Escenario

Una obra sobre la opresión patriarcal que reivindica las resistencias

"La muchacha de los libros usados" se estrena por primera vez en la ciudad, este viernes, sábado y domingo a las 20 en el teatro La Nave.

Jueves 14 de Octubre de 2021

“Calladita calladita se ve mas bonita”, cita el guión de la obra “La muchacha de los libros usados”. Una expresión ícono de la opresión patriarcal, que desde las tablas interpela al espectador a través de un relato signado por la violencia, pero también por las expresiones de resistencia y búsqueda de libertad por parte de sus víctimas. Basada en el libro del escritor y dramaturgo Arístides Vargas y bajo la dirección de Mariana Sánchez y Alesandra Roczniak, la obra se estrenará por primera vez en la ciudad este viernes, sábado y domingo, a las 20, en el teatro La Nave (San Lorenzo 1383).

“El libro de Vargas cuenta la historia de una mujer mercancía, porque se trata de una muchacha que fue comprada por un militar. Vargas no le pone nombre, por eso cuando nosotros empezamos la investigación pensamos que esa mujer podía ser cualquiera”, contó Alesandra Roczniak a Escenario, y anticipó el dramatismo de una historia de sometimiento donde el poder es ejercido por un marido comprador y un padre vendedor.

Por su parte, a la hora de definirla, Mariana Sánchez dijo que “La muchacha de los libros usados” es una historia que transmite pasado y presente, porque habla de situaciones que no han sido resueltas y de las que quedan muchos vestigios. Invita a reflexionar y a interpelarnos sobre las cosas que ya cambiamos, las que aún no y las que deberíamos modificar para que no se repitan”.

Sobre el escenario del teatro La Nave se lucirán las actuaciones de Susana Colosimo, Lucía Prado, Alesandra Roczniak, Aníbal Vescovo, Ariel Kalainis y Carlos Gamarra, quienes desarrollan 15 escenas en las que desfilan 10 libros y relatos, a través de los cuales se cuenta el recorrido personal de esta muchacha protagonista y sus intentos por subvertir el destino que le fue asignado.

“Estos 10 libros juegan un rol liberador, porque a través de ellos la protagonista cuenta su propia historia. Estos libros son una manera de buscar la libertad, de liberarse de ese pasado que la atravesó, la fue modificando y la sacó abruptamente de su infancia”, destacó Sánchez.

Ambas directoras señalan que la dramaturgia de Vargas suele estar signada por las problemáticas sociales, la memoria, el desarraigo y la marginalidad. En “La muchacha de los libros usados” el autor no sólo aborda la problemática de la violencia patriarcal, sino que también hace una reivindicación de las resistencias y muestra en la transmisión de la memoria un mecanismo liberador frente a la opresión.

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Desde el exilio

Arístides Vargas es un escritor y dramaturgo argentino exiliado en Ecuador durante la dictadura militar. Desde el destierro desarrolló una poética propia con fuerte contenido social que dio lugar a destacadas obras como el “Jardín de pulpos”, “La edad de la ciruela”, “Donde el viento hace buñuelos” y “Nuestra Señora de las nubes”. Además, fue el fundador del prestigioso grupo Malayerba, lo que lo transformó en un referente de la dramaturgia en América Latina.

“Los personajes que surgen en cada trabajo que hace Vargas dan cuenta de un espacio y un tiempo, de culturas e idiosincrasias diferentes”, destacó Sánchez.

Con respecto a “La muchacha de los libros usados”, Roczniak señaló que se trata de una historia real y contó que “Vargas conoce esta historia en los 70 y a través de relatos que fue recopilando la llevó a un texto poético en los años 90. En el 2003 la estrenó con Malayerba en Ecuador, y de ahí en más, algunos elencos de otros países de Latinoamérica la han tomado”.

Aunque no se menciona directamente el contexto dictatorial, la obra deja ver la atmósfera autoritaria vivida en todo el continente durante la década del 70. Ambas directoras coinciden en que la cuestión represiva aparece claramente en los cuerpos y en los textos de la obra.

Las dos coinciden en que las emociones que se ponen en juego a lo largo de la historia son las que comparten todos los seres humanos. “Podés empatizar con los personajes u odiarlos”, remarcó Sánchez. “También podés tener sensaciones de angustia, deseos de que esto se termine, morirte de risa con algunas intervenciones que sacan al espectador de tanta tensión y también llorar de emoción”, agregó Roczniak, y aclaró que Vargas también ofrece espacios para la distensión, “pero eso que distiende también dice algo cuando está planteado con ironía”.

La obra interpela al espectador sobre la vigencia de una sociedad patriarcal que aún no ha podido dejarse atrás. Por eso “más de uno puede sentirse identificado en esta historia o encontrar cosas que le han sucedido en su vida o en su familia”, concluyó Roczniak.

En la dramaturgia de Vargas, la violencia en todas sus formas como mecanismo de dominación, queda expuesta sobre las tablas para visibilizar un modelo presente, que continúa siendo resistido por sus víctimas.

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