El Niño y un desafío para las empresas: gestionar el riesgo climático

El fenómeno pronosticado con intensas lluvias podría perjudicar redes de transporte y abastecimiento.

Miércoles 02 de Septiembre de 2026

Para las empresas, conocer los riesgos y planificar respuestas es una decisión estratégica. Cuando una lluvia intensa interrumpe una ruta, el problema no termina en el camino anegado. Puede detenerse un camión con materias primas, demorarse un embarque, faltar un insumo en una planta, postergarse una entrega o quedar comprometida una producción. El clima puede convertirse, en cuestión de horas, en un problema para toda una cadena de valor.

Ese es uno de los aspectos menos visibles de los fenómenos climáticos extremos: sus efectos no se limitan al lugar donde ocurre el evento. En una economía conectada por rutas, puertos, ferrocarriles, plantas industriales, proveedores y centros de distribución, una interrupción puede propagarse rápidamente.

El escenario merece especial atención este año. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó en junio una probabilidad del 80% de que se instalará un episodio de El Niño entre junio y agosto de 2026 y, posteriormente, señaló que el fenómeno se intensifica y podría condicionar las pautas climáticas mundiales durante los próximos meses. La organización advierte, además, que los efectos de El Niño no son iguales en todos los territorios: dependen de su intensidad, duración, época del año y de la interacción con otros factores climáticos.

En Argentina, uno de los focos de atención está puesto en la región del Litoral y la Cuenca del Plata. Allí, los episodios de El Niño suelen asociarse con una mayor probabilidad de precipitaciones abundantes y excesos hídricos. El INTA señala que esto puede afectar especialmente las zonas bajas, las riberas y los territorios próximos a los cursos de agua, donde aumentan las posibilidades de anegamientos. Pero anticiparse no significa solamente prepararse para una inundación.

El riesgo también está en lo que no vemos

Una empresa puede estar ubicada fuera de una zona inundable y, aun así, ser vulnerable a una inundación.

La razón está en sus dependencias. ¿De dónde llegan sus materias primas? ¿Por qué rutas? ¿Qué proveedores son críticos? ¿Qué ocurre si un distribuidor no puede ingresar? ¿Cuánto tiempo puede sostenerse la producción si se interrumpe un suministro? ¿Qué infraestructura necesita para continuar operando? ¿Qué sucede con los trabajadores si no pueden llegar a la planta? ¿Cómo llegan sus colaboradores a su trabajo?

Estas preguntas permiten cambiar la mirada: del evento climático al riesgo que ese evento representa para una organización. Estas preguntas permiten cambiar la mirada e internalizar el riesgo asociado a los eventos climáticos.

El riesgo puede entenderse como la probabilidad de que una amenaza produzca daños al actuar sobre una población, sus bienes o activos en condiciones de vulnerabilidad. Según la Estrategia Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (EIRD), el riesgo es una función de la interacción entre la amenaza, la exposición de la población y sus bienes y las condiciones de vulnerabilidad existentes.

Estos factores no son estáticos: pueden modificarse en función de las capacidades institucionales e individuales para anticiparse, responder y adoptar medidas orientadas a reducir el riesgo. Del mismo modo, los modelos sociales, territoriales y ambientales de desarrollo pueden incrementar la exposición y la vulnerabilidad y, en consecuencia,agravar los niveles de riesgo existentes

Un mapa de riesgo no es simplemente un bosquejo que muestra dónde puede inundarse. Surge de combinar información sobre la amenaza con las condiciones de vulnerabilidad y permite identificar dónde se concentran los mayores riesgos. La herramienta sirve para orientar decisiones, priorizar intervenciones y anticipar consecuencias.

Para una empresa, esa lógica puede trasladarse a una pregunta muy concreta: ¿qué parte de mi actividad podría dejar de funcionar si determinado evento ocurre?

Responderla permite construir su mapa de riesgo que contemple instalaciones, accesos, proveedores, clientes, servicios y vías de transporte. Y, sobre esa información, establecer prioridades y mecanismos de acción frente a diferentes escenarios posibles

De la emergencia a la anticipación

El desafío consiste en dejar de pensar la gestión climática exclusivamente como una respuesta posterior al desastre.

La OMM destaca que los actuales sistemas de pronóstico estacional permiten anticipar determinadas pautas climáticas con entre uno y seis meses de antelación. Esa información puede convertirse en alertas tempranas y ayudar a sectores sensibles al clima a planificar operaciones, activar protocolos y reducir pérdidas.

