Escenario

"Tuve que convertirme en mi propia productora para sentirme libre"

La soprano francesa habló de su nuevo disco, de su próximo show por streaming y de los desafíos que debió enfrentar en su extensa carrera.

Domingo 14 de Junio de 2020

En 1997, cuando tenía sólo 23 años, Emma Shapplin se convirtió en una estrella. El mundo se sorprendió con esta soprano francesa que podía combinar armónicamente el canto lírico y el italiano antiguo con pop electrónico y guitarras eléctricas. Su disco debut, “Carmine Meo”, vendió más de dos millones de copias a nivel internacional, y fue el puntapié de una carrera exitosa que la llevó a seguir creando y experimentando con su voz. En 2014, por ejemplo, editó “Dust Of A Dandy”, un álbum que navegaba por las aguas de la electrónica y el dark rock. Y sus shows en vivo pasaron por escenarios inéditos como la Acrópolis de Atenas, el Gran Palacio del Kremlin en Moscú, la explanada del Opera House en Singapur o un concierto al aire libre en un inmenso templo en Bali. En 2012 se presentó por primera vez en Rosario, en Metropolitano, y ese mismo año llenó el Luna Park de Buenos Aires.

Ahora Shapplin acaba de regresar a escena con “Venere”, su séptimo disco, que es una especie de secuela del multiplatino “Carmine Meo”, es decir, un álbum de neoclásico puro con el que busca volver a sus raíces. La presentación en vivo de “Venere” iba a encararse con un ambicioso espectáculo y una gira mundial, pero la pandemia del coronavirus frustró estos planes y la cantante y su equipo empezaron a pensar en alternativas. Así surgió “Venere 2.0”, un recital vía streaming con un enorme despliegue que se podrá ver en vivo a través de la página oficial de la soprano el próximo sábado 27 de junio.

El show se realizará en el teatro Elíseo-Montmartre de París a las 21 (16 horas de Argentina). Shapplin estará acompañada por todos sus músicos y habrá invitados especiales: el cantante francés Florent Pagny, el tenor italiano Alessandro Safina y un nombre muy familiar, León Gieco (ver aparte). Durante el día, el público virtual podrá seguir a través de 12 cámaras todos los preparativos, ser parte del camarín de la soprano y recorrer el backstage hasta el momento del recital. La gente también podrá hacer comentarios en vivo a través de Facebook e Instagram, y la artista leerá estos mensajes en las pantallas del teatro y va a interactuar con sus fans.

Los pases virtuales para acceder al contenido se pueden comprar en la misma página oficial, y parte de lo recaudado será donado a entidades relacionadas con el tratamiento del Covid-19.

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En charla con Escenario desde su casa en París, Emma Shapplin habló de su nuevo disco, de su vida cotidiana durante la cuarentena, del movimiento feminista y de los desafíos que tuvo que enfrentar en sus dos décadas de carrera.

—¿Cómo surgió la idea de hacer este show virtual e interactivo? ¿Es la primera vez que lo hacés?

—Sí, es la primera vez, es todo una experiencia nueva para mí y para mi equipo. La primera idea, meses atrás, era dar conciertos en Latinoamérica, pero había complicaciones técnicas para llevar todo el armado del show para allá, y después apareció lo de la pandemia. Mi nuevo álbum estaba por salir a la venta y me preguntaba cómo podía compartir mis nuevas canciones con mis fans en Latinoamérica y el mundo. Y la única opción era tratar de hacer un concierto en vivo por streaming. Creo que este es el momento adecuado. Yo no quería tocar sólo un par de canciones desde mi casa o dentro de un estudio, quería dar un concierto real. Entonces contraté un teatro y estaré allí con todos mis músicos, mis técnicos, los ingenieros de sonido, decorados, pantallas led, vestuario y también invitados: Florent Pagny y Alessandro Safina. Creo que ellos podrán participar personalmente porque están cerca, es probable que puedan viajar. Y con León Gieco nos comunicaremos vía streaming. Yo estoy convencida de que en estos momentos la música y el arte en general son muy importantes, y es positivo para todos que los artistas que podamos seguir trabajando. No podemos hacer giras, pero debemos encontrar alternativas para mostrar nuestra música.

—¿Cómo definirías a tu nuevo disco, “Venere”? ¿Qué lo diferencia de los anteriores?

