Escenario

Un viaje musical que brilla en el talento de sus protagonistas

"Vale todo" se presentó a sala llena en el teatro Broadway. Es un perfecto entretenimiento que se sostiene por la calidad de artistas todo terreno.

Lunes 28 de Abril de 2014

El transatlántico SS América está a punto de zarpar de Nueva York hacia Inglaterra, la ruta inversa del Titanic. Un viaje en la ficción y otro en la platea. Nuevamente, en Rosario se pueden apreciar los musicales más impactantes de la porteña calle Corrientes. "Vale todo" ("Anything Goes", de Cole Porter), la pieza estrenada sobre finales del año pasado en Buenos Aires llegó al teatro Broadway el viernes pasado y ya se están agotando las localidades para el próximo fin de semana. La obra cuenta con los protagónicos de Florencia Peña, Enrique Pinti y Diego Ramos, bajo la innovadora dirección de Alejandro Tantanián.

El barco soltó amarras y las criaturas empezaron a sacudir las tablas. Con algunas imprecisiones en la técnica de sonido, la propuesta se fue asentando rápidamente. Vértigo y ritmo incesante, musicalidad, despliegue y una historia sin demasiadas pretensiones, pero con la eficacia de los clásicos del género. Con verdaderos gigantes del musical sobre el escenario, la obra se luce en su justa medida para dar vida a una serie de enredos vodevilescos, donde se aprovechan las puertas de los camarotes para condimentar una historia de amor que funciona como el plato principal que le da sentido al relato, entre las escaleras y los balcones de la cubierta.

En el escenario podemos ver a Reno Sweeney (Florencia Peña), una bailarina picaresca que quiere a Billy Croker (Diego Ramos), un galancito tramposo que desea a Hope Harcourt (Flavia Pereda), quien a su vez está comprometida por mandato familiar con Lord Oakleigh (Martín Salazar). La cosa se pone más picante cuando aparece Moonface Martin (Enrique Pinti), un gangster de poca monta que huye de la justicia. Para escapar a Londres, Moonface se hace pasar por sacerdote y en el camino ayudará a su amigo Billy a conquistar a Hope, con la complicidad de la inquieta Reno, con quien establece un pacto de sociedad amparado en una gran amistad.

La obra original, compuesta por Cole Porter, fue estrenada en 1934 en el medio de la Gran Depresión americana, y llegó a tener su versión cinematográfica en 1936, protagonizada por Bing Crosby. En esta versión, Florencia Peña descolla: actúa, baila y canta con una presencia escénica indiscutible. Además de manejarse con soltura en esos terrenos, le imprime a la historia los giros más terrenales, de fuerte identificación con el público argentino, generando momentos que aggiornan una propuesta concebida en el show business norteamericano.

El personaje de Pinti es entrañable. En su presencia se nota el paso de los años, y al mismo tiempo se le perdona todo. Un gangster inimputable que también aporta algo de la "viveza criolla" con su verborragia acelerada. En la obra también se destacan el magnate compuesto por Roberto Catarineu, en buena sintonía con el personaje que interpreta la rosarina Noralih Gago, la madre de la joven cortejada por Billy. Entre las bailarinas que acompañan a Reno sobresale Sofía Pachano, en tanto que el ex macoco Martín Salazar compone a un aristócrata inglés de marcados tonos caricaturescos.

Con más de 20 artistas en escena, un intervalo y poco más de dos horas de duración, "Vale todo" es un perfecto entretenimiento, con algunos momentos que pueden resultar alargados. Una historia simple con algunos lugares comunes que se sostiene por la calidad de artistas todo terreno y una gran producción comandada por Javier Faroni. La síntesis del "todo da igual" puede mantener cierta conexión con la poesía que nos dejó Discepolín en la letra de "Cambalache", y tal vez algo de eso flota en el aire para que la adaptación argentina sea tan efectiva.

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