Escenario

Susana Giménez, una diva al natural con dominio absoluto del escenario

La actriz y conductora volvió al teatro con la obra "Piel de Judas" después de más de dos décadas con una comedia en la que muestra todo su carisma y su gracia intactos.

Lunes 23 de Marzo de 2015

Y un día Susana Giménez volvió al teatro. Veinticuatro años después de su último protagónico arriba de las tablas en "La inhundible Molly Brown", la diva decidió dar un paso al costado de la televisión y volcar su energía avasallante en "Piel de Judas", en el Lola Membrives de la calle Corrientes. Con un elenco conformado por Antonio Grimau, Mónica Antonópulos, Alberto Fernández de Rosa, David Masajnik, Goly Turilli, Marcelo Serre y dirigido por Arturo Puig, Susana brilla en su rol de comediante.

Escrita por los franceses Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy, "Piel de Judas" cuenta la historia de Marion (Susana), una mujer inteligente y graciosa, que al ser engañada por su marido Alexis (Grimau) estalla en celos. El matrimonio transcurre sus días en la campiña francesa, él es un famoso violinista y ella una esposa absolutamente dedicada a la carrera de su marido. Es su manager, su ama de casa, su compañera de vida y hasta la cómplice de sus infidelidades, ya que ella sabe muy bien que Alexis siente debilidad por las chicas más jóvenes. Pero un día la rutina se rompe cuando Nicole, una periodista vulnerable (Antonópulos), llega a la mansión de los Bruker para hacer una entrevista sobre las mujeres que viven para sus maridos.

El personaje de Marion le calza perfecto a Susana, que se siente como pez en el agua. Ella atrae todas las miradas que esperan ver a la Su de la tele. El público busca los gestos de la persona y no del personaje, por eso es tan festejado cuando escucha a Su hablar de los "soretitos del perro" o insultar espontáneamente.

Y si bien Susana es la antítesis de Marion -una mujer sin vida propia que vive por y para su marido- los rasgos de personalidad son similares a los de la diva: divertida, inteligente, locuaz y con una tenacidad inquebrantable. Incluso cuando Su comete algún desliz, la gente aplaude marcando así la complicidad que genera el rito teatral.

Susana pone al descubierto su carisma inagotable legitimado por los miles de fans que aplauden efusivos en cada escena, ríen con sus muletillas -como su "mm-mm-mm" al marcar el teléfono- y preparan sus celulares y cámaras para tomarle una fotografía en el saludo final.

La diva realiza cuatro cambios de vestuario, diseñado por Marcela Amado. Entra en escena con un conjunto rosado, más tarde luce un vestido a lunares al cuerpo, brilla con otro de lentejuelas rojo y muestra su perfil más sobrio con uno de color negro.

Dueña de una concentración aguda, Susana marca el ritmo de cada escena, camina el escenario, se muestra natural y segura, con un formidable sentido del humor. Así, en el escenario conviven la diva de los teléfonos, la femme fatal de "Shock!" (la mítica publicidad del jabón Cadum) y la naturalidad que la convirtió en un ícono.

La puesta es fastuosa. Posee una escenografía giratoria diseñada por Alberto Negrín -responsable del diseño escenográfico de la mayoría de los éxitos porteños- que sitúa la acción en tres espacios diferentes: el interior de la mansión, la galería en el frente del hogar y el exterior, con grandes balcones, rodeado por un bosque.

El trabajo de Negrín sorprende con sus detalles y transmite la idea de una casa lujosa y cálida a la vez, con una escalera imponente con barandas doradas, estatuas, rosales que trepan por las paredes, palomas posadas en los marcos de las puertas y ventanales que se abren al entorno, con árboles altísimos y pasto que se extiende hasta la primera fila de butacas.

"Gracias, los amo", dice Susana en el saludo final, mientras se sumerge en una ovación con el público de pie. Pero el fervor continúa a la salida del teatro, cuando saluda a quienes la esperaron en la puerta del Lola Membrives, a los que salieron de la función y a otros fans que justo pasaban por calle Corrientes y se sumaron a la espera.

Queda claro que a sus 71 años moviliza multitudes y nadie se quiere perder la posibilidad de estar cerca suyo y de su sonrisa luminosa, y de ver cuán "flaquita" está, como ella misma lo dice. Susana es sin dudas un ícono popular: carismática, divertida, natural y excéntrica. Como ella misma cantaba en la apertura de su programa: "ni una diva total, ni una mujer fatal". Es Susana, es siempre igual.

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