Bajo la consigna de Brigadas Ambientales Juveniles hemos desarrollado, en estos últimos tres años de vida institucional, formas de participación comunitaria que trenzan prevención de salud mental, ecología integral y formación de nuevos liderazgos
14:59 hs - Lunes 30 de Marzo de 2026
A nivel mundial, los modelos más reconocidos de prevención en salud mental juvenil se caracterizan por ser multisectoriales (unión de salud, educación y tecnología) y por priorizar el acceso de bajo umbral, es decir, eliminar barreras dando ayuda inmediata sin estigmas.
Países referentes como Islandia y Finlandia, estándares en prevención ambiental y comunitaria, destacan por sus políticas de bienestar sistémico y acceso garantizado, ponen el acento en promover actividades supervisadas donde los propios jóvenes se propongan cambiar su entorno directo. Esto implica un ideal compartido de Bienestar Sistémico, integrando desde un concepto de la equidad el apoyo socioemocional, con servicios de salud directamente con las escuelas, temas deportivos, ecológicos, vivienda, artes.
Tomando este tipo de modelos virtuosos, mestizándolos al dotarlos de valores sustanciales en el contexto de la propia comunidad argentina, aplicamos las Brigadas Ambientales Juveniles como método de formación de líderes para “el Cuidado de la Casa Común” al que convoca el Papa Francisco. Conformaciones de 4 a 10 integrantes, unidas con la finalidad de realizar una acción de cuidado del medio ambiente en tu barrio, registran un video ejecutando la acción: pintando un mural, plantando árboles, limpiando un espacio, reciclando materiales, redactando un poema, confeccionando una bandera, realizando un corto audiovisual.
Un diagnóstico de la crisis global que se expresa como epidemia de salud mental, visto desde nuestra realidad criolla, nos indica que transitamos una suerte de desnacionalización depresiva: una pérdida de ideales identitarios compartidos, se combina con la pérdida de lugares tradicionales de formación integral propios de nuestra cultura nacional, tales como los clubes de barrio o los credos. Amputado este complejo existencial, las condiciones de producción subjetiva devienen regresivas, involutivas y patogénicas. En el presente, se agravan al verse prosperar tres vectores insidiosos: soledad, sedentarismo y delegación de la autoridad familiar de la crianza en la tecnología.
La epidemia de trastornos bajo formas ansioso-depresivas es así, correlativa a una pérdida de identidad. Las estadísticas dan cuenta palmariamente de lo inadecuado del régimen global actual de vida, que interrumpió patrones de convivencia virtuosos propios de nuestras instituciones. Impera prevalentemente una melancolía signada por el contenido de no saber qué se ha perdido, un vacío no neutral.
Restablecer la cadena de las generaciones lamentablemente deconstruida, aporta certezas que rescatan de la angustia. Y recuperar los lugares que nuestra cultura ya posee en sus barrios, ofrece acceso inmediato a cuidados integrales. En este sentido, a pesar del panorama caótico, Argentina tiene algo para aportar a la restauración de la salud mental y este modo de ser comunitario puede también ser un mensaje ecosistémico para los pueblos del mundo.