Escenario

Una lucha que pone al descubierto el poder corruptivo del dinero

"El príncipe del desierto" se estrena mañana. Antonio Banderas encarna a un emir ambicioso. Es la nueva producción del director de "El Nombre de la Rosa", Jean-Jacques Annaud.

Miércoles 11 de Abril de 2012

El director francés Jean-Jacques Annaud, especialista en dramas épicos por sus ya consagradas películas como "El Nombre de la Rosa" y "Siete años en el Tibet", vuelve al cine con "El príncipe del desierto" ("Black Gold"), una película que trata sobre el conflicto del petróleo basada en la novela "The Great Thirst" de Hans Ruesch.

El film, con el guión de Menno Meyjes (quien escribió "Indiana Jones y la última cruzada" de Steven Spielberg), Alain Godard y Jean-Jacques Annaud, está protagonizado por Antonio Banderas, Mark Strong, Tahar Rahim y Freida Pinto (la actriz de "¿Quién quiere ser millonario?"). El rodaje producido por el tunecino Tarak Ben Ammar duró cinco meses y fue en los estudios Hammamet en Túnez, en el desierto de Qatar.

La película está ambientada en 1930, cuando los países árabes se dan cuenta que debajo de su suelo de arena volátil, yace un gran tesoro: el petróleo. El director francés, permite una interesante mirada a un mundo regido por las tradiciones más ancestrales y retrata el misterio que parece parte de la cultura árabe a través de la relación entre un emir y un sultán. La trama comienza tras una cruenta batalla en medio del desierto. Los líderes de los bandos enemigos, el emir Nesib (interpretado por Banderas) y el sultán Amar (Mark Strong), establecen un acuerdo de paz y se comprometen a no reclamar una franja de tierra (la Franja Amarilla) que se encuentra entre los territorios de ambos. Como parte del convenio, Nesib se quedará con los dos hijos de Amar, llamados Auda y Saleeh, a modo de garantía para que ninguno viole el tratado y se mantenga la paz entre ambos. Varios años más tarde, con los niños ya convertidos en jóvenes, Nesib recibe a un petrolero norteamericano que le informa que las tierras de la Franja Amarilla albergan petróleo. El magnate le propone entonces un negocio multimillonario que Nesib intentará concretar, aún a costa de la paz.

El personaje de Banderas es un emir de Hobeika que acepta abrirse a las compañías petroleras para sacar a su pueblo de la miseria, pero su amor a la riqueza y su modo tiránico de gobernar lo llevan a enfrentarse con su rival, Amar, emir del reino vecino de Salmaah, opuesto al petróleo por temor a perder sus tradiciones. "Más que el tema del mundo árabe en realidad es sobre el dinero como factor desestabilizador, distorsionador de la realidad y corruptor del ser humano", reflexiona Banderas.

Megaproducción. El despliegue de recursos humanos y técnicos fue digno de las más grandes producciones pese a que se invirtieron 40 millones de dólares. Se contaron con 20 mil extras, más de 2 mil caballos y 10 mil camellos. "Siempre me han interesado los temas relacionados con la cultura árabe. De hecho, llevo tiempo intentando poner en marcha un proyecto cinematográfico sobre la vida de Boabdil (último emir musulmán del reino nazarí de Granada)", relata Banderas. Y continúa: "En ese impasse de luchar por mi propia película, que terminaré haciendo, apareció el productor Tarak Ben Ammar y me dijo que tenía este proyecto, que venía acariciando desde hace 30 años. Lo leí, me interesó, pasé un día charlando con el director Jean-Jacques Annaud y finalmente me decidí a entrar".

El filme muestra luchas por el poder político y religioso, así como un trasfondo económico ligado al surgimiento de la industria petrolera y la avidez de los extranjeros por dominarla, terreno en el cual se puede trazar más de una analogía con el presente. Banderas cuenta que la película "tiene que ver mucho con las situaciones que se han dado en términos geopolíticos y que al día de hoy todavía ocupan desgraciadamente las portadas de los periódicos de todo el mundo".

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