Escenario

"Vas a estar aquí": una ausencia cargada de silencios

Gloria Piñero y Pablo Tibalt estrenan hoy en La Manzana una producción conjunta de los grupos El Espejo Teatro y IV Mujeres Escénicas.

Domingo 17 de Marzo de 2019

Los grupos El Espejo Teatro y IV Mujeres Escénicas estrenan "Vas a estar aquí", la primera producción conjunta de la directora y actriz rosarina Gloria Piñero y del actor y director santafesino Pablo Tibalt. La pieza, interpretada por Piñero y Tibalt, gira en torno a dos hermanos que llevan años separados. Anahí desaparece de la vida familiar a los 15 años, y su hermano Chany, que en ese momento tenía 7 años, le escribió cartas a su hermana durante cuatro décadas en un intento de desentrañar el misterio de esa ausencia. Piñero, que participó en obras como "Alicia Moreau. Sueños tardíos", "El fantasma de la vergüenza" y "Cita a ciegas", y Tibalt, que estuvo al frente de "Nenúfares, un espectáculo puto", "La prenda" y "Corazón de melón", entre otras, contaron a Escenario el origen de esta pieza que estrenan hoy, a las 20.30, en el Teatro de la Manzana (San Juan 1950) y que se presentará todos los domingos de marzo.

—¿Cuál fue el disparador de la obra?

Pablo Tibalt: El deseo de trabajar juntos. En una escena escrita por Gloria en los talleres de dramaturgia aparecían tres de los cuatro personajes que hoy protagonizan el relato. Y por último, el cruce de ese deseo y esas primeras ideas con experiencias y temáticas de las que nos mueven, nos interpelaron.

—¿Cómo se establece el vínculo laboral y creativo entre ambos?

Gloria Piñero: En el año 2014 El Espejo convoca a Pablo Tibalt a dar talleres de dramaturgia y guión de cine en el Club Alemán de Rosario. A partir de ese momento se funda un vínculo de amistad que se construye con este sentido de hermandad que también roza la obra y deviene en las ganas de compartir el trabajo teatral.

—Los personajes son dos hermanos que crecen separados y sin embargo existe un vínculo. ¿Ese vínculo se basa en el afecto o en el enigma que representa quien está ausente?

GP: En principio en el afecto ya que pertenecen a un mismo ámbito familiar, esos primeros años en donde se forja lo parental, lo sanguíneo, en donde los juegos de la infancia los congrega estableciendo códigos en la forma de relacionarse. Un sello que más allá de la distancia no desaparece, sino que se alimenta de los recuerdos o de lo que estos hermanos creen recordar. Y también en el enigma: ¿quién es el otro que está ausente? Ese vínculo que queda en stand by y del que sólo puedo recordar fragmentos de lo vivido, imaginar o fabular historias para no sentirme fragmentado, para no perder identidad. ¿Podría decirse que son extraños? La ausencia es para los personajes una huella tan fuerte, que marca presencia.

—¿De qué manera incidió en la escritura de la obra que uno de ustedes viva en Rosario y el otro en Santa Fe?

GP: La distancia real entre los actores puede verse como una paradoja. A nosotros nos sucede en alguna medida lo mismo que a los personajes. La distancia espacial hace que cada uno en su lugar elucubre aspectos, sucesos respecto de los personajes que luego, al encontrarnos, se ven modificados, nutridos o reelaborados por el aporte del otro. La fantasía solitaria toma un rumbo nuevo con el otro. Siempre es con el otro, en un proceso de retroalimentación en el que se puede construir.

—¿Qué coincidencias encuentran en el trabajo teatral de ambos?

PT: "Vas a estar aquí" se ha sostenido en el deseo de trabajar juntos, la disposición al trabajo, la confianza en el otro y la apuesta a crear el relato que queríamos contar. Para ambos y por diferentes motivos, esta obra es un empezar de nuevo, una hoja en blanco, asumir un riesgo, salir de unos lugares cómodos. Si bien no es posible prescindir de los recorridos previos y tal vez los nuestros han sido diferentes, el espectáculo se nos ha planteado como un desafío en relación a lo que antes habíamos hecho.

—¿Cómo se articula el desparpajo de, por ejemplo "Nenúfares" con un texto dramático como "Vas a estar aquí"?

PT: Diría que no se articula, no al menos en ese desparpajo. La propuesta es estética y poéticamente diferente a "Nenúfares". Uno de los registros actorales que utilizamos en "Vas a estar aquí" es el grotesco, que era muy pregnante en "Nenúfares" y tal vez sea un tímido punto de contacto entre las obras, aún con grandes diferencias por las temáticas y los impulsos distintos de los personajes para sostener las máscaras. En lo profundo las dos obras hablan de los vínculos, de la necesidad de amor, de las ausencias y el abandono.

—¿Se podría establecer una analogía entre estos personajes que nunca se encuentran y una sociedad como la argentina que por momentos parece fracturada, con sectores incapaces de dialogar?

GP: Hay una distancia física real entre los personajes, pero si pensamos en el mundo de hoy con la tecnología y con el alcance que ésta tiene podría decirse que la distancia es aparente, que ya no hay forma de estar incomunicados, aún a kilómetros de distancia. Entendemos que puede hacerse una analogía y tiene que ver, en un sentido amplio, con el deseo de hacer contacto con el otro o no, de saber qué le pasa, qué piensa, qué siente, más allá de las diferencias que puedan alejarlos y de aceptar esas diferencias como valiosas para enriquecer el vínculo.

PT: La historia de Anahí y Chany está marcada por la incomunicación o por un exceso de comunicación. A la vez la relación de sus padres está determinada por la falta de entendimiento, de empatía. Los cuatro personajes necesitan ser escuchados porque en esa necesidad se juegan todo y sin embargo no tienen más que el desencuentro, esconderse, la violencia, la descalificación. Creo que esto puede describir este momento histórico de fractura: hablamos de la necesidad de entendernos, pero no somos capaces de construir ese diálogo y a cambio proponemos el ruido.

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