Escenario

Una cantante que le hace honor a su nombre

Pasión presentó en La Comedia su disco "40 quilates" y se lució con versiones de temas de folclore y tango.

Sábado 13 de Octubre de 2018

Pasión es pura pasión. Y lejos del posible lugar común, la expresión es mucho más que un juego de palabras. Es que el concierto intimista de la intérprete malagueña fue una caricia a los sentidos.

El momento del debut de Pasión Vega en Rosario se dio en un teatro La Comedia que lució casi lleno en las plateas bajas. Todo un hallazgo. No sólo porque se trataba de un miércoles a la noche, que además coincidía con la presentación de la brasileña Daniela Mercury en la ciudad, sino porque la cantante española no es una figura popular ni repleta de hits.

Pero la calidad y el buen gusto ganaron la pulseada de la mano de un repertorio con guiños al folclore y al tango argentino. Y ahí Vega demostró su versatilidad para ir de un género a otro con vuelo interpretativo. Pasión, sí, pero con mayúsculas.

Con vestido rojo y una serenidad mediterránea, Pasión Vega salió a escena con su sonrisa habitual.

Detrás suyo, el pianista Jacob Sureda Arbona saludaba tibiamente. Claro que minutos más tarde, con el correr del repertorio, ese perfil bajo del comienzo quedaría atrás debido al virtuosismo expuesto en los arreglos y las armonías que vistieron las canciones.

La escenografía, el diseño de luces, la puesta, el show, el repertorio, todo estuvo prolijamente cuidado. Delante de una mesa con un ramo de flores, un perchero con vestidos y una silla tapada con una sábana, ella se movía como pez en el agua.

La llave que abrió los corazones del público fue primero su empatía y calidez, después la voz afinada y esa manera de cantar con todo el cuerpo y, claro, ese punto de contacto con "una que sabemos todos", que fueron varias.

Porque no sólo se lució con "40 quilates", título de su último disco, de cuyo material también interpretó "Querría" y "Se te olvidó"; sino que después llegó su tema emblemático "María bebe de las calles", para más tarde animarse con "La bien pagá", "Fina estampa" y hasta un homenaje a Charles Aznavour con "La boheme", en plan Michelle Pfeiffer en "Los Fabulosos Baker Boys", con su humanidad sobre el piano.

En un arco interpretativo que fue del fado a la copla pasando por giros de aire flamenco hasta la balada romántica, Pasión Vega le entró definitivamente al público local con "Como la cigarra" y "Gracias a la vida", pero también con el pulso tanguero de "Garganta con arena" y "Nostalgias".

El bis, con la gente vivándola de pie, fue con "Alfonsina y el mar", en una puesta donde tiró arena sobre el escenario y dibujaba con sus manos. Pero después volvió para ofrendar un mimo a su ídolo, Joan Manuel Serrat, con "Mediterráneo" y "Lucía".

"¿Cuál es el nombre de esta chica que canta tan lindo?", preguntó una señora desde la última fila, sobre el final del show. "Pasión" le contestaron desde la butaca de adelante. La mujer sonrió levemente. Había entendido todo.

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