Escenario

Un viaje al interior de la patria

La representación provincial llevó su recuerdo sobre los agitados años 60 y desató un ejercicio colectivo e íntimo de memoria

Lunes 29 de Enero de 2018

Viajar no es solamente correrse de lugar. Es condición del viajero estar dispuesto a la experimentación y a la novedad. Viajar a los convulsionados años 60 fue la propuesta de la delegación oficial de la provincia de Santa Fe al 58° Festival Nacional del Folclore de Cosquín, Córdoba. Y lo hizo no solamente apelando a la tradición, sino a una puesta innovadora que revistió a Los Originales Trovadores, a 55 años de su consagración en ese mismo escenario, con un gran ballet, excelentes músicos de acompañamiento y tecnología. Se trató de un viaje luminoso a la memoria de un pueblo y una interpelación a la historia de cada uno. Y si es verdad que la patria es la infancia, estas son algunos, pocos, humildes mosaicos, multicolores, como en la wiphala de los Aymará (hoy bandera de los pueblos originarios), de ese viaje.

Transformada en una política de Estado, es la décima vez que la delegación santafesina participa ininterrumpidamente del mayor festival de folclore argentino con el fin de aprovechar la masividad y popularidad del evento para la promoción de los artistas y la cultura de la provincia. Y hacia Cosquín salió un colectivo con 50 músicos, bailarines, coreógrafos, diseñadores, productores y periodistas con la ilusión hecha sonrisa y nervio.

Cuando Los Chalchaleros y Los Fronterizos hacían furor, un grupo de muchachos del barrio Echesortu formó Los Trovadores del Norte. Y con su personal estilo de folclore polifónico. Dicen los que saben que fue un 22 se septiembre de 1956 que el conjunto integrado por Bolito Rubín, Pancho Romero, Enrique Garea y Carlos Pino debutó en vivo en LT8. Seis años después, serían la Revelación, en 1963, de Cosquín. Tras muchos cambios en su formación y conflictos por el nombre, en 1996 varios de sus integrantes iniciales fundan Los Originales Trovadores, de los que sólo resta Pino.

En mi casa siempre se escuchaba folclore. La radio era la estrella mientras la tele recién aleteaba. Familia de laburantes, el domingo era infaltable "Almacén La Candelaria". A la tarde del fin de semana, mi vieja criolla le hacía la guerra en el Wincofón a mi papá gringo cuando arremetía con tango o pasodobles. Hace poco mi mamá, fanática de Horacio Guarany, preguntó por sus discos. Están guardados, contestó mi hermana. ¿De vinilo?, preguntó interesado el más chico de la mesa. Pero de folclore, le sacudieron. Ah, exclamó.

Ya camina lento y se lo ve frágil. En realidad siempre fue así. Pinito le decía Santiago Ayala, El Chúcaro, por su delgadez. Don Carlos Pino, el bronce de la delegación, recorre el Atahualpa Yupanqui en la prueba de sonido de la tarde con la risa que le da los años fumándose un puchito. Cuenta cuando en la dictadura las autoridades del festival les controlaban la lista de temas y de cómo se las arreglaban para cantar igual lo que ellos querían. Y hasta tiene tiempo para mandarle un saludo a su amigo el periodista Marcelo Menichetti, histórico enviado especial del diario La Capital a Cosquín, junto a Ubaldo "Pato" Mauro. Del otro lado del whatsapp se agradece con el corazón.

Ayer (por el jueves), a pesar de la actuación del Chaqueño Palavecino, la plaza luce incompleta. Hoy viernes la Próspero Molina está atiborrada. Soledad y Jorge Rojas prometen grandes éxitos. El Indio Lucio Rojas calienta el ambiente con su folclore pop del Chaco salteño y el Ballet Nacional Folklórico le rinde homenaje a su creador y guía, El Chúcaro, en el centenario de su natalicio. En el fondo de la escena, aparecen cuatro cantores de elegante frac, como se usaba en los 60, e irrumpen con "El Paraná en una zamba", un himno santafesino. El folclore de Los Originales Trovadores, de muy cuidados arreglos vocales, se eleva rápidamente por encima del, ahora, casi innecesario andamiaje musical y tecnológico. La belleza y calidad interpretativa de Eduardo Impellizzeri, Gustavo Gentile, Eduardo Luis Catena y Carlos Pino sorprende y, sobre todo, contrasta épocas.

