Escenario

"Tiendo a ser un poco darkie", afirmó Lila Downs

La mexicana reitera su compromiso social en el disco "Balas y chocolate" que presenta en El Círculo. Contó cómo influyen en sus composiciones sus raíces indígenas y estadounidenses.

Viernes 14 de Agosto de 2015

Lila Downs transforma en poesía aquello que la afecta, desde la inmigración a la violencia, hasta los conflictos sociales y la identidad cultural mexicana. Por eso la cantante eligió el título "Balas y chocolate" para su último disco, dos palabras en apariencia contradictorias, pero que en realidad se complementan y son una síntesis de sus intereses. Downs, apasionada y sensible, pero también irónica y autodefinida como "un poco darkie", explicó a Escenario el concepto de este nuevo álbum. También contó de qué manera influyen en sus composiciones sus raíces indígenas y estadounidenses y se refirió a aspectos de la actualidad como las polémicas declaraciones del candidato republicano Donald Trump sobre los mexicanos. La artista actúa hoy, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

—¿Cuál es el concepto del disco?

—Por una parte me interesa esta relación que nosotros tenemos con el peligro. Creo que me refiero más a la condición humana, a la naturaleza de algunas cosas que nos atraen y al mismo tiempo nos repelen. En estos tiempos tenemos incluso situaciones difíciles en muchos países de Latinoamérica, con la seducción del poder y la corrupción de los gobiernos, y el cacao, en contraste y también en parte, provoca ese mismo peligro, esa seducción, y produce en nosotros que nos haga querer más. Estos dos elementos están dedicados al Día de los Muertos, cuando acá, en México, tenemos la costumbre de hacerles una ofrenda a los muertos.

—¿Cómo es la sociedad compositiva con tu marido, Paul Cohen? ¿Cómo definiste el repertorio?

—Yo soy la que voy decidiendo poco a poco cuál será el tema, y un poco decidiendo el repertorio. Paul y yo componemos algunas cosas. Armónicamente hablando, Paul está más evolucionado que yo, así que me ayuda con mis tres acordes que me se (ríe) y después lo pasamos con la banda. En esta ocasión el disco fue muy lindo y fue muy democrático, porque hicimos talleres, comimos y bebimos rico, y de ahí nos íbamos a grabar las maquetas y pulirlas. Salieron cosas muy lindas y fue la primera vez donde quedaron en el disco más propuestas de la banda.

—El clip de "La patria madrina" lo dirigió Gustavo Garzón. ¿Cómo se dio esa colaboración?

—A Gustavo lo conocimos en el disco anterior. El hizo también el video sobre el tema "Zapata se queda", que también me parece que lo hizo muy sensible, siempre preguntádome cuál era mi visión, su preocupación por la letra y la intención del tema. En esta canción creo que también el aportó muchas ideas que me parece que ilustraron nuestra preocupación. Pero nos conocimos porque él me había invitado a participar en una peli que él quería hacer sobre un manicomio muy famoso en México llamado "La Castañeda". Era un manicomio con unas historias tremendas y me parece que hay una serie de archivos que hablan de los personajes que se encontraron en ese lugar, es un tema muy darkie. Pero me encantó, y yo también también tiendo a ser un poco darkie (risas).

—¿En qué notas que tendés a ser un poco darkie (oscurita)?

—No se en el caso de él, pero yo vengo de familias en las que somos muy críticos. Críticos con nosotros mismos, en primer plano, y con todo lo que nos rodea. Puede ser que mi madre es una persona más de derecha, siempre las discusiones en la familia son "es que tu no disfrutas la vida" y "tienes que aprender a gozarla..." (risas). En cambio yo, soy un poco más sufrida, tengo que hacerlo más bien como que voy por la parte difícil, me gustan los retos, este tipo de cosas... (ríe).

