Escenario

"Veníamos del corralito y robar un banco era poético"

Guillermo Francella interpreta a Luis Vitette en el filme "El robo del siglo", que se estrena el jueves sobre el asalto al banco río en 2006.

Domingo 12 de Enero de 2020

El jueves se cumplen 14 años de uno de los asaltos más espectaculares de la historia policial argentina: el robo a la sucursal de Acassuso del Banco Río. Las circunstancias, la logística, los involucrados y los detalles fueron desarrollados como un proyecto cinematográfico por Fernando Araujo, un joven de clase media alta de San Isidro. Un supuesto robo exprés sería la fachada y la distracción para vaciar las cajas de seguridad. Mientras negociaban con la policía, pedían pizzas, tenían bajo control a los rehenes con armas de juguete y hasta le festejaban el cumpleaños a uno de ellos, en el subsuelo se preparaba la huida de la banda con unos 25 millones de dólares y 80 kilos de joyas. "En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores", decía un cartelito que colgaron los ladrones a modo de despedida.

Con esa trama, y basándose en el libro "Sin armas ni rencores" de Rodolfo Palacios, el director Ariel Winograd, rodó "El robo del siglo", que se estrena el jueves en Rosario con Guillermo Francella y Diego Peretti en los roles protagónicos. Francella, a punto de regresar al teatro con la versión de la exitosa tira "Casados con hijos" (ver aparte), interpreta a Luis Vitette, uno de los personajes clave de esta historia que calificó como "uno de los hechos delictivos más emblemáticos de Argentina y uno de los más importantes del mundo". El elenco se completa con Luis Luque, Pablo Rago, Rafael Ferro y Mariano Argento, además de Peretti, en el rol de Araujo, que fue coguionista del filme.

—¿Qué te interesó del personaje y de la historia?

—La historia me atrajo siempre, es uno de los hechos delictivos más emblemáticos de Argentina y uno de los más importantes del mundo. Me sedujo la idea, la propuesta, la producción que está absolutamente decidida a generar el evento de lo que fue el hecho delictivo en sí y convertirlo en una película que esté a la altura, que no haya ausencia de nada. Es una mega producción, y además trabajar con Ariel Winograd, con Diego Peretti, un combo que me atrajo, además del universo del robo.

—¿Cómo abordaste tu personaje de Vitette, que una de las claves de la historia?

—Tuvieron mucho que ver los ensayos, los cambios de tono. Es una película que tiene mucha tensión y hay momentos de humor. Era una línea muy delgada que teníamos que encontrarle. La idea no era copiar o hacer una imitación de Vitette, sino encontrar rasgos de su conducta, explorarlos y ver muchas entrevistas que dio, encontrar esa impronta para responder muy singular, muy histriónico. Fue un placer transitar ese personaje.

—¿Estuviste en contacto con él?

—Hablé con él dos veces telefónicamente. El no puede entrar a Buenos Aires, pero sí con Araujo que es el coguionista que nos dio bastante información y logística de cómo se había perpetrado el robo.

—Araujo es coguionista y en la película aparecen cameos de algunos de los integrantes reales de la banda. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Fue un cameo de alguno de ellos donde estuvieron en algunas situaciones, tomando un helado, siempre con intervenciones pequeñas como para participar, pero Araujo era el más activo porque fue el cerebro de la historia y también el coguionista. De esa manera teníamos información precisa de lo que pasaba adentro del bando con él y fuera del banco con la gente del grupo Halcón de la policía. Fue un proceso interesante, se investigó y se trabajó mucho. Estoy muy orgulloso de lo que vamos a mostrar a partir del 16 de enero.

—¿Qué tiene para contarle a la actualidad esta historia? ¿Los bancos siguen siendo los villanos y los ladrones en ocasiones adquieren un perfil épico o de Robin Hood?

—Así se lo tomó, es la empatía que tomó en la gente. Veníamos de la estafa del corralito y obviamente que robarle a un banco, sin heridos, sin muertos, tratando bien a la gente, fue una cosa muy poética, muy romántica en todo sentido, inusual, original, ingeniosa. Era un tablero de ajedrez. Eso obviamente generaba sonrisas en la gente, no para darle la plata a los buenos, eso no porque la plata se la quedaron ellos, pero sí robar al banco. Fue muy interesante.

—¿Hoy se roba más con tecnología?

—Absolutamente, aquello fue algo artesanal, una cosa maravillosa. La picardía, hacerles creer que era un robo exprés y era un robo de bóveda, robar con armas de plástico porque sabían que después de la masacre de Ramallo había un protocolo de toma de rehenes que ellos sabían que nunca iban a entrar a disparar. Ellos estaban muy informados y con muchos datos. El negociador también fue clave y un montón de cosas que se hicieron para dilatar y dilatar.

—¿Qué diferencia a estos delincuentes de ladrones de guante blanco, empresarios, exfuncionarios?

—Estos cometieron un delito de un modo muy particular y original y purgaron su condena. A veces, esa gente capaz que ni purga condena. Diferenciarlos es entrar en otro terreno, pero me parece que por eso estos ladrones resultaron tan empáticos con la gente.

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