero cuando uno decide integrarse al mundo descubre que las exigencias ambientales ya forman parte de las reglas del juego.

La reciente discusión en Suiza sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) -integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein- es una muestra contundente. Si bien aún puede revertirse, la Cámara Baja suiza rechazó inicialmente el tratado y entre los argumentos aparecieron cuestionamientos vinculados al desempeño ambiental de algunos países del Mercosur, especialmente en materia de deforestación y expansión agrícola.

Detrás de esas discusiones aparece un concepto técnico que será cada vez más frecuente: ILUC (Indirect Land Use Change o Cambio Indirecto del Uso de la Tierra). La Unión Europea utiliza este criterio para evaluar si determinados biocombustibles generan realmente una reducción de emisiones o si, indirectamente, promueven la expansión agrícola sobre ecosistemas naturales.

Podemos estar de acuerdo o no con algunos de estos criterios, cuestionar sus metodologías o denunciar posibles barreras paraarancelarias encubiertas. Pero hay algo que no podemos hacer: ignorarlos. Porque mientras discutimos si las reglas son justas, los mercados ya las están aplicando.

Desde la FNGA organizamos la primera delegación oficial de la Argentina que visitó los países del EFTA, participó de reuniones con tomadores de decisión y siguió de cerca estos debates. También estuvimos presentes en organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC) impulsando una posición clara: Argentina puede cumplir los compromisos ambientales y posee enormes oportunidades para transformarse en proveedor global de productos sostenibles.

Santa Fe tiene condiciones excepcionales para liderar este proceso. Contamos con un sector agropecuario altamente competitivo, una industria de biocombustibles de relevancia internacional y un ecosistema científico capaz de desarrollar soluciones innovadoras. Pero necesitamos políticas que acompañen la adopción de buenas prácticas, la producción regenerativa y la trazabilidad ambiental.

Por eso impulsamos espacios de diálogo como la Semana del Clima de Rosario y trabajamos junto al IICA y la Coalición Panamericana de Biocombustibles Líquidos para vincular producción y sostenibilidad en lugar de enfrentarlas.

La discusión ambiental ya está sobre la mesa. Podemos abordarla por convicción o por estrategia, pero no ignorarla. Porque el ambiente puede transformarse en una ventaja competitiva para Argentina, o puede convertirse en la excusa perfecta para cerrarnos las puertas de los mercados más dinámicos y de mayor poder adquisitivo del mundo.

La diferencia entre una opción y la otra dependerá de nuestra capacidad para anticiparnos. Nosotros lo advertimos hace años. Actuamos cuando todavía parecía un problema del futuro. Y hoy proponemos soluciones a nivel local e internacional en los diferentes foros, para que nuestro país y Santa Fe no se queden afuera.