Escenario

Una mirada nueva y con experiencia para la Sinfónica

El maestro asumió como director de la sinfónica provincial de rosario. “Conecté con esta ciudad desde que vine por primera vez”, dijo.

Domingo 29 de Marzo de 2015

Desde 1959 la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario ha sido parte integrante de la vida cultural de la ciudad. Como todo organismo vivo pasó por crisis y estancamientos, pero con decisión política esos problemas fueron resueltos y la orquesta, a partir de 2007, inició un período de saneamiento, crecimiento artístico y estabilidad profesional bajo la dirección del maestro Nicolás Rauss. Ahora, luego de siete intensos años de trabajo, Rauss pasa la batuta a un nuevo director, el maestro David Del Pino Klinge. Nacido en Lima, Del Pino Klinge dirigió su primer concierto a los 17 años, y luego se perfeccionó en España, Alemania e Italia. Fue el primer artista extranjero nombrado para dirigir la Orquesta Nacional de Georgia, en dos períodos, y durante 16 años dirigió el Festival Internacional de Lima. También fue director artístico de la Sinfónica de Chile y director titular de la Orquesta de la Universidad de Santiago. En charla con Escenario, el maestro habló de su fuerte conexión con Rosario y definió el espíritu de una buena programación.

   —¿Qué condiciones se conjugaron para su llegada a la Orquesta Sinfónica Provincial?

   —Llevo 38 años dirigiendo, y en 2010 tomé la decisión de no ser titular de ninguna orquesta. Mis alumnos de dirección orquestal me preguntaban si estaba seguro, y les respondía que sí, que sólo aceptaría invitaciones para ser director invitado y así fue por los pasados cinco años. En el interín, tres orquestas más, además de la de Rosario, me han ofrecido ser titular y otra me espera hasta el 2017.

   —¿Por qué a la Sinfónica Provincial le dijo que sí?

   —Conecté con esta ciudad desde que vine por primera vez. Yo siempre tengo pegadas en la heladera de mi casa fotos de Hamburgo, que es la ciudad donde crecí y donde tengo gran parte de mi familia. Un día la señora que me ayuda con la limpieza desde hace 13 años me dice: “No sabía que en Hamburgo había un río marrón”. Y yo le respondí que no era Hamburgo, que era Rosario, a lo que ella agregó: “No lo puedo creer. Hace 13 años que trabajo con usted y es la primera vez que pone una ciudad que no es Hamburgo”. Parece una anécdota un poco teatral, pero algo pasó para que yo me conecte con Rosario. Hay partes de Rosario que me hacen recordar a Madrid, donde viví muchos años y donde nació mi hija, el borde costero es precioso. Particularmente conecté con la orquesta, hay pocas orquestas donde yo haya hecho tantos contactos personales como en la Sinfónica Provincial. Por esas razones, cuando en noviembre me llamaron para hacerme la propuesta de ser director me dije: “¿Por qué no Rosario?”.

   —El teatro El Círculo mantiene un ciclo anual de ópera, ¿le gusta dirigir ópera?

   —Me encanta y, modestia aparte, soy un buen director de ópera, pero no me gusta dirigir una producción cuya puesta no comparto. Cuando yo hago ópera necesito creer que hay una consonancia entre la escena y la partitura. Este año no voy a poder dirigir ninguna de las óperas de cartelera, porque tengo conciertos en Stuttgart que no pude suspender. Para mí la ópera consiste en una unidad en todo aspecto, desde la iluminación a la música. Hay frases musicales que se pierden o brillan de acuerdo a lo que ocurre en escena.

   —¿Piensa integrar obras contemporáneas en la programación de la orquesta?

   —La idea es como un buen menú cada día, poner un plato diferente pero no tres platos diferentes juntos en la misma cena. Si comemos una ensalada exótica luego comemos un trozo de carne con puré de papas, si comemos un pescado exótico luego comemos un postre que nos traiga a todos a casa. Ese es el espíritu de una buena programación. El público merece ser tratado con gran respeto. Yo no tengo derecho a hacerte escuchar todo lo nuevo porque el público tiene derecho, también, a escuchar la música que le gusta y ya conoce. Pero por favor que colabore con nosotros en recibir un poco de la nueva música, tan valiosa e interesante que se está gestando en nuestros días. Yo he puesto esta idea en marcha en todas las orquestas donde estuve y da resultados muy buenos. Decir que la música contemporánea no atrae al público es falso, pero hay que saber cómo mostrarla.

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