La ministra de Innovación y Cultura de Santa Fe Chiqui González está preocupada por cómo conjugar no sólo las estéticas contemporáneas y las de los 60. Sino también las ideas. La desvela cómo hacer para guardar la memoria y recordar, sin ser retro ni nostalgioso, sobre todo en momentos en que algunas políticas públicas tienden a licuar la memoria de los años de la dictadura.

De la conferencia de prensa oficial participan la funcionaria, Pino, el director musical del espectáculo, Marcelo Stenta y los coreógrafos Imanol Muñoz y Elizabet Bellini. Esas líneas habían sido adelantadas en la merienda del viernes por la ministra en una rueda de diálogo con los periodistas santafesinos. Inesperada, la situación encontró a algunos con la guardia baja. Lorena Arroyo de Radio Sí ofrece grabarla y enviar el audio al grupo de whatsapp. Somos periodistas de provincia, estamos muy lejos de la carnicería porteña. Si faltan grabadores, sobra solidaridad.

   Una vez que la plaza absorbe el impacto de la maravillosa armonía de esas voces, suena "Camba Poriajú" junto a la cantante venadense Vanesa Baccelliere, una versión magistral de "Malambo" y "Chayita del Vidalero" con la voz invitada del rosarino Agustín Pistone. Detrás de ellos, un grupo de cinco músicos espera estar a la altura de semejante compromiso. Las guitarras de Marcelo Stenta, además el director musical, y Julián Cicerchia (guitarra), el bandoneón de Marcos Montes, el bajo Charly Samamé y la percusión de Cristián Vega le piden permiso al virtuosismo coral de Los Originales Trovadores para expresarse.
   La música embelesa, la danza hipnotiza. Una treintena de alumnos, ex alumnos y docentes de la Escuela Provincial de Danzas Isabel Taboga se luce estentórea bajo la atenta mirada de sus coreógrafos, los también bailarines Imanol Muñoz y Elizabet Bellini. Su atuendo es extraño, con figuras geométricas, más asociado a la comodidad de la expresión corporal que a la gala de referencia.
   El simple gira como en un tocadiscos sobre sus cabezas en la pantalla gigante como desde siempre y "Puente Pexoa" vuelve a mostrar los brillos de aquel tema que los puso en 1963 en el mapa de Cosquín. Y la ovación se renueva. Y la satisfacción se observa, rauda, abajo y al costado de los reflectores. Después vendría Soledad. Pero esa es otra historia.
   En una de las cuatro esquinas de la Próspero Molina, La Salamanca está que rebalsa, como todas las peñas. Peteco Carabajal convierte a la chacarera en patrimonio de la Humanidad mientras Felipe Bornis la canta detrás mío con una voz clara, casi en estéreo. Viene de San Nicolás y capaz que ni tenga edad para el lugar. Espera ser cantor y su hermano promete que lo representará y lo acompañará en su sueño. Juramento tomado.
   De las pocas fotos de mi niñez, en blanco y negro, claro, hay una bailando con mi hermana melliza un gato sobre el escenario del salón de actos de la Escuela Nª 56 Almafuerte de calle Salta. Después el punk se llevó mi inocencia. Miro esas danzas sorprendido por la destreza de más de uno y un halo de nostalgia me susurra que, aunque el tiempo haya hecho su trabajo, no me son ajenas. Ahora, de bailar, ni hablar.
    La avenida San Martín es un hormiguero y hay que esquivar las reposeras, heladeritas y cochecitos de quienes disfrutan del festival desde la calle. Sobre esa misma calle, La Fiesta del Violinero, de exclusiva música santiagueña, es un espectáculo con cientos de parejas bailando chacarera. Nadie se empuja ni se molesta. Todos, sin distinción de edad ni condición social, danzan al ritmo de Florencia Paz que la rompe con su fusión de folclore y rock.
    Se va haciendo tarde, en realidad temprano. En el Ceibo Club la peña está en las últimas con la presentación del pianista pampeano Román Ramonda. Su tintes clásico y jazzísticos se cuelan entre el bombo y las guitarras, espera llevar su música a Rosario. Afuera, mientras se mezclan la noche y el alba, un chico acompaña con su guitarra a una chica sentados en el tapial de la antigua capilla, hoy iglesia Nuestra Señora del Rosario. Ella lleva un hiyab verde pone a lagrimear (cronista incluido) a su improvisada platea con su hermosa voz e interpretación de "Zamba para olvidar.
    El periodista y padre de "La canción del país" de Radio Universidad tiene el alma desplegada de la emoción y le dice a quien quiera oir que, aunque sea una vez en la vida, como los musulmanes a La Meca, hay que venir al Festival de Cosquín. Perry Maison (como Fabio Zerpa) tiene razón.

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