El trabajo en la era de la IA: el riesgo de que el centro se vacíe

La escena se repite: un profesional escribe una instrucción y, en segundos, la IA genera informes o análisis que antes requerían horas y hoy se resuelven en minutos

11:41 hs - Martes 31 de Marzo de 2026

Detrás de esa ganancia de eficiencia se está produciendo algo más profundo: una transformación silenciosa del trabajo que ya no pasa por el reemplazo de la fuerza física, sino por la intervención directa en nuestras capacidades cognitivas. El Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano de América Latina y el Caribe de Gustavo Beliz, lo plantea con claridad: estamos frente a una tecnología de propósito general que no solo reorganiza la producción, sino que también incide sobre la forma en que pensamos. En este nuevo escenario, la pregunta clave es cómo la IA está reconfigurando el trabajo. Y en esa reconfiguración hay un punto crítico: el impacto sobre los empleos de calificación media.

Durante décadas, esos empleos —administrativos, contables, comerciales— fueron el sostén de la clase media y el principal canal de movilidad social en América Latina. Hoy, sin embargo, son los más expuestos a la IA generativa. No porque desaparezcan de inmediato, sino porque muchas de sus tareas —procesar información, redactar, analizar— pueden ser realizadas por algoritmos de manera cada vez más eficiente.

Lo que empieza a observarse hoy es un proceso conocido: la polarización laboral. El mercado de trabajo se reorganiza en dos extremos. Por un lado, crecen los empleos altamente calificados, donde la IA funciona como una herramienta que amplifica la productividad. Por otro, persisten trabajos de baja calificación, especialmente aquellos vinculados a tareas manuales difíciles de automatizar. En el medio, sin embargo, los empleos intermedios comienzan a perder peso.

El impacto, además, atraviesa de manera desigual a distintos grupos sociales. En el caso de las mujeres, la IA generativa introduce un cambio significativo. A diferencia de las olas previas de automatización, que afectaron principalmente a sectores industriales masculinizados, esta tecnología impacta con mayor fuerza en tareas administrativas, donde la participación femenina es alta. Los jóvenes, por su parte, enfrentan otro tipo de desafíos. Muchas de las tareas que funcionaban como puerta de entrada al mercado laboral son precisamente las que la IA puede automatizar con mayor facilidad.

Con relación al cambio climático, un documento reciente de Ser futuro muestra que el empleo verde se ha consolidado como uno de los tres pilares de los “empleos resilientes”, impulsado por la transición hacia economías sostenibles y la necesidad de mitigar el cambio climático. Sin embargo, en América Latina y el Caribe su desarrollo es aún incipiente.

Este análisis dialoga directamente con el Atlas, que plantea que IA no es solo una tecnología, sino una “infraestructura transversal” que redefine la productividad y la organización del trabajo. Desde esta perspectiva, el desafío para la región no es solo expandir el empleo verde, sino tecnologizarlo: incorporar capacidades digitales, datos e IA para aumentar su complejidad, productividad y valor agregado. De lo contrario, existe el riesgo de una “doble trampa”: empleos verdes de baja calificación y, al mismo tiempo, vulnerables a la automatización.

En última instancia, el riesgo no es un desempleo masivo inmediato. Es algo más sutil y potencialmente más profundo: un mercado laboral más fragmentado. Pero también existe la posibilidad de que la IA se convierta en una herramienta para ampliar capacidades, democratizar el acceso al conocimiento y construir nuevas formas de trabajo.

Entre ambos escenarios no hay determinismo tecnológico. Hay decisiones. Y como sugiere el propio Atlas, el desafío no es adaptarse pasivamente a la IA, sino orientarla hacia un proyecto de desarrollo humano. Porque, en definitiva, el futuro del trabajo no lo definirá la tecnología, sino la forma en que decidamos usarla.