El Súper Niño y la IA exigen más que nunca la coordinación de acciones: la adaptación a fenómenos complejos no se resuelve desde eslabones aislados.
10:40 hs - Martes 03 de Noviembre de 2026
En octubre, Rosario habló de clima y de tecnología, dos agendas que parecen distintas, pero en esta ciudad el agro, la transición climática y la innovación tecnológica son tres caras de un mismo problema.
El Gran Rosario consolidó en 2025 su lugar como el principal nodo portuario agroexportador del mundo, con 75,7 millones de toneladas embarcadas según la Bolsa de Comercio. Por estas costas sale buena parte de lo que produce un sector que ya siente el cambio climático en cada campaña. El Súper Niño que se anuncia lo muestra con crudeza: estimaciones de la NOAA y CEPAL advierten una alta probabilidad de que alcance magnitudes históricas. La lluvia puede traer buenos rendimientos, pero también excesos hídricos, lotes anegados y desbordes de ríos que no reconocen alambrados.
El nudo del problema no es solo técnico. Es la falta de coordinación entre los actores de la cadena para responder a fenómenos multifactoriales como el cambio climático y la singularidad tecnológica. Cuando cada uno mira únicamente su eslabón, la adaptación llega tarde y los costos los paga todo el sistema.
Desde CREA, a través de CREAlab, buscamos acortar esa distancia: acercar a los productores, que usan la tecnología, con las startups que la desarrollan. Muchas de esas innovaciones no proponen solamente más eficiencia productiva, sino un cambio de paradigma hacia una forma de producir más sustentable. El caso de DeepAgro —startup rosarina que pasó por CREAlab— lo ilustra a la perfección: su sistema de pulverización selectiva con inteligencia artificial reduce hasta un 90% el uso de herbicidas, cuidando el ambiente y los números del negocio.
Eso mismo buscamos con la Rosario Tech Week: acercar la innovación a sectores tradicionales como el agro para empezar a hablar de problemas comunes. Como plantea Kate Raworth, el desafío del siglo XXI es crear economías regenerativas y distributivas por diseño. En Rosario, esa transformación empieza cuando el agro, la tecnología y el clima dejan de verse como agendas separadas.