Escenario

"Soy como un Ave Fénix que se la pasa reviviendo todo el tiempo"

Después de hacer carrera en Hollywood y ganar un Oscar, el escenógrafo cordobés y prestigioso director de arte Eugenio Zanetti acaba de debutar como director de cine con "Amapola", que...

Viernes 06 de Junio de 2014

Después de hacer carrera en Hollywood y ganar un Oscar, el escenógrafo cordobés y prestigioso director de arte Eugenio Zanetti acaba de debutar como director de cine con "Amapola", que desde ayer está en cartel en Rosario. La película es una mezcla de historia de amor y cuento de hadas, y está protagonizada por un importante elenco que incluye a Camille Belle, Geraldine Chaplin, Juan Acosta, Lito Cruz y Leonor Benedetto.

La historia arranca a mediados de la década del 60. Amapola es una joven y hermosa mujer, hija de cantantes de ópera retirados, que regentean un enorme hotel en una isla, y donde los dueños de casa organizan todos los años una versión libre de "Sueños de una noche de verano", en la que participan toda la familia y sus empleados. En medio de intrigas palaciegas, Amapola conoce el amor, y aquella historia que comenzó con la muerte de Evita y saltó a 1966, el mismo día del golpe militar, pega otro salto a 1982, un futuro desdibujado por el fracaso y la miseria que la protagonista intentará modificar viajando por el tiempo.

"En la película los personajes se están cambiando de ropa, de la suya a la de los personajes de Shakespeare, es decir que están vestidos a medias, y es bastante sexy. Vivimos todos en medio de una charada, y ese uno de los niveles de mi relato", asegura Zanetti, el referirse a esta especie de puzzle gigante.

El artista múltiple, ahora director de cine, recuerda que en su película seguramente aparecen los referentes de otras películas que lo marcaron a fuego en su infancia y juventud, como "La bella y la bestia", de Jean Cocteau; "Las zapatillas rojas" o, más cerca en el tiempo, "Fanny y Alexander", de Ingmar Bergman.

El filme es como un cuento de hadas, con mucha brillantina, imágenes con lentes con bordes envaselinados, luces que se filtran, claroscuros sacados de la pintura, vestuario cuidado hasta el mínimo detalle y música acorde a la espectacularidad de Emilio Kauderer, que incluye el tema "Amapola", de José María Lacalle, aquel de "Lindísima Amapola".

Zanetti eligió escenografías reales imponentes para su debut como director: los exteriores del Tigre Hotel, ahora Museo del Tigre; interiores de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, la ciudad de La Plata, un lago en Pilar y también los estudios de Argentina Sono Film.

"En mi película hay muchos homenajes, de los que algún día haré una lista. Algunos son imperceptibles, y los otros se sienten como naturales, nunca forzados", dice en referencia al más claro de todos, el de Juan Acosta a Pepe Arias, al componer a una suerte de mayordomo que protagoniza un par de situaciones con mucho humor.

"Hay cosas que me marcaron fuerte en mi vida. La primera cuando era un niño, la muerte de Eva Perón, que cambió las vidas de nuestras familias. Y en el 66, cuando cayó Illia, yo tenía 20 años, y hubo represión cultural, vendí mis cuadros y me fui a Europa, donde hasta trabajé con Pasolini", recordó. "En los años 70 estuve acá, se murió mi padre, trabajé mucho en cine, en TV y en teatro. Con el tema Malvinas de nuevo volvió aquella locura y como tenía una posibilidad de trabajo en EEUU me fui para allá. Y en este tercer acto estoy volviendo, con la chance de hacer trabajos más personales", contó el director.

"Florezco tarde", reconoció el artista que como escenógrafo teatral es recordado por puestas como la de "Drácula", dirigida por Sergio Renán, o como director de arte en el cine internacional por obras como "El último gran héroe" o "Restauración", por la que fue consagrado con el Oscar. Zanetti aseguró que trabajar en el cine de Hollywood es un buen entrenamiento, pero también dijo lo mismo del cine argentino. "Soy un buen hijo de inmigrantes y me las he arreglado para convertirme en parte del paisaje. Cuando llegué a EEUU tenía 40 años y hacía 20 que trabajaba. Reconozco que eso era bueno porque tenía un oficio, y dicen que los intelectuales son los únicos que no tienen un oficio, así que no debo serlo", dijo entre risas.

Hacer una película era un viejo sueño del famoso escenógrafo, pero no fue un camino fácil. "En los últimos siete años escribí cuatro guiones y fui director de arte. También invertí dos años en una película, «Arbol de fuego», que no se hizo porque el productor se fue con el dinero. Soy como un Ave Fénix que se la pasa reviviendo todo el tiempo", aseguró.


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