Escenario

Una pesadilla literaria vuelve con el formato de una comedia musical

La compañía Formarte estrena “La leyenda del jinete sin cabeza”. El director Mariano Olivieri dijo que la pieza reflexiona sobre la intolerancia.

Sábado 10 de Septiembre de 2011

Dos años después de "Traición y muerte en Pichincha", el director Mariano Olivieri regresa con una comedia musical en la que se impone el clima siniestro y el terror. La propuesta es "La leyenda del jinete sin cabeza" que se estrena hoy, a las 21.30, el teatro "Mateo Booz" (San Lorenzo 2243). La obra escrita en 1820 por el estadounidense Washington Irving, tuvo una versión en cine dirigida por Tim Burton interpretada por Johnny Depp y Christina Ricci.

Es la historia de Icabot Crane un pragmático policía de Nueva York que es enviado a investigar una serie de crímenes que los habitantes del pueblo aseguran son obra de un fantasma decapitado. Esta versión cien por ciento rosarina ahora sube a escena con treinta actores y música original de Pavlo Read. Según adelantó Olivieri, el terror y el clima de pesadilla invaden la la realidad de un relato con aristas y matices que, además de inquietar, permiten hacer una lectura de algunos aspectos de la actualidad.

-¿Por qué eligieron la obra?

-Tengo una visión de la obra a partir de las distintas formas de ver lo mismo desde distintos ojos. De pronto algo que para uno puede ser maravilloso para otro puede ser terrorífico u oscuro. Fue un punto de vista que me surgió cuando leí el cuento. La obra tiene una estética muy lúgubre que es la que propone la historia. Pero no es necesariamente una historia de terror. De hecho uno de los aspectos más interesantes del cuento y que no está en la película es la duda sobre si se trata de un fantasma o un asesino. Eso fue quizás lo que más nos sedujo. Lo que tratamos de lograr fue una fusión desde un plano real hasta un plano casi de pesadilla que es el que vivencia el personaje principal que es el foráneo, el policía que llega a investigar.

-Cuánto influyó la película de Tim Burton en la elección?

-Es innegable. Me parece que cualquier realizador o puestita debería admirarla. A mi me gustó mucho el color, el tono, pero está más centrada en la fantasía que asume la existencia del jinete desde un principio. Acá no. La influencia fue que al ver la película se piensa que se puede hacer porque es muy teatral. Así que la vinculación a la película fue desde lo teatral.

-¿Qué encontraron en el trasfondo de la trama?

-En el momento de empezar a escribir me sedujo mucho la idea del poder de un grupo de gente habituada a vivir en un lugar con costumbres y que está muy arraigada a su fe. Hay una persona que viene de afuera y que tiene que tratar de entender eso o de desecharlo pero no deja de ser el de afuera y el pueblo se preocupa mucho por hacerlo sentir así.

-¿Se puede hacer una lectura de la realidad a partir del rechazo al foráneo?

-Seguro. No desde lo xenófobo, sino desde cómo cuesta socialmente incorporar o aceptar. El empujón muy grande que hemos tenido como sociedad fue el tema de la ley de matrimonio igualitario. La gente que estaba en contra estaba muy enceguecida desde una posición que no se iba a mover nunca ni siquiera para escuchar esa propuesta. Acá Icabot entra con una soberbia muy marcada, inclusive cuando habla sin filtros delante de personas que están muy arraigadas a una fe y una creencia. Y no tiene ningún tipo de respeto ni por la fe ni por la creencia. Aún así dentro de esa gente que tiene fe y creencia hay quien utiliza ese arraigo espiritual para manipularlos y usarlos para su propia conveniencia. Es una mezcla de personajes bastante interesantes.

-Eso implica una buena cuota de actualidad...

-Sí, pero es interesante porque yo lo descubrí a partir de que lo empezamos a ensayar. A veces uno como sujeto social es atravesado por lo que trasciende alrededor. Seguramente escribía con esa idea inconsciente dando vueltas por la cabeza, pero cuando hacía lecturas del libro y demás, no lo vislumbraba con tanta claridad. Sí lo literal, el rechazado y el foráneo, pero al verla dimensionada sobre la escena toma un perfil de actualidad con la que nos encontramos después.

Casi una década en escena

Mariano Olivieri aseguró que la comedia musical “Traición y muerte en Pichincha” marcó en 2008 una inflexión en la historia del grupo, que comenzó a escribirse en 2002, primero con el nombre de Centro de formación para musicales y luego, en 2006, como Formarte.

“Lo que sucedió con «Pichincha» con la que hicimos dos temporadas es que se produjo un vínculo inmediato entre el público y la historia. Fue una conexión. Una de las virtudes y bondades de esa obra era precisamente hablar de lo que había sucedido acá nomás para un público que estaba interesado en una historia de la ciudad. Lo concreto es que nos hizo un poquito más conocidos, nos dio la posibilidad de arriesgarnos un poquito más en cuanto a lo que queremos contar. Se ganaron premios, y ahora «El jinete» fue declarada de interés cultural por el Ministerio de Innovación y Cultura. Son cosas que tienen que ver con lo que uno va haciendo en el camino. Y «El jinete» tiene el aval de «Pichincha». Es odioso comparar, pero es inevitable”.

Olivieri confía en el futuro del musical en Rosario. “Quizás si hacés una obra de teatro de texto no tenés tanta demanda de costos y a lo mejor en vez de cuatro funciones podés estar dos o tres meses. Mientras más producciones de musicales con distintos estilos haya nos conviene más a todos porque el público va conociendo otras formas de esta disciplina. Las cosas que hace Nora (González Pozzi) son realmente enormes. Y está bueno que el público pueda ver eso. Y que pueda ver «Jinete », o las revistas de Manuel Cansino, con obras que más allá del costo y el esfuerzo, muestra un trabajo honesto, se ve laburo, crecimiento. Y Rosario tiene la bendición de que todavía puede esperar al publico. A la gente si le interesa va y la recomendará”.

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