Escenario

Una metáfora de lo imprevisto con el sello indeleble de Alain Resnais

"Las hierbas salvajes" reflexiona sobre las relaciones que se establecen en forma inesperada. Por el filme, el realizador ganó el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Cannes.

Jueves 26 de Agosto de 2010

"Las hierbas salvajes" es la primera novela adaptada por Alain Resnais en su carrera. Y no le fue nada mal. El año pasado la película ganó el premio especial del jurado en la 62ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, el encuentro de cine más glamoroso y de mayor prestigio del mundo. Y su realizador, una leyenda del cine francés, recibió un galardón honorífico por su carrera cinematográfica.

Resnais, quien junto a François Truffaut y a Jean-Luc Godard lideró la Nouvelle Vague, se inspiró para realizar su película en la novela "L’ Incident" de Cristian Gailly. Narra la historia de Marguerite Muir, dentista y piloto, que sufre el robo de su cartera. El contenido del bolso robado es abandonado en un estacionamiento y Georges Palet es quien lo recoge. Lo imposible se da y las vidas de los personajes dan un vuelco.

Entre estos dos personajes, que no tenían ninguna probabilidad de encontrarse, va a establecerse una relación sentimental que sigue —en ocho fases— las normas del control aéreo. En particular, los procedimientos de comprobación antes del despegue. Pese a la curiosa norma que han decidido seguir, la pareja traza un recorrido errático, lleno de confusiones, enojos y pasiones desenfrenadas.

  Con 88 años recién cumplidos, Resnais presenta un filme que, según él mismo ha confesado, está más relacionado a la improvisación libre que se da en el jazz que al cine tradicional: dos personas se conocen y forman una pareja tan intempestiva y breve como las hierbas salvajes. Una metáfora de lo imprevisto y misterioso que tiene la naturaleza pero trasladado al plano de las relaciones interpersonales.

  Al enterarse de que Resnais quería rodar su novela, Gaily no ocultó el orgullo que sentía porque un texto suyo fuera adaptado para la pantalla grande por un genio como el francés. "Durante la única conversación que mantuvimos, que fue sencilla, modesta y murmurada, compartimos nuestras libertades", contó el novelista, y enfatizó: "Sólo le dije «Hacé lo que quieras con este libro y, a cambio, dejame trabajar en paz»".

  Gaily le dio entera libertad a Resnais porque confiaba ciegamente en su talento, pero también porque estaba escribiendo otra novela y no quería distracciones. "Sólo vi la película una vez, y lo que recuerdo es lo siguiente: el señor Resnais no filma literatura, él compone las imágenes que nos hablan enteramente de otra cosa. ¿De qué?, yo no lo sé, pero es visible y, en mi opinión, eso es lo que el cine debería ser".

  El director, por su parte, admitió haber quedado cautivado por el libro de Gaily. "Venía de leer treinta obras cuando encontré un libro de este novelista cuya voz irónica, seductora y melancólica me impactó —narró—. Me puse a leer sus trece libros. Me gusta la música de su lenguaje, la armonía de las palabras, el tono de los diálogos. No me sorprendió enterarme de que había sido saxofonista en una banda de jazz". No le hizo falta decir nada más. Ni una palabra.

 



 

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