En Argentina, la preparación frente a El Niño ya está siendo abordada desde una lógica de coordinación. En mayo, organismos nacionales y representantes de las provincias de la Cuenca del Plata participaron de una Mesa de Alerta Temprana y Preparación para El Niño 2026. El objetivo fue evaluar escenarios de riesgo, coordinar capacidades y avanzar en protocolos para responder ante posibles eventos extremos.

La enseñanza para el sector productivo es clara: la información climática tiene valor cuando puede transformarse en una decisión

Puede significar adelantar una compra, modificar una ruta logística, revisar stocks, proteger equipos, trasladar materiales a zonas seguras, reforzar sistemas de drenaje, definir mecanismos de trabajo remoto o establecer qué proveedores alternativos estarán disponibles ante una interrupción, definir protocolos de emergencia para asegurar la integridad de los colaboradores.

No todas las empresas necesitan las mismas respuestas. Precisamente por eso, conocerel riesgo propio es el primer paso.

En este sentido, una industria puede superponer información climática con la ubicación de sus instalaciones y sus principales rutas de abastecimiento. Una empresa logística puede identificar corredores alternativos. Un parque industrial puede reconocer infraestructura compartida cuya interrupción afectaría a varias compañías. Una cámara empresarial puede detectar vulnerabilidades comunes y trabajar junto al Estado en soluciones de infraestructura o protocolos de emergencia.

La escala también importa. El riesgo de una empresa puede estar dentro de un riesgo mayor: el de una ciudad, una cuenca o una región productiva.

La gestión del riesgo deja así de ser una tarea exclusiva de organismos de emergencia. También forma parte de la continuidad del negocio, de la planificación territorial y de la toma de decisiones de inversión.

El clima también entra en la agenda financiera

Hay otra transformación que empieza a consolidarse: el riesgo climático ya no es solamente ambiental.

La Estrategia Nacional de Finanzas Sostenibles, adoptada por la Resolución 696/2023 del Ministerio de Economía, plantea la necesidad de identificar los riesgos asociados al cambio climático a los que están expuestos distintos actores y fortalecer las capacidades tanto del sector público como del privado para gestionarlos. La estrategia incorpora, además, las dimensiones ambientales, sociales y de gobernanza en la toma de decisiones financieras.

Esto modifica la pregunta que las empresas deberían hacerse.

No se trata solamente de cuánto cuesta reparar una planta después de una inundación. También importa cuánto cuesta no poder producir, perder una entrega, interrumpir una cadena de suministro o quedar expuesto ante un evento que podía haberse previsto.

La anticipación puede ser, en ese sentido, una inversión.

Una mirada regional construida entre todos

Para CIMPAR, Comisión Público Privada de Sustentabilidad Ambiental, esta perspectiva forma parte de una trayectoria de trabajo que este año cumple 25 años.

Desde 2001, CIMPAR funciona como un espacio de cooperación y articulación entre empresas, gobierno, universidades, asociaciones profesionales y otras instituciones, con el objetivo de generar propuestas para mejorar la sustentabilidad en la región. Su misión incluye la generación de contenidos técnicos, capacitaciones, divulgación y proyectos de impacto positivo mediante el trabajo participativo y las alianzas.

La experiencia de estos 25 años permite entender que los desafíos ambientales más relevantes no se resuelven desde un solo sector. Requieren conocimiento científico, políticas públicas, compromiso empresarial y capacidad de diálogo y es en ésta interrelación donde CIMPAR genera su mayor valor.

El cambio climático y los eventos extremos profundizan esa necesidad de abordaje conjunto.

Frente a El Niño, anticiparse no significa intentar adivinar exactamente cuándo lloverá, cuánto crecerá un río o qué ruta quedará interrumpida. Significa conocer las vulnerabilidades, monitorear la información disponible, identificar los puntos críticos y contar con alternativas antes de que llegue la emergencia.

Para las empresas, el desafío es incorporar esa mirada a la gestión cotidiana. Para el sector público, generar información, infraestructura y sistemas de alerta que permitan tomar mejores decisiones. Para las universidades y especialistas, producir conocimiento que pueda ser utilizado. Y para los espacios de articulación, como CIMPAR, conectar esas capacidades