Escenario

"Vamos a destruir a los talentosos, necesitamos un psicólogo"

Gillespi actuará mañana en Vorterix, donde presenta su propio blend de vinos. En una extensa charla mostró su ingenio y analizó la situación del jazz y el rock en Argentina. 

Sábado 16 de Abril de 2016

El "inquieto" Gillespi -trompetista, escritor, conductor de radio y televisión- sumó hace poco a su colección de preferencias su propio blend de vinos. El vino es justamente lo que traerá a Rosario mañana al músico que será la figura central de los festejos por el Día Mundial del Malbec que se realizarán desde las 19, en Vorterix (Salta y Cafferata). El trompetista, que acompañó a muchos de los referentes del rock nacional además de consolidar una carrera como solista, contó, con momentos de ingenio y otros más serios, cuál es actualmente su opinión del rock, del jazz, de las críticas, de los fans, y por supuesto, del malbec.

—Tu visita a Rosario se da un contexto...

—Exótico... (ríe) pero sí te puedo decir que soy un gran bebedor de malbec. Llevo diez años invirtiendo en este proyecto. Así que por fin se me da que el vino me devuelva algo (risas).

—¿Cómo será el show?

—Va a ser un show variado en el que voy a hacer un vuelo por todo mi repertorio, y seguramente tocaré algunos clásicos de jazz. También aprovecho a veces para tocar un par de blues que tengo ganas de tocar y que no están ligados a mis discos, será algo un poco informal también. Voy con dos multiinstrumentistas: Rafa Franceschelli, que toca bajo y teclados y alguna ingeniería medio extraña en la compu, y Alvaro Torres, que toca piano y sintetizadores. Yo me voy a despachar con la guitarra eléctrica en un par de temas, además de los instrumentos de viento.

—¿Qué diferencia el jazz o el blues que se hace en Estados Unidos y el que se hace en Argentina?

—Técnicamente es discutible cuál es la sonoridad de los músicos de blues y jazz argentinos a diferencia de uno norteamericano. Segundo, no sé si es verso o qué, cuando tuve oportunidad de estar con músicos americanos o europeos, que se da cada tanto, sobre todo en el Festival de Jazz en Buenos Aires en el que yo soy anfitrión, dicen que hay como un mood tanguero que subyace en la música cuando la tocan jazzeros argentinos. Por eso digo que es discutible: yo no sé qué grado de tango puedo llegar a tener (ríe). Sí te puedo decir que Fats Fernández lo tiene. Me encanta Fats porque tiene eso, tiene algo que escapa a la estética típica del jazz, pero Iaies también tiene aires tangueros y Salinas seguramente también. Pero dicen que tenemos una cosa más emotiva, que va ligada al desarrollo melódico, que a veces los americanos o los europeos se van demasiado en tecnicismos. Y por ahí, por momentos, pueden parecer poco emocionales para tocar, lo cual es discutible también.

—¿Hay un purismo en el jazz?

—Sí en todas las músicas, y quizás en todos los ámbitos. Por ahí te metés en una unidad básica y hay más peronistas en una que en otra. Sí es cierto que hay gente que considera que tiene más, que es más que el otro, o que tiene más autoridad o más identidad, o que refleja más el espíritu de lo que está en cuestión. Y el jazz tiene mucho de eso, pero es una situación contradictoria. Yo no lo comparto y para mí el jazz es una música de mucha fusión básicamente. Entonces es ridículo pensar en un purismo. Entonces a Dizzy Gillespie no lo hubieran dejado grabar nada porque el tipo metió las tumbadoras de Cuba, él inventó el famoso Latin Jazz. Sería un hereje, un paria. Y Piazzolla mezcló el tango con el jazz, con Jerry Mulligan, o Zawinul que mezcló la música africana con lo suyo, que era noruego. Eso es el jazz.

—¿En algún punto esa fusión puede confundirse con la world music, de lo cual a veces se habla con desdén?

—El tema es, para mí, más allá de la world music. La gente que habla con desdén de la música lo único que puede hacer es hablar, lamentablemente y en general. Muy pocos de los artistas que a mi me conmovieron eran tan criticones. La crítica como deporte a los estilos de música o a los artistas, es un privilegio de aquellos que no pueden hacer otra cosa que criticar. Construir una pared es mucho más difícil que tirarla abajo con una maza. Mucha gente agarra la maza y no sabe constuir la pared. Para mi la world music, por ejemplo lo Zawinul, si vos podés incorporar la tímbrica de un sicus con un sintetizador y de eso sale una buena música, bienvenido. Por qué te vas a poner en el lugar del juez, porque si no hay que empezar a revisar todo porque si empezamos a hablar del jazz y le sacamos la parte africana, ¿qué te queda?. No tenés más jazz, porque si le sacás la negritud, la negritud no es norteamericana.

