Escenario

Un malhumorado y molesto David Lebón se fue antes del escenario

Quizá por primera vez en su vida, el ex Serú Girán no sólo  eludió el contacto directo con el público en el teatro Coliseo, de piel a piel, que  siempre concede cuando baja al promediar sus shows yendo de fila en  fila, de la primera hasta la última, sino que se fue casi corriendo  del escenario sin saludar a nadie. Ni siquiera presentó a sus  músicos y quedó debiendo dos temas que estaban incluidos en el  repertorio oficial.

Sábado 13 de Diciembre de 2008

Buenos Aires-   Ni David Lebón y mucho menos su  gente merecían un concierto de fin de año tan frío y sobre el final  innecesariamente accidentado.

Quizá por primera vez en su vida, el ex Serú Girán no sólo  eludió el contacto directo con el público, de piel a piel, que  siempre concede cuando baja al promediar sus shows yendo de fila en  fila, de la primera hasta la última, sino que se fue casi corriendo  del escenario sin saludar a nadie. Ni siquiera presentó a sus  músicos y quedó debiendo dos temas que estaban incluidos en el  repertorio oficial.

¿Qué cosa tan grave ocurrió para que el último recital del año  de semejante monstruo del rock nacional terminara como nunca  antes de esa desagradable manera?

Al finalizar la cálida balada “Poder”, track 17 de los 22  anunciados oficialmente, un contrariado Lebón y su banda se retiraron  del escenario. Se aguardaba una rápida vuelta, pero el retorno  registró una inesperada demora, ante la lógica impaciencia y ansiedad  de la gente.

Al regresar, Lebón, ahora enojadísimo, sentenció con voz  nerviosa y entrecortada que lo hacía porque se lo había pedido su hijo  Víctor, a su vez baterista de la banda.

Se plantó en el borde del escenario y casi a los gritos dijo  que tenía “más de 50 años de trabajo” y no le gustó nada que por  primera vez lo hayan silbado. “Me convenció mi hijo, sólo por eso  volví”, repitió.

En verdad, no se escucharon silbidos ni manifestaciones  adversas a su performance. Y si los hubo, fueron imperceptibles y tal  vez surgidos de las primeras filas. Por otro lado, no había tenido  lugar ningún episodio que justificara la actitud denunciada por el  famoso músico de 56 años.

Es cierto que no fue una actuación de las más inspiradas y que  incluso tuvo unos pocos pero nítidos momentos de cierta abulia y  tedio. Pero al hombre, casualmente afectado de mucho calor según  dijo en el inicio, “le saltó la térmica”.

Por ahí es como dijo un muchacho al salir del Coliseo: “el  chabón empezó mal, no tenía la onda de siempre, algo le pasaba, qué  sé yo, por ahí el sonido, la poca gente que fue...”.

Lebón dio varias notas previas al show y en todas se mostró  exultante, tanto, que le llegó a manifestar a Alfredo Rosso en el  exitoso programa “La casa del rock naciente” de la Rock and Pop que  estaba tan entusiasmado que “por ahí la gente se encuentra con pan  dulce y champagne y otras sorpresas más”.

Una cosa es segura: a Lebón lo fastidió sobremanera, y tal vez  no es para menos tratándose de un peso pesado como él, ver el  Coliseo con enormes claros en las butacas (debe haber asistido la  mitad de su capacidad de 1870 espectadores).

Ese malestar probablemente lo exteriorizó cuando después del  octavo tema -el hímnico “Mundo agradable” de Serú- tuvo un cruce  para nada cortés con un fan que osó pedirle “más rock and roll”.

“Si esto no es rock and roll estás en el lugar equivocado”, le  contestó de mala manera. Sólo los más obsecuentes festejaron el  exabrupto con un tibio aplauso.

Hasta entonces, habían pasado “Tiempo sin sueños”,  “Despertándome sigo soñando”, “Buenos Aires blues”, “Creo que me suelto”,  “Parado en el medio de la vida”, “No llores por mí reina” y “Sube  100”. Todo bien, pero 90 por ciento pop y balada.

La cosa se puso para arriba y con furiosas guitarras al frente  en “Todos en el cuarto”, “32 macetas”, “Tu canción me hace daño”  y un tema nuevo, “Soñalo como vos querés” que formará parte del  próximo álbum solista de David, “Deja vu”.

El tramo final para nada hizo presagiar el escandalete de  cierre, aunque cabe insistir que la presentación transcurría bastante  fría, plana, y sin nada especial para destacar.

Lebón esta vez se fue por la puerta trasera adeudando “Copado  por el diablo” y “Suéltate rock and roll”.

Pero inmenso al fin, justo es reconocer que en su último  suspiro, “Seminare”, el tipo peló por fin su mejor voz, que vaya si la  tiene, tanto de la complicada noche como en muchos años no se le  observaba, al menos en ese ya mítico y fascinante tema. (DyN)

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