Escenario

"Soy un aventurero de la vida"

Su discurso es un tornado que arrasa todo aquello que tenga alrededor. Su presencia es un imán que atrae la atención de todo el que esté presente. Es genuino, cálido, no tiene un discurso...

Viernes 24 de Agosto de 2012

Su discurso es un tornado que arrasa todo aquello que tenga alrededor. Su presencia es un imán que atrae la atención de todo el que esté presente. Es genuino, cálido, no tiene un discurso armado, ni pretende esconder nada. Fernando Ruiz Díaz está feliz con su futura paternidad. "Prefiero que sea nena, porque las mujeres van a salvar el mundo", asegura en una charla con Escenario, antes de lo que será la presentación oficial de "El mezcal y la cobra", el séptimo disco de Catupecu Machu, hoy a las 22 en salón Metropolitano. La inagotable energía de Ruiz Díaz al volante.

—Está demás decir que en la vida sos un torbellino, como arriba del escenario...

—Yo fui quilombero toda mi vida, soy un aventurero. Hice lo que quise siempre. Probé todas las drogas hasta los 18 años y todas me gustaron y no agarré nada, y menos mal...a los 24 empecé con Catupecu.

—Estás viviendo un momento particular, vas a ser padre dentro de unos meses...

—Conocí a mi novia y me partió el bocho. Las personas muchas veces piensan que es mejor cuando te conocés mucho con la otra persona antes de decidir tener un hijo, y si eso fuera tan real para una pareja, todas las personas seguirían estando juntas. Siempre viví con mucha pasión.

—En "El Mezcal y la cobra" predominan los sonidos superpuestos y la intensidad propia de Catupecu, ¿cómo percibís este nuevo disco?

—Todos los discos son diferentes. Somos una banda que nos dedicamos a vivir y por eso cada momento de la vida es distinto. Mis amigos me dicen: "Fer, ¿te das cuenta lo diferente que escribís desde "Eso vive"? Lo grabamos íntegramente en nuestro estudio, el mismo donde grabamos "Dale". Tuvo un proceso particular en cuanto a la búsqueda sonora, cambiamos muchos intrumentos. Porque cada teclado, cada guitarra, cada computadora, tiene encerrado un nuevo duende. En este disco se incorporó Agustín Rocino en la batería, es un viejo amigo, había trabajado con nosotros en la pre producción de "El número imperfecto", también grabó todos los demos de Magia Veneno. Fue una grabación muy linda de 5 meses.

—¿Por qué el nombre?

—Cuando vino Alberto Moles de Popart después de la grabación del primer volúmen del disco de Los Cadillacs nos trajo una botella de un mezcal mexicano, la botella quedó en el estudio mientras grabábamos el disco, y cada vez que la miraba me producía una sensación de apertura y plenitud. En la canción "El mezcal y la cobra" si prestás atención, el reef que hacemos entre el bajo y la guitarra y lo que toca el teclado armoniza la guitarra. Estuvimos dos días seguidos buscando el sonido en el teclado...en un momento eran las cuatro de la mañana y digo "éste es el sonido", en el órgano se llamaba "shakulute", que es un instrumento que une a oriente con occidente, una locura, es el que usaba Bill en la película Kill Bill. Miré el mezcal, y escribí: "Destapar el mezcal, bebernos de a tragos el mundo, la cobra y su danza ritual, te encuentro siempre que busco". ¿Vos viste lo sensual que es una King Cobra danzando? Pero es peligrosísima. De ahí viene el título del tema y después del disco.

—¿Cómo es la situación de tu hermano?

—Gabi sigue en la recuperación muy lentamente, todos esperando que el milagro que lo tiene vivo siga. Está en silla de ruedas porque el traumatismo de cráneo fue tremendo y tuvo pérdida de masa encefálica. Él entiende todo, cuando le conté que iba a ser tio, fuimos con mi novia, se emocionó y le acarició la panza. Va al centro de rehabilitación, pero bueno, hace falta un poco más de milagro para que agarre el bajo y toque, porque no es que está dormido, está despierto, pero de ahí a que llegue a lo que era antes falta un montón.

—En su momento lo comparaste con la situación de Gustavo Cerati, con quien tenés una relación muy estrecha.

—Sí, es muy loco porque yo a veces lo voy a ver a Gustavo y le toco la guitarra. Lo ví hace poco, él está bien porque está estable y tiene una familia que lo acompaña y sigue peleando por lo suyo. Muchos piensan que está dormido, pero no, tiene reacciones, a veces abre los ojos. Para los orientales, tanto lo de Gabi como lo de Gustavo es lo mismo: a ambos les explotó el bocho, a Gabi desde afuera, a Gustavo desde adentro. Porque son personas que siempre vivieron al mango, con ansias de vivir y en la búsqueda, y hay momentos en los que el cerebro no te alcanza para guardar tanta información. Esa es mi interpretación poética, no soy médico para definir, pero sí hay una analogía por el tipo de personas que son. Yo he estado con Gustavo tocando, y se puso a llorar o movía la boca, como Gabi.

—¿Se puso a llorar?

—Sí sí, es difícil explicarlo si no tenés un familiar al que le pasó algo así, técnicamente uno lo ve y dice este tipo está dormido, y no. Duerme cuando duerme, y le tocás una canción y se emociona.

—O sea están concientes de su situación y no pensás que es un sufrimiento para ellos?

—Mirá, mi hermano es un tipo que nunca estuvo más de dos minutos en un lugar donde no quería estar, Gustavo también es parecido a él. Cuando lo aspiran, jamás se negó, porque entiende que se lo tienen que hacer. Por eso, si mi hermano se quisiera morir, se muere ahora mismo. Con mi hermano y con Gustavo todos queremos que vuelvan a tocar. Son dos guerreros, no sé si entenderemos en esta vida lo que ellos están guerreando.

—O en un momento lo contarán ellos...

—Ojalá. Pensemos en positivo y esa energía les va a llegar.

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