—¿Con el tango también pasa?

—Si te ponés en purista con el tango y sacás el bandoneón que es un instrumento europeo, decime qué instrumento porteño hay. Tenemos una gran influencia europea en el tango y después sacamos pecho de que "esto es tango, esto no es tango". Todo nace de una fusión. Si no ¿de qué vivirían los críticos y los periodistas si no es de todas estas disquisiciones? Se tienen que quedar en la casa tomando mates. Pero la música es fusión, un tipo que en la antigüedad llevaba un instrumento de un pueblo al otro; un piano que vino en un barco de Europa. No existe el piano salido de la Pampa. Ni siquiera la famosa guitarra criolla es criolla, es española. Entonces te vas para atrás y te encontrás con que todo tiene esa especie de mestizaje. Y es maravilloso. Si te ponés a diseccionar eso no te queda nada.

—¿Qué pensás de la música latina y tropical, que también suele mirarse con desdén?

—Está copando todo. Mi respuesta es que a mi puede no gustarme esa música, pero de ninguna manera no la voy a criticar. Yo no la escucho, a mi quizás no me gusta, pero no voy a ponerme... Es lo que hay y siempre hubo músicas así, porque en la época de Almendra estaba el Club del Clan. Ahora lo que sí es cierto y me da lástima es que en el rock argentino habíamos conseguido una identidad muy interesante de la mano de un motón de próceres de la música, desde Ceratti con Soda Stereo, con Charly, Calamaro y Fito, y todo eso en el contexto internacional se ha perdido. Me da tristeza porque teníamos un estilo muy particular. Se había conseguido una forma de componer y de contar la realidad muy particular y ahora es todo como un mainstream donde Molotov, Illia Kuryaki, un montón de bandas latinoamericanas son bastante parecidas entre todas, es como la globalización musical. Vos ves las entregas de premios, o lo que tiene que ver con la música latina, y hemos perdido un poco ese liderazgo que tenía un Cerati. Y eso también tiene que ver con la proliferación y la reproducción de ese tipo de estilo, más centroamericano si se quiere.

—En el contexto de la globalización de las comunicaciones, ¿la cultura y la música también adquiere un perfil global?

—Es un signo de los tiempos. Seguramente que es eso. Estaría bueno ahondarlo ese tema, pero es seguro que internet fue llevando a que todos seamos más o menos producto de la misma masa tecnológica e informativa y nos olvidemos un poco del terruño, de lo local. Eso es un poco lo que a mi me da lástima. Incluso cuando hablás con gente como Moris, Ariel Rot o Alejo Stivel, gente que terminó cayendo en España y que les fue fantásticamente bien en su momento, tenía que ver con que nosotros hacíamos un rock que los españoles se cayeron de orto en ese momento. Y nuestros músicos eran considerados próceres, hasta el día de hoy Calamaro. Y eso en Argentina se perdió, la hemos dejado pasar.

—¿Y Charly, que sigue activo?

—¡Y Charly ya nos dio como 40 ó 50 discos! Lo que pasa es que ya sería muy egoísta seguir pidiéndole hasta que sea un anciano que nos dé cosas (risas).

—Geniales, además...

—Claro, hay gente que dice "bueno, pero qué tema nuevo compuso". Pero, loco, ya compuso el doble o el triple de lo que tendría que haber compuesto. Lo que pasa es que no podemos con nuestra propia vida. Ese es el problema. Es un calvario nuestra relación con todos los aspectos de la existencia. Queremos destruir a los ídolos, queremos ignorar a los que tienen talento. Es muy difícil... Necesitamos un psicólogo.

—Argentina es el país con mayor cantidad de psicólogos por persona, y vos mismo estudiaste Psicología...

—Si, yo estudié cuatro años, pero es eso. No podés seguirlo al tipo hasta que tenga 90 años y decirle "ah, pero no componés nada nuevo ahora, ¡andá fracasado!" (risas). Dejémoslo en paz. Ya hizo dos Billy Joel en cantidad de obra y lo seguimos torturando (risas).

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