El futuro de los biocombustibles: la navegación y la aviación

Tras la expansión en el transporte terrestre, la nueva frontera está en los Biocombustibles Sostenibles de Aviación (SAF) y los biocombustibles marítimos, con el agro como protagonista.

14:18 hs - Miércoles 02 de Septiembre de 2026

Durante buena parte de las últimas dos décadas, hablar de biocombustibles fue hablar casi exclusivamente de transporte terrestre. El bioetanol encontró su lugar como sustituto de las naftas (gasolinas) y el biodiésel como complemento del diésel fósil. Lo que comenzó como una política concentrada en pocos países se transformó en un mercado global, con mandatos de mezcla, programas de reducción de emisiones y una industria que hoy consume 180 millones de metros cúbicos anuales y en más de 60 países del mundo.

El desarrollo masivo en el mercado de los biocombustibles para el transporte terrestre se dio de la mano del desarrollo de cadenas de valor agrícolas con tres características: materias primas abundantes, sostenibles y económicas. De esta manera, cultivos como el maíz y la caña de azúcar permitieron escalar la producción de bioetanol, mientras que los aceites (soja, colza, palma y aceites usados de cocinas) y grasas animales permitieron escalar la producción de biodiesel.

El conflicto militar en el Estrecho de Ormuz —por donde transitaba cerca del 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo— ha afectado tanto los flujos de crudo como los de productos refinados, haciendo que muchos países decidan impulsar aún más el uso de biocombustibles para reducir precios y como una estrategia de seguridad energética.

Independientemente del contexto, las nuevas demandas de diversificación energética, pero sobre todo los compromisos ambientales permiten proyectar que, durante los próximos 30 años, surjan con fuerza dos motores de crecimiento en la producción de biocombustibles. La novedad es que esta vez los sectores que traccionarán la demanda serán la aviación y la navegación, dos sectores de difícil descarbonización.

En aviación, esa transición ya comenzó. Los Combustibles Sostenibles de Aviación, conocidos como SAF por sus siglas en inglés, ya se comercializan mezclados con jet fuel fósil en 180 aeropuertos en el mundo. La Organización de Aviación Civil Internacional estima que los SAF podrían aportar más de la mitad de las reducciones de gases de efecto invernadero necesarias para alcanzar las cero emisiones netas hacia 2050.

El desafío es de escala. Para 2030, diferentes escenarios proyectan una demanda del orden de 10 a 20 millones de metros cúbicos, pero hacia 2050 las necesidades podrían llegar a duplicar la producción actual de biocombustibles líquidos.

Allí aparece una enorme oportunidad para las cadenas agroindustriales de los países de la región. Los aceites vegetales pueden transformarse en SAF mediante rutas tecnológicascomo HEFA; el etanol producido a partir de maíz o caña puede convertirse en combustible de aviación mediante la tecnología Alcohol-to-Jet. El continente americano ya produce alrededor del 87% del bioetanol mundial y cerca de la mitad del biodiésel, y cuenta con un ejercicio permanente de certificación de criterios de sostenibilidad de sus biocombustibles. Cuenta con cadenas agrícolas y agroindustriales que puede seguir potenciando para escalar y ser la región proveedora de SAF a nivel mundial, agregando valor al agro y construyendo una nueva cadena de valor.

La navegación está recorriendo un camino parecido, aunque con más opciones tecnológicas. La Organización Marítima Internacional ha establecido objetivos crecientes de reducción de emisiones y la industria está probando distintas alternativas: biocombustibles líquidos, metanol, etanol, biometano y combustibles sintéticos, entre otros.

Dentro de ese abanico de opciones, los biocombustibles tienen una ventaja importante: pueden comenzar a utilizarse con infraestructura y tecnologías disponibles. El biodiésel ya puede mezclarse hasta con 30% en combustibles marítimos en motores certificados sin requerir modificaciones mecánicas. Al mismo tiempo, crece la utilización de motores duales que pueden funcionar con metanol o etanol: aunque todavía representan una proporción pequeña de la flota existente, ya existe una importante cartera de nuevos buques encargados con este tipo de propulsión.

Tanto biodiesel como etanol serán opciones que demandará el sector marítimo de forma creciente y masiva para descarbonizarse. Tanto la navegación como la aviación marcarán la mayor parte de la nueva demanda de biocombustibles. Esta demanda será masiva, exigirá construir cadenas de valor, fundamentalmente agrícolas y sostenibles. Los países de la región tienen ventajas comparativas sustanciales para convertirse en un hub global de estos nuevos biocombustibles.

El trabajo del IICA también da información sobre el surgimiento de biocombustibles líquidos para la navegación, así como para la aviación. El Atlas de los biocombustibles líquidos 2024-2025 está disponible en: https://repositorio.iica.int/items/72d9d164-1c75-4a69-9b59-f7fac41c8ce8

En cuanto al autor:

MSc. Agustín Torroba

Especialista Internacional en Biocombustibles y Energías Renovables en IICA. Secretario Técnico y Ejecutivo Coalición Panamericana de Biocombustibles Líquidos (CPBIO).