—La mayoría de mis álbumes, los posteriores a “Carmine Meo” (“Etterna”, “Macadam Flower” y “Dust Of A Dandy”), fueron más experimentales, muy libres en términos de estilos y muy intuitivos. Pero hace años que quería grabar como un “segundo acto” de “Carmine Meo”, y pensé que ya era hora de hacerlo. “Venere” es un disco mucho más técnico, tanto en la composición como en la grabación, y no es tan libre, está más enfocado. Yo estaba buscando el paso siguiente de “Carmine...” y necesitaba encontrar el sonido, el ritmo, el estilo, la atmósfera e incluso la voz de ese trabajo. En mi opinión está bastante logrado, es lo que yo quería hacer desde un principio: el sonido en general es más en vivo que en “Carmine”, los arreglos de las canciones que he escrito son más pasionales y los beats más modernos. “Venere” es un álbum neoclásico puro, y en el concepto y las letras es como un viaje a través del laberinto del amor.

—¿Cómo es tu vida cotidiana en este tiempo de cuarentena?

—Más allá de los viajes y de dar conciertos, mi vida no ha cambiado tanto en este tiempo. Paso la cuarentena en mi casa, que es más como un estudio de arte. Aquí tengo todas mis creaciones y un estudio de grabación, así que sigo trabajando en mi casa. Lo único que no puedo hacer tanto como antes es ejercitar mi voz, porque alrededor ahora hay más silencio, y mi voz se puede escuchar a varias cuadras a la redonda (risas). Hay familias con bebés y no los quiero molestar. Además no puedo ir a nadar, algo que realmente extraño, porque me mantiene fuerte. De todas maneras sigo creando, pinto mucho y también leo.

—En Francia están saliendo de a poco de la cuarentena. ¿Pensás que vamos a aprender algo de esta experiencia tan inusual?

—No lo sé. Espero que sí, lo deseo, pero no lo sé. Tal vez la gente se pueda reencontrar de una manera más profunda con su familia, tal vez aprenda el valor de la familia y los afectos en lugar de estar todo el día corriendo de un lugar a otro. Es muy loco que vivamos a las corridas. Quizás la gente valore ahora los momentos en que se pueden juntar y hablar cara a cara. Cuando salgo a caminar en mi barrio ahora puedo ver a las familias en los jardines, jugando, y es algo que no había visto nunca, o por lo menos no de esta manera. Con respecto a otras cosas tengo mis dudas. Creo que la contaminación va a volver y va a crecer, desgraciadamente. Es una pena que todavía no tomemos conciencia de la importancia del medio ambiente. A veces me pregunto si los seres humanos pueden ser respetuosos y responsables, si somos conscientes de que nuestras acciones tienen consecuencias.

—Tenés más de 20 años de carrera, ¿cuáles han sido los desafíos más difíciles en tu trayectoria?

—(Larga pausa) Hace años, cuando recién empezaba, lo más difícil fue tratar de expresarme en la forma en que yo quería hacerlo. Tuve que alejar a varios productores y a mucha gente (risas) y convertirme en mi propia productora para sentirme libre. Una vez que lográs eso, el camino es más agradable. El negocio de la música también ha cambiado mucho en los últimos años, y sigue cambiando, y es un desafío constante adaptarse. Yo siempre he apostado por la diversidad en lo artístico. Y sé que para los artistas jóvenes es difícil encontrar una manera de vivir del arte, porque sí hacés dos trabajos al mismo tiempo no te vas a sentir realizado. Tenés que estar completamente entregado a esto para poder desarrollarte y que te vaya bien.

—En los últimos años las mujeres han avanzado en el reclamo de sus derechos. ¿Cuál es tu opinión sobre el movimiento feminista?

—Desafortunadamente es una necesidad. Lo mejor sería que las mujeres no tuviéramos que estar peleando por nuestros derechos, no? ¡Estamos en el siglo XXI! Parece mentira que haya que luchar por derechos básicos a esta altura. Lo que espero es que las mujeres, en esa lucha , no pierdan su femineidad y su delicadeza, porque a veces, cuando hay que pelear, la gente se vuelve dura y agresiva, y creo que eso no es muy femenino. Creo que no hay que perder la gracia y la delicadeza para empoderarse.

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