Escenario

Un clásico para explorar el paraíso o el infierno del matrimonio

Natalia Trejo, codirectora junto a Mariana Pevi de la obra "Danza macabra", de Rosario Imagina, dijo que esta versión suma la "impronta femenina" a la pieza de August Strindberg.

Sábado 04 de Mayo de 2019

Las convenciones sociales suelen ser sometidas, cada vez con más frecuencia, a un escrutinio permanente, y el matrimonio es uno de ellas. Hace más de un siglo August Strindberg lo planteó en "Danza macabra", una de sus obras de referencia. En ese texto estrenado en 1908, el autor expone con crudeza la crisis y las contradicciones de una pareja que lucha entre la reacción y la inercia de continuar juntos y que no termina de resolver si la decisión depende de la razón, de las leyes de la física o del amor.

"Los personajes bailan en el infierno intentando recuperar el paraíso", aseguró Natalia Trejo, corresponsable junto a Mariana Pevi de la dirección de esta puesta, que, según adelantó, está marcada por una resignificación del personaje femenino a la luz de la actualidad. Con este clásico el grupo Rosario Imagina fundado por Rody Bertol hace casi 30 años, completa su trilogía sobre el autor sueco, luego de "El sueño" y "La sonata de los fantasmas". El elenco está conformado por María Eugenia Ledesma, Alejandro Ghirlanda, Germán Capomassi, Gisela Sogne, Diego Bollero, Adrián Moriconi, Pamela Di Lorenzo y Gabriela Soverchia. La obra se podrá ver a partir de hoy, y todos los sábados de mayo y junio, a las 22, en el Centro de Expresiones Teatrales (San Juan 842).

—¿Qué te interesó del proyecto?

—Esta es la tercera obra que Rosario Imagina hace de Strindberg. El año pasado Rody nos propuso tomar este texto y a Mariana Pevi y a mí nos propone tomar la dirección. Es la primera vez que en Rosario Imagina dirigen mujeres. De tomas maneras, ya hace 7 años que estoy en el grupo y la dinámica de este espacio es siempre poder circular por diferentes funciones, no sólo desde la actuación. Hacía tiempo que teníamos ganas de hacer un clásico de autor.

—¿De qué forma se inserta "Danza macabra" en el contexto actual de los reivindicaciones de colectivos femeninos?

—"Danza macabra" aborda el tema del matrimonio, de las relaciones interpersonales, del vínculo de la pareja y nos pareció que en este momento estaba bueno poder trabajar algo de esa temática. En esta puesta es una misma pareja representada por seis actores. En este caso la mujer aparece muy empoderada y hay una disputa constante. La ida era que la mujer aparezca también con la posibilidad de discutir, de enfrentar, de estar a la par del hombre en una relación. Si se quiere, el matrimonio siempre estuvo en tensión o en crisis, pero me parece que en este contexto en particular hay otra mirada. Justamente jugamos con una mujer que pueda enfrentar a un hombre, que pueda decidir, que pueda tener cierto protagonismo en una relación amorosa. La idea es invitar a reflexionar sobre los modos de vincularse amorosamente en este momento. Nosotros decimos que en esta danza que propone Strindberg los personajes de Alice y Edgard bailarán un infierno intentando recuperar algo del paraíso que en algún momento hubo porque en algún momento se encontraron y se eligieron.

—Esas dos categorías tan contrastantes, el paraíso y el infierno, ¿se podrían llevar a un plano más general de la actualidad, como las laborales, sociales, políticas?

—En realidad la obra lo propone en el marco de una pareja, pero la idea es poder reflexionar en general sobre las relaciones interpersonales y humanas. Estamos en un contexto en el cual aparecen los extremos del infierno y el paraíso y todo el tiempo estamos oscilando y tratando de encontrar algún punto medio que posibilite continuar. Lo podemos pensar en cualquier ámbito, en lo social en general. Hoy estamos en esa tensión constante.

—¿Es una dificultad extra cuando las dos partes, una pareja o los partidos políticos, aseguran ser el paraíso?

—La idea en este ring que se propone entre esta pareja es lograr que algunos momentos puedan encontrarse o respetar lo que el otro tiene para decir o proponer. Es la posibilidad también de escuchar, que hoy en día es dificultosa.

—¿Cómo es la puesta en escena?

—Es una obra atemporal, no está en ambientada en una época; el lugar es la casa y la idea es poder jugar con ese ahogo y ese deterioro que tiene la pareja. Además de esta pareja están los personajes de la madre de Edward y una amante, que son los que aparecen como sombras y van a interrumpir de diferentes modos esta relación.

—¿Qué singularidad le aporta a la obra que haya sido dirigida por dos mujeres?

—Eso lo pensamos con Mariana Pevi. Suponemos que tiene esa impronta femenina. De hecho cuando realizamos el proceso nos dimos cuenta que las mujeres habían quedado muy empoderadas y el hombre muy minimizado (risas). Ahí tuvimos que reajustar porque tampoco esa era la idea, pero tiene esa impronta de posicionar a la mujer en otro lugar en una relación o cualquier otro tipo de vínculo.

—¿Qué tiene para decirle al espectador actual esta obra?

—Me parece que hay dos cosas importantes. Este es un trabajo colectivo. Este es un grupo que se sostiene hace más de 25 años y me parece que esa es una de las cosas más ricas que tenemos para ofrecer, que es una producción colectiva, y después retomar un clásico, reversionarlo y reflexionar sobre los vínculos. En esta obra aparece desde el matrimonio, pero lo podemos llevar a cualquier vínculo de la vida o cualquier contexto. Sobre todo me parece porque hoy en día está más marcado el tema del infierno y el paraíso, lo que uno siente o cree que es lo verdadero y lo que el otro propone. De hecho estamos en un momento de crisis en el sentido de sostener una relación porque se dificulta poder encontrarse con el otro.

—¿Las redes y las aplicaciones solucionaron el encuentro o lo complicaron?

—Es como elegir en una góndola del supermercado (risas). Igual tengo muchos conocidos que armaron pareja a través de estas aplicaciones. Es algo para analizar. Hoy los modos de encontrarse y vincularse son a través de las redes o algo virtual. Yo soy psicóloga y en el consultorio escucho mucho esta dificultad, no sólo de encontrarse, y me parece que lo difícil es sostenerlo en el tiempo, soportar las diferencias, porque el otro viene con su historia.

—Y si no funciona muy bien, resistir la tentación de ver si no se pierde una posibilidad mejor...

—Es así, pero eso me parece que responde a la lógica capitalista o neoliberal. Es esa actitud de consumir y siempre estar pensando que te estás perdiendo algo mejor. No estaría bueno catalogarlo como algo malo o bueno, pero me parece que son cosas propias de esta época. Y después es como todo, hay gente que le da un buen uso, que se beneficia, que se encuentra y está lo de entrar como a una góndola de supermercado a ver qué encuentro creyendo que siempre hay algo mejor cuando en verdad me parece que lo que se nos está dificultando es poder esperar, tomarse el tiempo, escuchar al otro y hacer un intercambio.

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