Escenario

Una humilde evocación a la mística del under de los ochenta

Créditos locales como “Acquarius”, “Pavón abajo”, “El desagüe” y hasta la porteña “Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack” tienen en el centro de su escena el desborde y el agua hasta el cuello.

Domingo 15 de Noviembre de 2015

En esta ciudad húmeda, demarcada por uno de los ríos más significativos de América, el agua y sus excesos se han convertido en la obsesión de algunas obras de teatro locales en los últimos años, ya sea en forma literal o metafórica.

   Créditos locales como “Acquarius”, “Pavón abajo”, “El desagüe” y hasta la porteña “Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack” tienen en el centro de su escena el desborde y el agua hasta el cuello.

   Una lluvia permanente, acorde a los tiempos de la corriente del niño, atraviesa la obra “El raudal”, interpretada por Paula Solari y Mercedes Sanzué. Se presenta los domingos en Espacio Bravo, Santiago 150, con dirección de Nicolás Constantino.

   La mujer rubia fuma sola en una especie de aguantadero, de sótano, de galpón ocupa. Aparece otra flaca toda empapada, con una valija. Se miran, se enfrentan, empieza la acción.

   Las dos chicas son todo en la obra. Son ellas, la lluvia, el galpón y nadie más. Son ellas y la disputa del territorio, y también del sentido.

   “El raudal” se ubica en los 80, con toda la mística del Parakultural, del teatro under de esa década que bullía en los sótanos de los últimos años del Proceso y que explotó con fuerza en la primavera democrática. Esa mística es evocada a través del texto de Pilar y Jorgelina, los dos personajes en pugna, aunque la estética concreta de la obra es más bien atemporal.

   Se mencionan a Humberto, a Batato, a las Gambas al ajillo, aparece el texto “Sombra de conchas”, de Alejandro Urdapilleta. Es una especie de homenaje que baja a tierra en un trabajo intenso de dos actrices por la disputa del espacio, donde ambas se encuentran en un oscuro e inagotable depósito de emociones latentes que, gracias al raudal en el cual están inmersas, salen a flote verdades y recuerdos que comparten como si fueran una sola. En el vasto universo teatral rosarino, vale destacar siempre el trabajo de los grupos emergentes, como sucede en este caso.

   Nicolás Constantino llegó de la vecina localidad de Fuentes para estudiar teatro hace más de 10 años. Coordinó talleres y muestras, pero “El radual”, su ópera prima, la escribió durante varias noches de angustia para luego retrabajarla con Paula Solari, que tiene algunas obras encima y Mercedes Sanzué, que proviene del terreno de la performance. En este sentido, aunque Solari mantiene un registro bien realista y Sanzué dibuja un poco más sus rasgos al borde de la caricatura, las dos construyen un mundo común que las contiene, con sus propias leyes y dinámicas.

   Lo interesante de “El raudal” es que se trata de una propuesta sin pretensiones, sencilla, humilde y auténtica. Un trabajo para apreciar la irrupción de dos actrices en plena ejercitación y la emergencia de un nuevo director en la escena local.

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