Escenario

Tertulias caseras: aire fresco, artes y amistad

Sin estridencias ni altavoces, la palabra marca el registro de relación e intercambio.

Domingo 21 de Enero de 2018

Con un "bienvenidos a mi casa" la anfitriona especifica la característica del encuentro. El patio de la casona del macrocentro se puebla rápidamente y sólo brilla el collar de bombitas que engalana la multicolor pared del fondo y la tarima petisa que oficiará de escenario. Será la única estridencia de la noche. Aquí no hay cumbia a mil decibeles ni bailongo. Con el silencio y el respeto como aliados, artistas de diferentes tribus leen sus escritos o muestran su gracia en una no novedosa pero sí reivindicada forma de ágora más introspectiva, de manifestación libre e igualitaria, sorprendente, amistosa, desarrollada en la esfera de lo privado, gratuita y sin molestar a los vecinos. Las tertulias caseras, en este caso literaria, o mejor, multidisciplinaria, han ido reapareciendo como una forma de cercanía y reconocimiento del otro como artista, siempre con una difusión de boca en boca, y apartado del consumo al que obligan otros ámbitos como los bares. El verano y la economía, crueles, ayudan.

Sin restricciones. Tras los agradecimientos de rigor de las presentadoras, la actriz, directora de teatro y escritora Eva Ricart, dueña de casa, y de su colega de tintas Valentina Lopiccolo, los artistas suben a escena. Como esta tertulia está organizada por el colectivo artístico Tanga Feroz y por los integrantes de un taller de escritura, los lectores la emprenden con textos propios en voz alta.

No hay restricciones de ninguna naturaleza, todos pueden mostrar su arte. Los más tecnológicos leen desde sus celulares o tablets, los menos con papeles en la mano.

La poesía y el amor son el género literario y el tema más encarados. Así lo manifiestan Dora Do y Olivia Bayo. Pero hay más. Ricart escribe y lee prosa, son pequeños cuentos, mientras la escritora y actriz uruguaya Vivianne Artigas la emprende con el texto y con el cuerpo, a semejanza de Ana Clara Fernández Torres. La poetisa es una fiesta en sí misma con su colorido atuendo, sus brillitos y su corona de flores, en tanto la experiencia de la también cineasta oriental hace de su exposición prácticamente una puesta en escena. Entonaciones, interpretaciones, ritmos de lectura y hasta calculados errores forman parte de su performance y dan cuenta de la complejidad de la palabra cuando, en movimiento, atraviesa un cuerpo.

Hay muchos más poetas y poetisas que, con calma, van dirigiéndose al público. Hay en ese patio actrices, actores, escritores, bailarines, diseñadores, músicos y artistas en general, y espectadores de distintas tribus urbanas, en un ambiente hippie-chic de manifiesta convivencia.

Sorpresas. Y es cuando todo parece encaminado hacia lo habitual, que asoma la sorpresa. De entrada, las presentadoras se animan a cantar y confiesan que es la primera vez que lo hacen en público. Hasta que desde el fondo emerge una alta figura, vestida de negro. Invitado por las organizadoras a sumarse al escenario, el cantor, compositor y bandoneonista Leonel Capitano deja a más de uno con la boca abierta.

Quizás el mejor de su generación, el maestro rosarino tiene el tino de tocar "La Chamu", un tango dedicado al extinto centro cultural La Chamuyera, conocido por la mayoría de los parroquianos, y a la chica que sufrió el intento de asesinato con una botella tirada desde un edificio lindero que dio en su cabeza y la dejó discapacitada. El o la criminal todavía no aparecen y Capitano lo recordó con música a medio tono, sin hacer resongar a su bandoneón.

Respeto. Es que, debido a que se trata de una reunión privada, es importantísimo tener una buena relación con los vecinos, sobre todo en lo que se refiere a los ruidos molestos. Algunos tips pueden oficiar de apócrifo reglamento: no hay micrófonos, el volumen más alto de expresión es el de la propia voz; la tertulia es adentro, no afuera, en el patio de la casa no en la vereda; y a determinada hora no da ni para aplaudir, cualquier manifestación de cariño hacia los artistas es suficiente.

La noche en referencia terminó con los aplausos reemplazados por chasquidos de dedos que hacían del final de las expresiones artísticas una extraña y risueña experiencia de reconocimiento.

Un bálsamo. Al clima de placidez y simpleza se suma el de la descontractura que genera la libertad y la igualdad entre quienes expondrán su trabajo y quienes no. Aquí no hay comentarios ni crítica, y sí "la licencia de hacer cualquier cosa", como afirma Ricart.

Es de noche y todos reconocen que hay que alimentar el alma, pero también el cuerpo. No hay limitaciones sobre comidas y bebidas, cualquiera puede llevar su vianda y compartirla, o hacerse allí de alguna empanada y una cerveza. Además, hay quienes quieren en formato de miniferias exhibir sus productos o artesanías. Así, con temperaturas poco amigables y bolsillos flacos, el patio de una casona del macrocentro se convierte en un bálsamo de aire fresco, artes y amistad. Que se repita.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario