Escenario

Todas las familias tienen algo que ocultar

"El Tigre Verón", "Family Business", "Algo en qué creer" y "Bloodline" abordan similares problemáticas.

Domingo 04 de Agosto de 2019

La familia es algo recurrente en la televisión, en el teatro, en las películas y, claro, también en las series. Pero pocas veces propuestas de orígenes tan disímiles están atravesadas por temáticas similares como es el caso de la producción estadounidense “Bloodline”, la danesa “Algo en qué creer”, la francesa “Family Business” y la argentina “El Tigre Verón”. Es que en los cuatro ejemplos hay un padre poderoso, un hijo al que suelen llamarle la oveja negra de la familia, una deslealtad y, lo que lleva de las narices al espectador: todos tienen algo que ocultar.

En “Bloodline” hay un hijo que vuelve a casa en una fiesta familiar que es tapa de todos los diarios. Y papá no se pone muy contento que digamos. De repente, el padre ricachón, dueño de un hotel en las playas de Florida, muere en medio de una discusión con Danny, el hijo “descarriado”. Y claro, todos los ojos inquisidores estarán encima del hijo desprolijo, y pocos imaginan que su hermano, el bueno de los Rayburn, esconde una carta marcada.

La pelea por el poder religioso, como si fuese una grieta política argentina, asoma en “Algo en qué creer”. La trama de la serie dinamarquesa se quiebra cuando Johannes pierde por pocos votos la elección en la que era número puesto para ser obispo de Copenhague. La derrota lo irrita, se deprime, se alcoholiza, engaña a su mujer con una de sus colegas de la iglesia y se enfrenta a su hijo August, que es un capellán militar. Encima su otro hijo, Christian, ya es ex seminarista y se dedica a negocios empresariales. Aquí también hay una muerte que cambia todo y hay vínculos que empiezan a resquebrajarse.

En tono de comedia, “Family Business” ahonda en los conflictos de una familia parisina cuyo sustento se basa en una carnicería. Los tiempos cambiaron y las ganancias del ayer son las pérdidas de hoy. El padre pretende que quien siga con el negocio sea su hijo Joseph, pero él no se imagina en esa función, sólo quiere hacer negocios imposibles. Hasta que un buen día, Joseph recibe el dato que se va a legalizar la marihuana en Francia y decide convertir la carnicería en la primera cafetería de marihuana del país. El caos se apodera de la familia, con dilema moral incluido, y hay veces que el drama le gana a la comedia.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Chávez y “El Tigre Verón”? Mucho. Porque El Tigre es el mandamás del sindicato de la carne y en los primeros capítulos se cruza con su hijo Fabito (Marco Antonio Caponi), adicto a las drogas y los negocios sucios, y le avisa que lo va a aplastar si le falla. Tanto Fabito como su hermana (Sofía Gala Castiglione) se animan a roscas temibles y aparecerán deslealtades y zonas oscuras.

En lo que respecta al vínculo padre-hijo hay otro punto más para resaltar. Y es que en todos los casos, la figura del padre poderoso, omnipotente y hasta testarudo aparece como un psique du rol reiterativo, y en los cuatro casos se trata de actores brillantes cuyo traje les queda a medida.

El interminable Sam Shepard es Robert Rayburn en “Bloodline”, un hombre capaz de reírse en la cara de Danny, ese hijo al que no le dio la misma igualdad de condiciones que al resto de sus herederos. Lo ningunea, le hace una mirada esquiva y no es capaz de mirarlo de frente cuando le hace un reclamo justo por una factura impaga del pasado.

Adam Price, el creador de “Borgen”, tuvo la feliz idea de darle el personaje del polémico sacerdote Johannes Krogh a Lars Mikkelsen, quien hace gigantes expresiones de ferocidad o ternura en un pequeño gesto, Y se luce en “Algo en qué creer”.

“Family Business” tiene como cabeza de elenco a Gérard Darmon, dueño de un histrionismo sutil. Cuando se enfenta con su hijo Joseph en la serie francesa es imposible no espejarlo con cualquier pelea similar de padre/hijo en una casa de Rosario.

Y qué decir de Julio Chávez. Su Tigre Verón no tiene fisuras en lo interpretativo, inspira empatía cuando se lo ve llorar ante la muerte de su madre y mete miedo cuando se pelea con el dueño de un frigorífico que echará a sus empleados. Se repite en el rol del poderoso, es cierto, pero es indudable que está por arriba de la media de los actores de la Argentina.

Poder patriarcal, hijos que escapan al mandato familiar, traiciones y la verdad no revelada: cuatro coincidencias para cuatro series que vale la pena ver.

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