—En "La patria madrina", "Son de difuntos", "Viene la muerte echando rasero", y sobre todo en "Balas y chocolate" hay un fuerte apelación a la justicia. ¿Cómo es el proceso para transformar en arte la realidad de la que hablás en esos temas?

—Fíjate que es curioso cómo la percepción va cambiando de acuerdo a cómo está pasando el tiempo en tu país, el clima político, las cosas que se comentan. Recuerdo que cuando primero estábamos cantando en el país, empezaba el paso de lista en todos los conciertos, uno, dos, tres así por los 43 estudiantes desaparecidos. Ahora creo que seguimos viendo esa presencia en los públicos pero creo que ya estamos en otra etapa, en la que ya no estamos en el centro del lío. Ya no estamos más al tanto de las notas periodísticas que están cubriendo el hecho de que van apareciendo más y más cuerpos. Y ninguno es de los 43... es desesperante. Es angustiante por una parte y espero que nuestra música pueda provocar una especie de metamorfosis porque creo que tenemos que pasar. Yo espero que sea de una manera más civilizada como podamos abordar nuestra sociedad para hacer los cambios.

—En el 2000 en "El árbol de la vida" empezaste a incluir sonidos electrónicos fusionados con jazz, rock y letras en inglés, además de música tradicional mexicana, y paralelamente llevás tu música a Europa. ¿Cómo llegás a esa evolución o necesitabas diversificar tu trabajo?

—Creo que es curioso porque cada disco es un poco autobiográfico, como para todos los artistas, creo que es parte de nuestra historia. Y en mi caso es mucho sobre la identidad porque eso ha sido con fuerza lo que me ha preocupado. Es lo que ha sido de cierta forma mi terapia porque si no creo que no estaría viva, ahora con la doble negativa de ser parte yanqui y parte indígena, esta realidad que vivimos los que estamos entre fronteras. Creo que ese disco de los códices mixtecos fue un disco muy importante para mi en el sentido de que expresaba mi raíz indígena y mi orgullo en esos códices prehispánicos que sobrevivieron a la Inquisición que era simbólicamente esa conexión con una fuerza del pasado, quería expresarlo y compartirlo con mis compatriotas y con la gente mixteca y zapoteca de mi lugar de origen. Sentía que en nuestra comunidad había rechazo, discriminación, odio, rencor, cosas complejas, y creo que sí me ha ayudado mucho cada etapa. Igual después la siguiente, la de "Border", que habla de la migración y de la frontera, también me ha ayudado mucho a abrir el tema para discusión y decir, bueno, cuántos niveles de pochismo hay... El pocho es una persona nociva en Estados Unidos con orígenes latinos o mexicanos. Y todo eso es muy interesante porque no fácilmente se pone la gente a hablarlo.

—En Estados Unidos por primera vez los hispanos superaron el 50 por ciento de la población de California. Y en todos el país ya son 55 millones de latinoamericanos sobre una población de 320 millones de habitantes, e inclusive superaron al número de afroamericanos. ¿Qué estarían indicando esas cifras?

—Es muy lógico considerando las labores que hacen muchos latinoamericanos en Estados Unidos y considerando nuestro lugar histórico en nuestro continente. Eso es lo que se le olvida a la gente como ese personaje, Trump, personas muy ignorantes que están en su propio globo, sin ser tocados por la realidad.

—¿Cómo te afectaron las declaraciones de Donald Trump sobre los mexicanos?

—En ese contexto, pues qué pena que muestre ese lado, pero por otra parte qué alegría que lo muestre porque muestra la verdad... (ríe) Creo que todos los que hemos pasado un tiempo en Estados Unidos sabemos que existe ese monstruo racista, pero está muy bien escondidito. Entonces de cierta forma es bueno verlo así por lo que es. Además él es un ejemplo único porque es un millonario que tenía su programa, incluso mucha gente aspira a ser como él, pero te das cuenta que si es que sólo quieres ser un millonario y persigues el dinero como un fin en la vida, pues quedarás así, viéndote como él... (risas).

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