Los acuerdos del Mercosur con la UE y la EFTA abrieron el debate sobre mercados, trazabilidad y ambiente en la Semana del Clima de Rosario.
14:13 hs - Lunes 02 de Noviembre de 2026
¿Qué necesita un producto de nuestra región para llegar a Europa? El precio y la calidad siguen siendo decisivos, pero también importa cómo fue producido, de dónde proviene y qué impacto dejó en el ambiente. Esa relación entre comercio y sostenibilidad atravesó el panel “Impacto local de los nuevos acuerdos comerciales”, realizado el 15 de octubre durante la Semana del Clima de Rosario.
Con la moderación de Diego Sueiras, participaron Magalí Sol Giovanelli Petito, del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI); Cristian Ugarte, economista senior de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA); Luca Urech, jefe adjunto de Misión de la Embajada de Suiza; Matías Contardi, de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR); y Verónica Gutman, de UBA y FLACSO.
Para la región, el vínculo con Europa tiene un peso concreto. Según los datos presentados por Contardi, el 85% de las exportaciones argentinas a la Unión Europea corresponde a productos agroindustriales. El complejo soja representa cerca del 45% de esos envíos, tomando el promedio de 2016 a 2025. Las oportunidades comerciales varían según el producto, con reducciones arancelarias y cupos de acceso.
En ese contexto, la trazabilidad adquiere especial relevancia. La BCR presentó VISEC, una plataforma nacional de trazabilidad ambiental de la agroindustria, que aporta información verificable sobre el origen de la producción mediante la geolocalización de lotes y la validación satelital.
Gutman, por su parte, puso cifras al alcance de las medidas ambientales europeas. Presentó los resultados del estudio “Argentina ante el Pacto Verde de la Unión Europea: el impacto en las exportaciones”, que analizó dos mecanismos con efectos muy diferentes. Según la investigación, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) tendría un impacto marginal, equivalente al 0,02% de las exportaciones argentinas totales. En cambio, el mecanismo de productos libres de deforestación podría tener un impacto sustantivo, sobre aproximadamente el 40% de las exportaciones de bienes a la Unión Europea. Allí radica la importancia de estudiar cómo Argentina puede adaptarse a esos requerimientos.
Asimismo, Giovanelli Petito abordó el acuerdo Mercosur–Unión Europea desde su dimensión comercial y geopolítica. Vinculó las oportunidades de diversificación de exportaciones y atracción de inversiones con la necesidad de financiamiento, adecuación normativa y cooperación entre los sectores público y privado.
Urech destacó que Suiza busca diversificar su intercambio comercial con Argentina a través del acuerdo EFTA–Mercosur. Lo describió como el más moderno que el país ha negociado, entre los 40 acuerdos que ya tiene firmados, y señaló a la sostenibilidad como uno de los aspectos que lo distinguen.
Por su parte, Ugarte presentó oportunidades del acuerdo Mercosur–EFTA para productos como maíz, harina de soja, carne vacuna y miel, sujetas a cupos y a las ratificaciones correspondientes. También detalló compromisos de acción climática, protección de bosques y biodiversidad, y trabajo decente. Entre ellos, la obligación de no debilitar las protecciones laborales o ambientales para favorecer el comercio o atraer inversiones.
Para Rosario y Santa Fe, estas discusiones conectan las negociaciones internacionales con decisiones de productores, industrias y exportadores. El desafío es que las posibilidades de acceso a nuevos mercados puedan traducirse en oportunidades concretas para la producción regional. Aprovechar estos acuerdos exige preparar a la producción regional para competir en mercados donde la sostenibilidad ya forma parte de las condiciones de acceso.