Ante una ofensiva negacionista que debilita recursos y consensos, la Semana del Clima de Rosario busca consolidar alianzas y proyectar una voz regional.
11:44 hs - Jueves 01 de Octubre de 2026
Nueva York volvió a convertirse en el epicentro del debate global. La coincidencia de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, con la participación de 130 líderes, y la Semana del Clima, que congregó a más de 100.000 referentes en más de 1000 eventos, transformó a la ciudad en el foro donde se cruzaron las urgencias del planeta: la paz y la guerra, los conflictos sociales, la transición energética y el pulso de decisivos procesos electorales.
Sin embargo, tras el imponente escenario internacional se trasluce una realidad ineludible. Si durante el primer mandato de Donald Trump la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París representó un duro revés, la acumulación de ataques de líderes negacionistas en los últimos dos años ha calado aún más profundo. La ofensiva constante ha socavado el financiamiento para la acción climática y la protección de los bienes comunes. Solo teniendo en cuenta el retroceso de la política ambiental estadounidense, Climate Action Tracker estima que, con las políticas de Trump, las emisiones de EE. UU. en 2030 serían 14–15% más altas que las que se proyectaban con las políticas climáticas de Biden. También calcula que el crecimiento acumulado de la energía eólica y solar hasta 2035 podría reducirse a la mitad respecto de aquella proyección.
Este asedio, multiplicado por aliados en todo el globo y con preocupante tracción en Latinoamérica, atraviesa hoy una crisis estructural en el andamiaje institucional dedicado a la preservación ambiental y la lucha contra el cambio climático.
La escasez de recursos, la cancelación de programas clave, la desfinanciación presupuestaria y el desmantelamiento de marcos normativos protectores resumen el diagnóstico compartido por los líderes reunidos en Nueva York. La pregunta retumba con insistencia: ¿cómo resistir? En esta contienda, organizaciones enteras han desaparecido y numerosas iniciativas apenas logran mantenerse a flote. Ante este escenario, la única respuesta viable pasa por consolidar la comunidad, identificar a los actores comprometidos y estrechar alianzas. Es una tarea ardua, pero profundamente necesaria.
En esa búsqueda de alternativas surge un objetivo estratégico: tender un puente directo entre la Semana del Clima de Nueva York y la Semana del Clima de Rosario, que se desarrollará del 12 al 16 de octubre. El propósito es claro: posicionar las demandas y capacidades de nuestra región en la agenda global y llevar una voz firme del Latinoamérica a la próxima COP31 en Turquía.
Rosario albergará decenas de paneles con especialistas, empresas e instituciones orientados a fortalecer esta resistencia desde la acción concreta. Dada la matriz productiva de nuestro territorio, los ejes principales abordarán la agricultura regenerativa, los mercados de carbono, las buenas prácticas agrícolas y el rol de los sectores de salud y gobiernos locales, con especial énfasis en la preparación ante fenómenos extremos como El Niño.
El llamado a participar es una invitación a redoblar esfuerzos. No se trata únicamente de insertar a Santa Fe y a la Argentina en la discusión internacional, sino de profundizar la conciencia ambiental hacia adentro.
En definitiva, desde la Semana del Clima de Rosario, buscamos poner a nuestra provincia y nuestro país en el bloque de la resistencia, como son la Unión Europea, el EFTA, y otros países del mundo que buscan cambiar el paradigma productivo. Argentina no puede limitar su narrativa al desarrollo hidrocarburífero; tiene el deber y la oportunidad de acelerar la transición hacia una matriz energética limpia y autosuficiente, atrayendo financiamiento, inversiones y promoviendo la creación de empleos verdes. Desde la resistencia local, con estructuras políticas y jurídicas acordes, podemos construir las respuestas globales que el planeta exige.