Escenario

Una comedia para confrontar las convenciones con la cruel verdad

La cineasta británica Sally Potter se interroga con ironía en "The Party" sobre temas como la política, el feminismo, la maternidad, la hipocresía moral y la manipulación.

Miércoles 29 de Agosto de 2018

Qué fantástica esta fiesta. Cherry Jones, Emily Mortimer, Kristin Scott Thomas, Timothy Spall, Cillian Murphy, Patricia Clarkson y Bruno Ganz integran el elenco del filme en blanco y negro.

La directora inglesa Sally Potter vuelve al ruedo con "The Party", una comedia sobre el desencanto y las pasiones que se estrena mañana en Rosario. Luego de cinco años de ausencia de las carteleras, la directora reúne a un elenco de lujo en un filme en el que, según contó, quiso desafiar las convenciones del cine, tanto desde la duración, el rodaje en blanco y negro, un relato que se desarrolla en su totalidad en el interior de una casa y uno diálogos en los que la actualidad es analizada con ironía y sin romanticismos.

Después de apuestas arriesgadas y tan dispares como adaptar con éxito al cine una de las novelas más complejas de la literatura inglesa como "Orlando", rodar en Buenos Aires "La lección de tango" que marca un hecho de su propia vida, reunir a Johnny Depp, Christina Ricci y Cate Blanchett en "Vidas furtivas" en el que hace foco sobre un episodio de la historia rusa, ahora se concentró en la crisis de unos personajes que se debaten entre los ideales y la realidad más descarnada.

En esta ocasión la directora británica reunió a las estadounidenses Patricia Clarkson ("House of Cards") y Cherry Jones ("El cuento de la criada"); los británicos Timothy Spall ("Harry Potter"), Kristin Scott Thomas ("Suite francesa") y Emily Mortimer ("La librería"), el alemán Bruno Ganz ("El lector") y el irlandés Cillian Murphy ("Peaky Blinders"). Todos ellos son un grupo de amigos que se reúnen para para celebrar que el personaje de Scott Thomas acaba de ser nombrada ministra de Salud de Reino Unido.

Así aparecen personajes como un ejecutivo en finanzas, intelectuales o un coach de vida, entre otros, a través de los cuales la directora se interroga sobre el sistema sanitario, la maternidad, el feminismo, la política, la manipulación y la hipocresía moral sin perder nunca el humor y un par de apuntes de comedia negra. "Es como un baile de disfraces en el que los personajes se van quitando las capas hasta llegar a lo más crudo de su interior. Una de mis mayores preocupaciones a la hora de delinear los personajes fue plantear la dicotomía entre la imagen que la gente quiere dar de sí misma y la que ofrece cuando su pequeño universo se pone a prueba", dijo Potter y añadió que la idea de honestidad está en el centro del relato: "Es la crisis de sinceridad en la que nos encontramos instalados: a la gente le cuesta contar la verdad. No sólo ocurre en la clase política, también en nuestro día a día con el resultado de que nos engañamos a nosotros mismos".

Y todo eso lo hace en apenas 71 minutos y con una película cuyo rodaje duró apenas 15 días. "El primer montaje tenía un metraje superior, pero me pareció importante privilegiar el ritmo cómico y no dejar ni un respiro al espectador. Fue una decisión arriesgada, pero me dije que nadie protestó jamás ante una película demasiado corta. En cambio escuché muchas protestas sobre las que son demasiado largas", explicó al tiempo que aseguró que el blanco y negro que utiliza fue una decisión que "servía mejor a la historia", ya que "el énfasis de luces y sombras subraya el extremismo de los sentimientos".

Sobre el aspecto teatral de la puesta en escena de la película Potter aseguró que su intención fue ir contracorriente de la industria y concentrarse en los personajes, antes que en lo visual. "Creo que hay algo muy conmovedor en encontrar libertad dramática con restricciones escénicas. En el cine, por regla general, la tendencia es ir siempre por más: películas más largas, más caras, con más efectos, con más persecuciones. Una película independiente no puede competir con eso, pero puede hacer algo mejor y convertir eso en una ventaja: ser más pequeña y ser más profunda. Mi objetivo fue reunir a esos actores maravillosos, con un presupuesto bajo y poder explorar los grandes temas de nuestros días en una estructura minimalista".

En este ecléctico grupo de personajes, la política está presente de distintas maneras. En ese sentido, la cineasta comentó: "En cuanto a la alegoría política, son personajes que han estado luchando con principios fundamentales sobre cómo hacer una sociedad mejor, pero muchos están decepcionados, porque lo que hicieron no funcionó. Curiosamente el personaje de Patricia (Clarkson), que parece la más cínica, es la más realista: hoy lo más revolucionario es contar la verdad. Eso es lo que la izquierda tiene que comenzar a afrontar: el cómo contar la verdad".

"En cierto sentido -añadió-, toda la película es una comedia política, pero una comedia luminosa y llena de amor, con una mirada luminosa y llena de amor al estado de Inglaterra, que de alguna manera es una Inglaterra rota. Pero, ante todo, el filme es una reflexión sobre un tema, porque la política está en todas partes, particularmente en las relaciones humanas. Lo principal es el lenguaje de la verdad y el poder curativo del amor para superar las tragedias, aunque haya que prestar atención a que no haya una pistola cargada escondida entre la ropa sucia".

reflexión. Sally Potter calificó a su filme como una "comedia política".

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