Escenario

"Yo tengo mi mundo agradable, lástima que el tiempo es veloz"

David Lebón presenta hoy en La Comedia un show con los clásicos de "Lebón & Co". El amor, la vida después de la muerte y el recuerdo de Spinetta.

Sábado 25 de Mayo de 2019

"Yo tengo mi mundo agradable, lástima que el tiempo es veloz", tira Lebón en la entrevista con Escenario. Los dos temas -incluidos en el disco "Lebón &Co" que presenta esta noche en Rosario- quedan dentro de su frase y hasta cierra una idea existencial que lo pinta de cuerpo entero. Porque, en definitiva, Lebón está hecho de sus canciones.

Alguna vez se dijo que Jimi Hendrix era el Dios de la guitarra eléctrica, hasta que otro corrigió: "Es el Dios negro, porque el blanco es Eric Clapton". La revista Pelo en los 80 siempre ponía en la cabeza de los ranking a Pappo. ¿Cómo discutirlo? Hasta que cuando explotó Serú Girán, Lebón picó en punta y para no herir susceptibilidades quedó establecido que el Carpo era el más rockero y David era el dueño del buen gusto en la viola. Sí, como Hendrix y Clapton allá, Pappo y Lebón acá.

Quizá fue el comienzo de una etapa de visibilidad de este músico que, con algunos altibajos típicos de la carrera de todo artista, nunca se detuvo. Hoy, la voz emblemática de Serú y aquel pelilargo de Pescado Rabioso llega a la ciudad para tocar y cantar, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone).

"Que la gente pueda escuchar un poco de lo que uno hace es un servicio para mí, aparte de un trabajo. Siempre buscamos lo que nunca perdimos, que es el amor. Lo buscamos en una mujer, en un hijo, lo buscamos en una guitarra, en un auto, en una casa. Son todas cosas que van a terminar, pero nunca sentimos nuestro amor", dice Lebón sentado en el salón principal de La Capital, mientras la imagen de Ovidio Lagos relojea desde un cuadro centenario.

Mirada planchada, camisa arrugada, David Lebón llega a la Redacción junto a su mujer y manager, mientras dos agentes de prensa monitorean la escena. Un minuto después, el fotógrafo Héctor Río contará al pasar que todavía canta junto a su hijo "Seminare" y a Lebón se le escapa una media sonrisa de satisfacción.

Escuchar hablar a David genera una sensación ambigua. Por momentos parece místico, pero afirma que no es religioso; hay ratos que se va por las ramas y nunca se entiende de qué hoja se va a colgar para seguir su relato. Sin embargo, como si estuviese en medio de una balada rockera, hilvana un punteo brillante y sale airoso. Y claro, después de desmenuzar la desgrabación, se deduce que entre ramas que van, punteos que vienen y palabras al viento, hay millones de verdades.

"El amor nunca se pierde. Nosotros nos olvidamos de eso porque tenemos la cabeza que es una secretaría de un montón de gente que está en pedo. Y la cabeza es así, te empiezan a hablar y otro contesta. Pero cuando te dormiste y te levantaste ¿quién te respiró de noche? ¿dónde estuviste? ¿te acordás qué pasó? Yo, para mí, en el planeta Tierra es donde vive Dios con nosotros, pero, porque los demás planetas no tienen vida, no tienen oxígeno", engancha con el tema del amor al momento de describir todas las sensaciones que le destilaron "Lebón & Co", un disco "en el que todas las personas que participaron fueron increíblemente amorosas".

Claro que aunque sostiene que Dios es amor, se corre de inmediato de cualquier otra connotación. "Yo no soy religioso, fui monaguillo a los 8 años y no me gustó mucho verlo a Jesús en la cruz. Hubiera preferido verlo en un burrito con una sonrisa. Yo mea culpa no, no sé si existió, yo no hice nada, no quiero ofender a ningún religioso, pero simplemente tuve la oportunidad de darme cuenta de que Dios es otra cosa, es amor, no es una persona de carne y hueso, es amor. La mujer de Houdini está esperando que se escape para que le cuente cómo es el cielo, mi vieja nunca me llamó, mi viejo tampoco, Luis no me llama. A veces lo siento cerca a Spinetta, que a veces se escapa, pero está por ahí. Yo cierro los ojos y ahí es cuando suceden esas cosas, muchos piensan que yo estoy medio loquito, pero no es así".

A la hora de analizar su presente casi perfecto, afirma de un tirón, como en toda la charla: "Yo hace tres años que tengo una profesora de canto increíble que me salvó la vida, bah, no me salvó la vida, me salvó una octava, que es mucho. Pese a que hace como un año que tengo una tos y una gripe que no puedo parar, estoy muy bien de la voz, como Paul. Por suerte dejé de fumar y estoy limpio, dejé todo. Dónde lo dejé no sé, pero dejé todo. Estoy perfecto como estoy y estoy feliz, el escenario es lo más que hay y este disco es una felicidad.

—¿Cómo te llevás con la grieta? ¿Te influye a la hora de hacer tus canciones?

—No, ¿sabés por qué no me influye? Porque siento que están haciendo las cosas mal. Yo no los puedo culpar a los políticos, ¿entendés?, porque no saben lo que hacen. Si fuese un matemático cambiaría las matemáticas. Está bien que haya conceptos, pero podemos sacar los viejos por los nuevos, y en vez de que 2 y 2 sean 4 que sean 22, qué se yo. Si un idiota como yo, que dejé la escuela en sexto grado para tocar la guitarra ahora se le ocurre esto, es cuestión de cambiar la matemática nada más, nada más que eso. Pero no, los genios son los que inventaron la matemática que hay que dividir y que es un quilombo. Yo creo que recién mis nietos van a lograr ese mundo perfecto de los mil años de luz, que yo creo en eso, que va a ser un trabajo. Yo quizá no lo vea, pero lo estoy sintiendo ahora. Yo tengo mi mundo agradable, lástima que el tiempo es veloz (risas). Es todo muy rápido, cien años se pasan así (hace un chasquido de dedos). Yo voy a cumplir 67 años en octubre y para mí hace 5 minutos que estuve con Spinetta y también hace 5 minutos que estuve con mi viejo. Hay que disfrutar mucho este lugar, la gente espera que vengan ovnis, pero, primero, que yo si vienen ovnis salgo corriendo porque me cago en las patas; y segundo, que no les presto el teléfono ni en pedo, porque si me llaman me cargan la llamada por larga distancia (risas).

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