Escenario/Críticas

"Tomando Estado": La batalla que se pierde es la que se abandona

Calificación: Muy buena. Intérpretes: Germán de Silva, Sergio Podeley, Verónica Gerez , Chang Sung Kim, Pasta Dioguardi, Elvira Onetto. Dirección: Federico Sosa. Género: Drama. Emisión: Cine.ar.

Domingo 18 de Octubre de 2020

La militancia en los años 70 aparece en la delgada línea que separa la cruda realidad y la inevitable nostalgia. Ahí apunta “Tomando Estado”, la película de Federico Sosa -disponible en Cine.ar- que permite hacer un paneo por el pasado para entender ciertos comportamientos políticos y sociales del presente. El filme, ambientado en 2001, genera bronca y desazón cuando se hace foco en esos años de pandemia económica y vaciamiento ideológico, pero a la vez invita a no bajar nunca las banderas de las luchas sociales. Motivo más que suficiente para que la película sea más que necesaria para este presente complejo, ambiguo y enrarecido de la Argentina de hoy.

Carlos (sobresaliente labor de Germán de Silva) es el referente de una cooperativa eléctrica de un pueblo bonaerense. No la tiene fácil. Debe enfrentar algunos sacudones puertas adentro en su lugar de trabajo y las presiones de afuera provenientes de los políticos de turno. “A veces, muchachos, alcanza con mantenerse de pie”, le dice a sus compañeros, que quieren patearle el tablero al intendente, pero sin perder la fuente de trabajo. Ecuación de difícil resolución.

El director Federico Sosa utilizó su experiencia como operario en una fábrica para volcar algunas de esas vivencias en esta ficción. Y logró un relato paisajista de aquellos años, donde convivían los discursos del entonces presidente De la Rúa, con los almuerzos siempre vigentes de Mirtha Legrand, que por ese entonces estaba en el canal estatal, las carreras televisadas del Hipódromo de Palermo, las charlas en la mesa en lugar de los mensajitos por celular, y la crisis, como nave insignia.

TOMANDO ESTADO 2020 TRAILER ESTRENO 15 de Octubre por Cinear TV Dirigida por Federico Sosa

La película tarda en mostrar el nudo del conflicto, precisamente porque se encarga de mostrar el perfil de los personajes, en los que de a poco emergen las historias de vida.

Carlos pasa largamente los 60 años y tiene un pasado militante vinculado con el peronismo de la resistencia en los años 70. Sufrió persecuciones, torturas, desapariciones de amigos, y llegó a ese pueblo perdido para proteger su familia y principalmente a su hijo, que ya está instalado en el exterior.

La contrafigura generacional, no ideológica, es Nicola (Sergio Podeley) , un compañero de la cooperativa con tanta capacidad para seducir mujeres como para apasionarse con llamativa inocencia por las revistas de historietas o por esas historias que abren y no cierran nunca.

El director se encargó de mostrar el universo variopinto que habita en esos pueblos pequeños en los que el arco va desde el loco del barrio hasta el ladrón de energía eléctrica, el político corrupto y el intelectual incomprendido. Justamente una FM de la zona sirvió para mostrar a Victoria (Verónica Gerez), la chica nueva recién llegada de Capital y su impronta de mujer empoderada en contraste con la quietud pueblerina.

Nicola pasará de ser el amante de la esposa del ferretero a tener un romance con Victoria, aunque le cueste digerir que ella tuvo una pareja mujer. Este aprendizaje de vida del joven Nicola irá de la mano de otro aprendizaje, de mucha más complejidad, que es el que atravesará Carlos, ya sobre el final de la película. Con la intención de reencontrarse con sus viejos amigos de militancia, el experimentado sindicalista viajará a un bar capitalino. En la puerta lo deja Nicola, quien lo acompañó para reencontrarse con Victoria y lo pasará a buscar cuando termine esa reunión de camaradería.

Y en ese bar se verá un pantallazo de las inequidades de la militancia política, en la que mientras unos se enriquecen y se burlan del pasado, a otros los matan y también hay quienes nunca bajan los ideales y siguen luchando.

A ellos va este filme, en cuya dedicatoria en los créditos está nada menos que Pocho Lepratti y los 39 asesinados el 19 y 20 de diciembre de 2001. La escena del final invita a no bajar los brazos en las luchas sociales. Porque, en definitiva, las únicas batallas perdidas son las que se abandonan. Y Carlos lleva la luz de la antorcha como guía.

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